El voto por internet, una asignatura ineludible

El miedo al contagio ha provocado que las solicitudes para votar por correo en Cataluña se hayan disparado un 350%

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos situaron en el centro de la actualidad el eterno debate sobre la fiabilidad y eficacia del voto por correo. Votar a través de los servicios postales estatales es lento y engorroso. Se trata de una modalidad que tanto en España como en muchos otros países no tiene buena prensa debido a los tediosos obstáculos burocráticos que se encuentran los expatriados para ejercer su máximo derecho democrático.

A este factor se le suma la actual crisis sanitaria, que aumenta las dificultades que tenemos los ciudadanos a la hora de votar. Nuestro deber/derecho democrático llama a la puerta cada vez más a menudo, con menos antelación y con la Covid-19 agitando aún más la incertidumbre propia que traen consigo unos comicios, cualesquiera que sean. El próximo, la cita electoral de los catalanes de este domingo. El miedo al contagio ha provocado que las solicitudes presentadas de voto por correo supongan un aumento del 350% en relación con las últimas elecciones al Parlamento de Cataluña. ¿Pero se fían los catalanes de que su voto llegue a la urna?

En el caso de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la situación creada por un recuento larguísimo causó perplejidad en todo el mundo: ¿cómo en plena era digital aún no se han tomado medidas acordes a nuestro tiempo? Casi 100 millones de personas votaron por correo, o lo que es lo mismo, más del doble de la población total de España. Una avalancha de papeletas que hizo resurgir multitud de incógnitas: ¿Ha llegado mi voto a su destino? ¿Cómo puedo verificar que mi papeleta ha entrado en la urna? Hasta el momento, deberemos conformarnos con el término confianza, porque cuando se emite un voto por correo tradicional, el ciudadano desconoce totalmente si ha llegado al destino, si este se ha perdido por el camino o si no ha sido posible contabilizarse. De hecho, en elecciones celebradas durante estos últimos años, algunas embajadas españolas en el extranjero han llegado a admitir que no podían garantizar al 100% el voto por correo de los residentes en su territorio.

En definitiva, el rastreo del voto postal es muy difícil y, además, ha quedado patente la lentitud del recuento y su poca eficacia, puesto que Estados Unidos, una de las primeras potencias mundiales, necesitó varios días hasta poder anunciar su nuevo presidente.

Llegados a este punto, es inevitable preguntarse hasta cuándo vamos a presenciar este tipo de situaciones teniendo a nuestro alcance la tecnología adecuada para digitalizar los procesos de voto remoto e implantar definitivamente el voto por internet. Tan solo necesitamos consenso político para reformar las leyes electorales. Y esto sucede a pesar de que en 2010 la Junta Electoral Central aconsejara implantar el sistema de voto electrónico para algunos supuestos y que en 2016 el Parlamento Europeo solicitara al Gobierno la revisión de sus procedimientos para que los ciudadanos españoles residentes en el extranjero pudieran ejercer el derecho al voto. En plena pandemia, seguimos sin avanzar.

Con las herramientas adecuadas, la tecnología electoral puede ofrecer una mayor seguridad que muchos de los métodos tradicionales. Además, cuenta con multitud de ventajas que las Administraciones públicas deberían valorar muy positivamente. Para el ciudadano, el voto por internet es sinónimo de mayor movilidad y comodidad, ya que permite votar desde cualquier lugar y mediante cualquier dispositivo con conexión a internet. Asimismo, este sistema facilita una mayor integración de ciertos colectivos como, por ejemplo, algunas personas con discapacidad, ya que podrían votar de forma totalmente independiente, sin ayuda de terceros. También previene errores involuntarios de voto como, por ejemplo, seleccionar menos opciones de las necesarias o más de las posibles.

En cuanto a los gobiernos, disponen de una herramienta más para fomentar una mayor participación, una mayor eficiencia del proceso electoral al facilitar la logística y agilizar la publicación de resultados y, finalmente, una eficiencia económica importante al eliminar los costes relacionados con el voto en papel y postal.

Esta reducción de gastos también se traduce en un menor impacto medioambiental y se erige como una herramienta aliada en la transición ecológica que tanto demanda el planeta. La cantidad de papel que se usa en cualquier elección es absolutamente innecesaria con el voto por internet, propiciando además la reducción de talla de árboles y de emisiones de CO2. Del mismo modo, es importante recordar que la apertura de colegios electorales también es sinónimo de consumo de luz, agua, calefacción o aire acondicionado, así como una movilización de los ciudadanos a los centros electorales, los cuales algunos acuden en transporte privado como el coche. Evidentemente que es imprescindible garantizar la seguridad del voto por internet. Se trabaja para garantizar que esa seguridad sea infranqueable y que el votante puede estar absolutamente tranquilo de que el sentido de su voto será respetado. De hecho, las sofisticadas salvaguardas que incluyen los sistemas de voto por internet proporcionan con creces mayor seguridad y transparencia que los sistemas de correo postal.

En resumen, contamos con una tecnología madura que ya está funcionando en otros países. Cada vez más Estados han cambiado los procesos legislativos pertinentes y están apoyando este sistema, algo por lo que España debería apostar más pronto que tarde para incrementar los índices de participación y ofrecer una solución real a los miles de personas que en cada proceso electoral se quedan sin ejercer su derecho al voto debido a problemas recurrentes y fácilmente subsanables.

El tren está pasando y aún no nos hemos subido en él. El voto por internet se ha convertido en una asignatura ya ineludible que no puede retrasarse más. 

Ben Fagg es vicepresidente de Preventa de Scytl