Anatomía de un Gobierno en dos entrevistas

Pablo Iglesias se presenta como el líder de la oposición; mientras que Iván Redondo, el ‘alter ego’ de Sánchez, confiesa sin rubor que es de donde le dan de comer

El vicepresidente del Gobierno y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias
El vicepresidente del Gobierno y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias Europa Press

El domingo pasado salieron dos entrevistas a sendos pilares del Gobierno de Pedro Sánchez: el vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias, y el director del gabinete de la Presidencia, Iván Redondo, que acumula más funciones que los cuatro ministros de Podemos, aunque le falta el dedo índice de 35 diputados.

Ambos entrevistados decidieron saltar al terreno de juego en campo amigo. Iglesias, en La Sexta, la cadena más roja, y, Redondo en el Diario Vasco, el periódico de su pueblo, de San Sebastián. Eso sí, el primero en prime time y dar la nota; el segundo, en la periferia, donde le dan portada y tres páginas, y seguramente con el modesto objetivo de que familia y amigos se sientan orgullosos de lo lejos que ha llegado y lo listo que es.

Las dos entrevistas están íntimamente conectadas, y no solo porque en ambas hablen el uno del otro en un tono tan elogioso como siciliano. Son dos amantes de la política y de la politología, con planteamientos diferentes. Iglesias es una máquina de tacticismo, la velocidad no le permite estrategias, con el único objetivo de alcanzar el máximo poder y desplegar su ideología. Redondo vendría a ser lo contrario, no atiende a ideologías, y lo ha demostrado trabajando para líderes de PP y PSOE. En la entrevista ofrecía un titular definitivo: “Soy de donde me dan de comer”. Imposible mejorarlo.

Redondo relata su método de trabajo, como quien se ofrece para próximos servicios: medir, analizar y actuar. Justamente este camino es el que lleva a Iglesias a La Sexta. El líder de Podemos sabe que las mediciones le dan que si hubiera elecciones hoy estaría al borde de la irrelevancia, como Ciudadanos. Resulta que pronto las va a haber en Cataluña y su análisis le lleva a que allí tienen difícil diferenciarse dentro de la izquierda. ERC es más republicana que ellos; la CUP, más anarquista, y el PSC, a quien las encuestas dan como triunfador, es más españolista.

¿Qué les queda? Una mezcla tan compleja de procesar que terminó asimilando a los secesionistas fugados con los republicanos exiliados en la Guerra Civil. No es de extrañar que a muchos les resulten insoportables sus declaraciones. Seguro que a él mismo le dan arcadas al oírse. “En política hay que desconfiar siempre”, dice él. Incluso de uno mismo, habría que añadir.

El análisis de las dos entrevistas termina siendo una anatomía de este Gobierno de coalición entre los peores enemigos. El PSOE y el PP se necesitan como contrincantes y la alternancia les va bien. Sin embargo, PSOE y Podemos (PP y Vox) quieren aniquilarse por sustitución, igual que la mariposa a la oruga. Por tanto, si estamos ante seres a los que su condición les impide convivir, difícilmente pueden operar en coalición.

Iglesias, el vicepresidente segundo del Gobierno, tiene la habilidad de presentarse como socio/víctima de Pedro Sánchez y líder de la oposición, puede que hasta se lo crea. Trasladar esta idea no es una operación menor, es el camino que ha identificado para no desaparecer bajo las enormes faldas del PSOE; como le está pasando a Ciudadanos en los Gobiernos que comparte con el PP.

“Hay grandes diferencias con el PSOE, y se notan y se escenifican”. “Los grandes debates que hay hoy se producen dentro del Gobierno”. “Tenemos que presionar para sacar adelante nuestras propuestas”. Es todo un rosario de declaraciones en las que parece robarle el papel al Partido Popular, que sin duda es el líder de la oposición, y más desde la desastrosa moción de censura de Vox.

Podemos ya sabe que pinta poco en el Gobierno. Da lo mismo una pandemia que la nevada del siglo, siempre salen los ministros del PSOE, los competentes. En ocasiones contadas salta a la palestra la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que, encima, apunta más maneras socialistas que comunistas. Los otros tres (Universidades, Igualdad y Derechos Sociales) no cubican; excepto que Iglesias amenace con su mano de 35 dedos.

Eso fue lo que hizo el domingo, haciéndose la víctima de su socio, de los poderes fácticos y de los medios de comunicación. Iglesias representa a los desvalidos, y es republicano e intervencionista empresarial (quiere una eléctrica pública para fijar precios). Sánchez, monárquico y defensor de los poderosos. “Yo lo intento, pero Sánchez no quiere”. ¡Pues rompan el Gobierno! Le espeta el entrevistador. “No vamos a dar ese gusto a la derecha”. De nuevo puro tacticismo buscando papeletas en el universo de la izquierda que sigue La Sexta.

Ese juego de tronos puede resultar atractivo, pero el problema está en el análisis de fondo, en la confusión entre el país que vicepreside y la Ínsula Barataria que añora. Aseverar desde su puesto que España es “una democracia limitada por el poder que ejercen los poderes económicos y sus brazos mediáticos” es un embuste.

Su falta de tolerancia le hace ver legiones de enemigos cabalgando medios de comunicación con el fin de destruirle. Por eso no le duelen prendas en calificar de ultraderecha a cualquier medio, como hizo con 13TV, y le parece lógico que Podemos, al igual que Vox, monte medios de comunicación, recuperando la fallecida prensa de partido.

Pablo Iglesias construye un falso retrato de España y él es la prueba irrefutable. Él ha alcanzado la vicepresidencia de esta “democracia limitada” que cuenta los votos. Él es visible porque los poderosos le dejan” salir cada día en “sus” medios de comunicación. Si se creyera su relato, habría dado ya los nombres de las empresas y empresarios que le presionan. El problema está en que Pablo Iglesias ya rumia la sentencia de Iván Redondo: “La percepción de una derrota es más importante que la derrota misma”.

 Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense