Una banca capaz de financiar la economía incluso si la crisis se alarga

A día de hoy, la banca española cuenta con músculo suficiente para hacer frente a un repunte razonable de la tasa de morosidad

La banca ha empezado 2021 con un ligero repunte de la tasa de morosidad, que en enero fue del 4,54%, aunque todavía se mantiene por debajo del nivel alcanzado hace un año, antes del estallido de la pandemia. El aumento de la ratio de morosidad, según los datos provisionales del Banco de España, se produce en un entorno de caída del crédito total concedido a empresas y particulares –lo que constituye un signo más de la escasa vitalidad de la economía– y a pesar del leve descenso del agregado de préstamos dudosos. Las cifras llegan cuando la mayor parte de los organismos internacionales y servicios de estudios advierten de que durante este ejercicio y el siguiente aflorará el grueso de la mora relacionada con la crisis económica fruto de la lucha contra el Covid-19. Será la consecuencia lógica del vencimiento de buena parte de los créditos y las ayudas concedidos para sobrevivir a la pandemia, especialmente en el caso de las empresas. Las medidas paliativas impuestas por el Gobierno han mantenido hasta ahora bajo control la mora en una suerte de calma artificial que, inevitablemente, antes o después, romperá en una cascada de impagos.

A día de hoy, la banca española cuenta con músculo suficiente para hacer frente a un repunte razonable de la tasa de morosidad. Los datos apuntan, según la consultora A&M, a que el esfuerzo que ha realizado el sector en materia de provisiones –por valor de 10.000 millones de euros– proporciona holgura suficiente como para soportar un aumento de impago de obligaciones del hasta el 7%, es decir, 30.000 millones más. El sector financiero, curtido suficientemente en la última gran crisis económica, ha hecho los deberes a conciencia en esta ocasión, hasta el punto de triplicar prácticamente el coste del riesgo durante la pandemia.

Pese a ese esfuerzo innegable, y que demuestra hasta qué punto la banca ha aprendido de los desequilibrios del pasado, lo peor de la crisis en términos de impagos está todavía por venir, y los interrogantes sobre la duración de este invierno económico añaden un plus de incertidumbre a los retos del sector. El Banco de España, que ha alabado el ejercicio de aprovisionamiento de las entidades en 2020, ha advertido también de que la carrera de fondo no ha terminado y es necesario seguir engordando el escudo protector de los balances en prevención de que la crisis se alargue más de lo previsto.

La banca puede presumir de que en esta crisis no solo no ha sido el problema, sino que se ha convertido en parte de la solución. Precisamente por ello, es imprescindible garantizar que en cualquiera de los posibles escenarios, incluso en el más negativo, el sector pueda seguir realizando su labor natural: bombear crédito a la economía para hacer posible la recuperación.