Las miserias que destapó Filomena

El temporal estaba avisado, pero eso no se aprovechó para organizar medios e instruir a una ciudadanía urbanita que ve en la nieve más diversión que problemas

La nevada que trajo Filomena en el centro del país saca a la luz una serie de deficiencias que alguien, en ayuntamiento, comunidad o Gobierno central, debería inventariar y que sirva de manual para la próxima gran nevada. Por si tiene alguna utilidad, aquí van algunas ideas.

1. El conocimiento sin planificación es inútil. El martes, 5 de enero, ya fue bautizada la borrasca que venía con el nombre de Filomena (la siguiente se llamará Gaetan). Ese día el Ayuntamiento de Madrid activó el Plan de Emergencias Invernales, el 6 de enero habilitó espacios para personas sin hogar y el 7 afirmó que “trabajaba para garantizar la movilidad y atender las situaciones de vulnerabilidad derivadas del mal tiempo”. Sin embargo, no se dieron instrucciones concretas a los ciudadanos, más allá de pedirles el día 8 que no sacaran la basura que los empleados de limpieza estaban dedicados a echar sal en las calles. A mediodía del día 8 empieza a nevar y no para hasta el domingo. Mientras, aunque resulte increíble, la Comunidad de Madrid no dijo nada. Reaccionó el domingo 10, con más de medio metro de nieve en la capital y buena parte de la región, para crear un grupo de trabajo entre Emergencias Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Consejería de Transportes y la DGT. Es obvio que esta comisión se debió montar antes de Reyes, con el aviso de la Aemet.

Todo lo que se sabía habría sido útil si las Administraciones hubieran planificado el cierre del tráfico por carretera desde el viernes por la tarde, no solo el Retiro. También hubiera servido para disponer de más medios, que estuvieran ya en Madrid en el momento de la nevada, como es el caso de la UME, que las cadenas de supermercados incrementaran sus stocks y que los hospitales, por ejemplo, se organizaran mejor con sus plantillas. Es fácil de imaginar la cantidad de problemas que se podrían haber evitado con unas pocas instrucciones claras a ciudadanos y empresas. Y larga vida al metro.

2. Más comunicación y menos propaganda. Los medios de comunicación están encantados de dar información de servicio a los ciudadanos, que son sus clientes. Pero además las Administraciones tienen que aprovechar las nuevas tecnologías para informar en tiempo real a sus administrados. El Ayuntamiento de Madrid tiene una aplicación para móvil (Avisos Madrid) que hubiera sido muy útil, pero está infradesarrollada. De hecho en los avisos estandarizados ni se contempla el hielo o la nieve.

Cuesta entender que los políticos de Madrid hayan estado tan torpes para comunicar instrucciones concretas antes de que estallara todo y sin embargo hayan corrido tanto para hacerse fotos con palas, quitanieves y cualquier otro atrezzo de temporada.

3. Administradores de fincas y comunidades de vecinos. La ciudadanía reaccionó de dos maneras ante el temporal, poniendo manos a la obra para abrir aceras y calles o quejándose porque no venía la UME a la puerta de su casa. De esta crisis se puede sacar la lección de que no está de más que las comunidades de vecinos contemplen en su inventario al menos una pala y algún saco de sal para estas ocasiones. Los administradores y gestores de fincas tienen aquí un papel. Si se mira la web de la Asociación Nacional de Administradores de Fincas se aprecia que su preocupación más reciente, de mayo del año pasado, se refería a la apertura de las piscinas con el coronavirus. Igual les atañe lo que está pasando.

4. El comercio electrónico no es la panacea. La pandemia elevó a los altares al comercio electrónico, pero Filomena ha puesto de manifiesto que no soporta medio metro de nieve y un poco de hielo. Lo que ha funcionado es el comercio de proximidad, lo que nos debería llevar a comprar más en el barrio, donde están a las duras y a las maduras, y menos en Amazon. Al tiempo, se ha puesto en valor tener provisiones en casa y no pensar que el frigorífico es la tienda de abajo.

5. Las miserias del sector energético. Las empresas del sector energético han demostrado que pueden funcionar incluso con un buen temporal. Solo faltaba. Ahora bien, es evidente que este sector necesita una vuelta, que no es ni la nacionalización, que entusiasma a Podemos, ni la histórica contemporización de PSOE y PP. No puede ser que sus tarifas sean ininteligibles y que tres compañías marquen el precio. Una de estas, Iberdrola, tiene una investigación abierta en la Audiencia Nacional, fruto de una denuncia de la Fiscalía Anticorrupción, en la que se la acusa de lucrarse manipulando sus presas hidráulicas de las cuencas del Duero, Sil y Tajo para subir artificialmente el precio de la luz en pleno invierno de 2013. Por estos mismos hechos ya le impuso una multa de 25 millones de euros la Comisión de la Competencia en 2015.

6. Madrid ante el espejo de la España vacía. Cada día se ve que las temperaturas mínimas no se mueven de un triángulo cuyos vértices son Burgos, Castellón y Cuenca, y que en medio tiene Teruel, Soria, Guadalajara y el sur de Zaragoza. Es la Serranía Celtibérica, a la que me refería en el anterior artículo de 18 de diciembre. El medio millón de personas que habitan este territorio, que es el 13% de España, soporta nevadas y heladas cada año durante semanas y ni les da por esquiar ni por llamar a la UME. Para ellos, estos temporales son sinónimo de más trabajo y gastos, más pienso para el ganado. Por eso, cuando ven el catastrofismo de Madrid se les abren los sabañones. ¿Hasta cuándo hay que soportar el ombligocentrismo de Madrid?, el paraíso de la libertad que retrata la desaparecida Isabel Díaz Ayuso. Solo falta que la España vaciada tenga que escotar para pagar por los daños de la nieve en Madrid.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense