La obsesión del capital riesgo por el crecimiento puede pasarle factura

Las compañías tienen cada vez más dinero para invertir, pero el número de objetivos es cada vez menor

Stephen Schwarzman, fundador y consejero delegado de Blackstone.
Stephen Schwarzman, fundador y consejero delegado de Blackstone.

Es posible que los magnates de las adquisiciones ya no sean esos recortadores de costes codiciosos de la imaginación popular. Según el estudio anual de capital riesgo de la consultora Bain & Co, publicado ayer, el sector tiene puestas sus esperanzas en aumentar sus ingresos para justificar unas valoraciones elevadas. Esta imagen más amable puede generar una rentabilidad más baja.

Los gigantes del capital riesgo como Steve Schwarzman de Blackstone y Henry Kravis de KKR desembolsaron 592.000 millones de dólares en 2020, o un 7% más que la media anual de los cinco últimos años. Las valoraciones también resistieron la pandemia. El acuerdo medio en Estados Unidos se cerró casi a un récord de 11,4 veces el valor empresarial con respecto al múltiplo del Ebitda, mientras que en Europa, llegó al máximo histórico de 12,6 veces. Y dado que el 65% de los acuerdos se realizaron en sectores que resisten los confinamientos, como el tecnológico, es poco probable que los múltiplos elevados reflejen la caída del Ebitda por la crisis.

¿Cómo pueden ganar dinero Schwarzman y compañía con unos precios tan altos? La respuesta, cada vez más, es el crecimiento. El análisis de Bain muestra que lo que impulsa la rentabilidad del capital riesgo principalmente es el incremento de los ingresos y la venta de empresas con una valoración más elevada que cuando se adquirieron. Y como es poco probable que esta última táctica, conocida como expansión múltiple, funcione con los altos precios de adquisición actuales, todo dependerá del aumento de las ventas.

Tiene sentido dejar de recortar costes. La proporción de adquisiciones secundarias, o de empresas que ya han pasado por las manos del capital riesgo, sube, lo que significa que hay menos costes que reducir. Y las compañías que cotizan en Bolsa, con la ayuda de los activistas, mantienen un control del gasto más estricto.

Sin embargo, la dependencia del crecimiento hace que sea más difícil justificar los precios elevados. Una empresa de adquisiciones que se hace con una empresa por 12,6 veces el Ebitda, y la vende cinco años después al mismo múltiplo sin mejorar la rentabilidad, necesitaría que los ingresos creciesen un 8% al año para llegar a la tasa de rentabilidad interna del 20% que buscan generalmente los grupos de capital riesgo. Eso, según los cálculos de Breakingviews, que suponen que el apalancamiento es de 7 veces el Ebitda, con un coste del interés anual del 5%.

Pocas empresas aumentan de manera constante sus ingresos tan rápido. Las previsiones de crecimiento anual medio en los tres próximos años para las empresas de los índices FTSE 100 y S&P 500 son de solo el 5,6%, según muestran los datos de Refinitiv. Menos de una tercera parte del grupo superará el 8%. Mientras tanto, los fondos de adquisiciones disponen aproximadamente de un billón de dólares para gastar, calcula Bain, lo que significa que hay más capital, pero que el número de objetivos es cada vez menor. La obsesión del capital riesgo por el crecimiento puede provocar una disminución de las ganancias.