La clase incorrecta de inflación ya está bajando por las vías del tren

Los precios globales de los alimentos llevan siete meses subiendo, y su media anual marca máximos de tres años

Tienda de alimentación de Buenos Aires (Argentina).
Tienda de alimentación de Buenos Aires (Argentina). reuters

En el pasado se ha culpado al tipo incorrecto de nieve de interrumpir los servicios de los trenes británicos. Para la economía global, puede que el tipo equivocado de inflación esté bajando ya por las vías.

El índice de precios de los alimentos de la FAO, de las Naciones Unidas, subió por séptimo mes consecutivo en diciembre y su promedio anual marcó un máximo de tres años. El índice abarca cereales como el trigo y el arroz, aceites vegetales, productos lácteos, carne y azúcar. Un aumento sostenido de los precios de esos productos básicos se acabará filtrando a través de los precios que pagan los consumidores por los productos básicos diarios.

Los alimentos y las bebidas representan aproximadamente el 17% de la cesta de la inflación en la zona euro y alrededor del 15% en Estados Unidos. Es mucho menos que los servicios pero más que la energía. Por lo tanto, el continuo aumento de los precios de los productos agrícolas podría, con el tiempo, impulsar la inflación general.

Los banqueros centrales, desde la jefa del BCE, Christine Lagarde, hasta el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que siempre se quedan cortos con sus objetivos de inflación, llevan tiempo deseando ver este repunte.

Pero puede resultar ser una clase de presión sobre los precios poco útil. Los más pobres de las economías desarrolladas gastan una mayor proporción de sus ingresos en lo básico. Por ejemplo, los hogares estadounidenses del quintil de ingresos más bajo gastaron el 36% de sus ingresos en alimentos en 2019, mientras que los del quintil más alto dedicaron el 8%, según las cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Ello significa que serán los más afectados por el aumento de los precios de los alimentos en un momento en el que la crisis económica del Covid-19 ya les ha perjudicado más que a muchas otras partes de la sociedad.

A nivel mundial, lo mismo ocurre con las economías emergentes, cuyas poblaciones tienden a gastar relativamente más en alimentos. Tomemos como ejemplo Nigeria, la mayor economía y el país más poblado de África, donde los alimentos representan aproximadamente la mitad del índice nacional de precios al consumidor.

Ello sería un problema menor si las economías estuvieran creciendo y los trabajadores pudieran exigir aumentos salariales más elevados para compensar el aumento de la inflación. Pero eso es una quimera cuando incluso algunas economías desarrolladas, como la británica, se enfrentan a la perspectiva de una doble recesión después de tener que imponer nuevos cierres.

A los responsables políticos que han estado rezando por el aumento de los precios puede que no les guste la clase de inflación que provocan los productos básicos agrícolas.