'El dilema' y los secretos empresariales

Los informes sobre los efectos que la nicotina produce en los consumidores pueden ser considerados como un secreto empresarial

'El dilema' y los secretos empresariales

Michael Mann ha sido uno de los directores estadounidenses más influyentes de las últimas décadas. Dirigió entre la década de los 90 y principios del 2000 algunos de los thrillers clásicos que han inspirado películas en el siglo XXI y se han convertido en referentes para la siguiente generación de cineastas: desde la fantástica Heat, a Collateral o Enemigos públicos.

En el año 1999 Mann se aparta del thriller de acción y dirige El Dilema (The insider) donde toma la historia de Jeffrey Wigand, al que da vida Russel Crowe, un científico que trabaja como responsable de investigación y desarrollo de la multinacional tabaquera Brown & Williamson, y que se niega a aprobar un informe que indica que la nicotina no es adictiva y es despedido por ello de la multinacional. Ante las presiones del productor televisivo Lowell Bergman, interpretado por Al Pacino, decide finalmente intervenir en el programa “60 segundos” para denunciar las malas prácticas de la compañía tabaquera para la que trabaja, pese a las amenazas de ésta para que no lo haga al amparo de su acuerdo de confidencialidad. No obstante, cuando finalmente científico y periodista consiguen realizar la entrevista, la cadena CBS decide no emitir el programa, a fin de no enemistarse con la tabaquera y perder ingresos publicitarios, y Bergman ve comprometida su palabra comenzando una lucha para lograr que la emisión vea la luz.

La película se desarrolla como un thriller gracias al montaje y la puesta en escena, muy esteticista y formal. El director modula la tensión según avanza el filme y de acuerdo con el nivel de presión que van sufriendo los personajes conforme van adoptando decisiones y enfrentándose a sus respectivas compañías (tabaquera y productora de televisión). Pero se trata de un thriller atípico -no hay acción en la película- donde el peligro está latente o es meramente sugerido, y donde se aprecia de manera frontal el miedo que pueden llegar a inducir esos poderes ocultos identificados con las grandes corporaciones que velan por sus intereses acudiendo a chantajes o amenazas veladas.

Las interpretaciones de los dos protagonistas, secundados también por Christopher Plummer, son magnificas. Los diálogos refuerzan la química que se establece entre los dos personajes principales, haciéndolos igual de interesantes a ambos en sus distintas trayectorias, que confluyen en el proyecto común de sacar a la luz las malas prácticas de la multinacional tabaquera, pero ahonda también en los efectos devastadores que van a tener sus decisiones en el ámbito familiar y profesional.

En la película El Dilema los informes que la empresa tabaquera Brown & Williamson tiene sobre los efectos que la nicotina produce en los consumidores de tabaco, y que Wigand pretende revelar pueden ser considerados como un secreto empresarial de acuerdo con la ley 1/2019, de 20 de febrero, de Secretos Empresariales.

La citada ley define como secreto empresarial cualquier información o conocimiento, incluido el tecnológico, científico, industrial, comercial, organizativo o financiero que sea secreto, en el sentido de que no es generalmente conocido por las personas pertenecientes a los círculos en que normalmente se utilice tipo de información o conocimiento en cuestión, que tenga un valor empresarial, ya sea real o potencial, precisamente por ser secreto y que haya sido objeto de medidas razonables por parte de su titular para mantenerlo en secreto.

Los datos que el científico revela en el filme tienen dichas condiciones para ser considerado secreto empresarial y la ley sanciona conductas tales como la obtención ilícita de secretos empresariales, la utilización o revelación directa de secretos empresariales, que sería el caso de las declaraciones de Wigand en la película, la obtención, utilización o revelación indirecta, y la producción o comercialización de productos que conllevan utilización ilícita de secretos empresariales.

Para la protección de los secretos empresariales las compañías adoptan los denominados Programas de Protección Empresarial de Secretos Comerciales, que deben estructurarse alrededor del desarrollo de un protocolo de seguridad escrito sobre los secretos empresariales, la formación y especialización del personal que ha de proteger dichos secretos, los sistemas que garantizan dicha seguridad y la definición y establecimiento de limitaciones y restricciones a las comunicaciones empresariales relacionadas con dichos secretos. Habitualmente incluyen también restricciones de acceso a dicha información, y el desarrollo de una política que permita establecer distintos niveles de protección, además de la implantación y puesta en funcionamiento de canales de denuncia que ayuden a la detección de las infracciones en esta materia.

Por último, todo lo anterior suele adaptarse siempre a la estructura de cada compañía, así como a sus operaciones y a sus flujos de información y documentación, lo que facilitará una mejor protección de los secretos empresariales en el seno de la empresa.

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