Economía

Dorothea Schmidt-Klau: "Nos espera un futuro muy incierto en el empleo"

La economista del Departamento de Empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) esboza algunas de las claves del futuro del mundo laboral

Dorothea Schmidt-Klau: "Nos espera un futuro muy incierto en el empleo"

El devenir del mercado laboral será una de las claves para entender nuestro futuro. Sometido a presiones ya antes de la llegada del virus, la pandemia ha supuesto una nueva vuelta de tuerca. Dorothea Schmidt-Klau, economista del Departamento de Empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), esboza algunas de las claves para los próximos años. El futuro del trabajo está en juego.

El mundo laboral al igual que en muchas otras facetas, en cada país funciona de forma diferente. A priori se me ocurre una distinción entre países que se encuentran rondando un pleno empleo y aquellos que llevan rezagados ya varios años, con un desempleo estructural elevado. La respuesta a la pregunta es extremadamente compleja y difícil de recoger en un poco de espacio, pero, ¿a qué se puede deber sobre todo esta diferencia? ¿Por qué algunos países rozan el pleno empleo y otros están completamente estancados? ¿Qué comparten en común los países estancados?

Las diferencias pueden explicarse por muchas razones. Me voy a centrar en cuatro. Primero, diferencias en el punto de partida. Cuanto peor es la situación al principio de un posible proceso de recuperación, más difícil es iniciarlo. Por eso, en la crisis actual es tan importante que los gobiernos sigan apoyando el empleo y las empresas y sigan interviniendo en la economía. En los años 2008-2009, los que se detuvieron demasiado pronto tras la crisis financiera fueron los que no se recuperaron rápidamente. Segundo, diferencias en el diseño y la aplicación de las políticas de empleo. Estas políticas establecen el marco para lograr altas tasas de empleo y de trabajo digno. Si están bien diseñadas y se aplican con seriedad, son una condición previa para el buen funcionamiento de unos mercados laborales inclusivos, es decir que realmente incluyen a todos los trabajadores. Como tercer punto, subrayaría las diferencia en las políticas de protección social. Los mercados de trabajo son mucho más flexibles si las personas están bien protegidas entre un empleo y otro. Esto les permite buscar mejores empleos, trabajar en la economía formal y aprovechar los periodos en los que están en activo para reciclarse y actualizar sus conocimientos. Todo ello repercute positivamente en su productividad y, por tanto, en las empresas y las economías en su conjunto. Y en cuarto lugar, añadiría las diferencias en el funcionamiento de las instituciones del mercado de trabajo, esto es: servicios públicos de empleo, instituciones de diálogo social, normativas sobre salarios mínimos, etc. Unas instituciones bien diseñadas contribuyen a una mejor recuperación y a mantener altos niveles de empleo.

En España se lleva soñando mucho tiempo con un cambio en el tejido productivo. El giro hacia la nueva economía verde promete generar empleo, pero, ¿Cuánto empleo se puede generar auténticamente gracias a la descarbonización de la economía?

No sabemos con certeza cuántos puestos de trabajo pueden crearse, pero tenemos varias estimaciones que son bastante alentadoras. Mencionaré dos en particular. El informe de la OIT Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo (WESO 2018) evaluó el impacto potencial de la aplicación del Acuerdo de París sobre el cambio climático (con un objetivo de 2 grados), el número y los tipos de puestos de trabajo, teniendo en cuenta los vínculos económicos entre las industrias. El informe se centró en el sector de la energía como motor clave de la transformación ecológica debido a sus impactos nacionales y transfronterizos. La OIT consideró entonces que la actuación en este sector crearía unos 24 millones de empleos a nivel mundial, siendo los más altos en la construcción, y la fabricación de maquinaria eléctrica. Dado que también se incluía una destrucción de empleo, estimada en más de 6 millones de puestos de trabajo, concentrada en la extracción y refinado de petróleo y la minería del carbón, nos salía, de aquí a 2030, un saldo neto de 18 millones de puestos de trabajo creados. Un estudio más reciente realizado por la OIT y la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas indica que la “ecologización” del sector del transporte en la recuperación posterior a la crisis de la COVID-19 podría crear hasta 15 millones de puestos de trabajo en todo el mundo para 2030. Esto repito, son estimaciones que dependen de muchos factores, pero apostar por una economía verde puede generar gran cantidad de empleo.

No sé si será una tendencia generalizada o solo de España. Pero dentro del país hay dos realidades laborales completamente diferenciadas. Una clase de trabajadores con una larga trayectoria en su puesto, con un despido más caro y mejores condiciones y por el otro lado, unos trabajadores, generalmente jóvenes, que encadenan contrato temporal tras contrato temporal. ¿Sucede esta dualidad en otras partes del planeta? ¿Vamos a ver aún una mayor diferenciación de clases con una ampliada división entre “privilegiados” y “no privilegiados” en el futuro?

Esta dualidad se observa en la gran mayoría de los países, tanto en las economías desarrolladas como en las economías en desarrollo, y es una de las grandes preocupaciones relacionadas con el futuro del trabajo. Estas desigualdades pueden aumentar aún más, en parte debido a la crisis de la COVID-19. Todos los grupos que estaban en desventaja antes de la pandemia han sufrido más la crisis que otros grupos. Esto incluye sobre todo a las mujeres, los jóvenes, los ancianos, las personas con discapacidad, los trabajadores inmigrantes y los trabajadores poco cualificados. Sabemos, por otras crisis, que estos grupos serán los últimos en beneficiarse del crecimiento económico una vez que éste se recupere. Así que, como primer paso, tenemos que asegurarnos de que estas personas no se queden atrás y que las medidas políticas se dirijan a ellas específicamente. Que estos mercados laborales duales sean la realidad futura depende realmente de nosotros. Hay muchos ejemplos en los que las políticas adecuadas han permitido la inclusión de grupos desfavorecidos. Además, la tecnología, que en cierta medida es el origen de las crecientes desigualdades, también puede utilizarse de forma positiva para crear empleos decentes para muchas personas. La capacitación, la recualificación y el perfeccionamiento de las personas es fundamental en este proceso, a fin de garantizar una mayor inclusión y una mayor igualdad.

Una de las posibles respuestas al desempleo es el autoempleo, ¿cómo de viable es aplicarlo de forma masiva?

El autoempleo incluye un conjunto muy amplio de actividades económicas, que van desde el autoempleo en la economía informal (sin protección social, trabajadores sin voz en el trabajo, salarios bajos, etc.) hasta las oportunidades de autoempleo altamente cualificado en la economía formal para personas con estudios y con grandes oportunidades de obtener beneficios. Este último tipo de autoempleo puede contribuir a paliar algunos desequilibrios del mercado laboral pero no puede ser la única vía. En muchas políticas de empleo, la creación de empleo por cuenta propia se promueve como la solución mágica para la creación de puestos de trabajo, pero la realidad demuestra que muchos de estos empleos no son sostenibles ni están bien pagados. De momento, en la mayoría de las economías, los autónomos representan una pequeña parte de la población activa, y aunque está aumentando, no es necesariamente el "buen" tipo autoempleo el que está creciendo. Desafortunadamente, esta crisis ha demostrado que muchos autónomos son más vulnerables que los asalariados y que les resultará más difícil que a otros reincorporarse a los mercados laborales una vez que hayan perdido su actividad. El hecho de que a menudo queden fuera de los regímenes de protección social dificulta aún más la situación. Por ello, las políticas deben dirigirse también a los autónomos, además de a otros grupos vulnerables.

En vuestra opinión ¿Cómo será el empleo del futuro en los países desarrollados? ¿Y en los que están en vías de desarrollo?

Nuevas fuerzas están transformando el mundo del trabajo. Esto crea desafíos urgentes y profundos desequilibrios en los mercados laborales. Los avances tecnológicos -inteligencia artificial, automatización y robótica- crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes pierdan su empleo en esta transición es posible que sean los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades laborales. Las competencias de hoy no se ajustarán a los empleos de mañana y las competencias recién adquiridas pueden quedar rápidamente obsoletas. Si se deja que siga su curso actual, es probable que la economía digital amplíe las diferencias regionales y de género. Y los sitios web de crowdworking y el trabajo en plataformas digitales podrían recrear las prácticas laborales del siglo XIX propiciando la figura de "jornaleros digitales". La transición hacia un futuro laboral respetuoso con el medioambiente y que busque frenar el cambio climático alterará aún más los mercados laborales, creando empleo pero también destruyéndolo. A nivel mundial, el aumento de la población joven en algunas regiones agravará el desempleo juvenil y las presiones migratorias. En otras, el envejecimiento de la población supondrá una presión adicional sobre los sistemas de seguridad social y de asistencia. En suma, nos espera un futuro muy incierto. 

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