Contante y Sonante

El supervisor ya no sabe ni qué pensar de la fusión de Unicaja y Liberbank

El puzle bancario español ha vuelto a perder parte de sus piezas más valiosas para crear el mapa financiero con el que sueña el Banco de España

Logotipos de Liberbank y de Unicaja en sus oficinas
Logotipos de Liberbank y de Unicaja en sus oficinas

El año que está a punto de finalizar parecía que se iba a convertir en el año de la cuarta ola de fusiones bancarias en España. Sería el ejercicio de la consolidación del mapa financiero del país. Aunque el Covid paralizó durante meses cualquier operación corporativa, tras la vuelta de vacaciones de verano, y una vez que se comprobó que la pandemia había venido para quedarse mucho más tiempo del previsto inicialmente, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de España, apoyados por el Gobierno, optaron por impulsar la fusiones. De hecho, desde las primeras semanas de la pandemia ya había una en marcha, la de Bankia y CaixaBank.

El Gobierno quería y necesitaba dar una solución a su deficitaria participación en la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri, en la que controla el 61% de su capital, y la unión con otra ex caja de ahorros, CaixaBank, era una operación perfecta para revalorizar los títulos de Bankia y aplazar sin críticas en contra la venta de esta participación que, tras la unión de ambas entidades, queda diluida en el 16,1% del capital de la entidad de origen catalán.

Fue el empujón necesario para volver a animar las operaciones corporativas en España. Al anuncio de las negociaciones de fusión de estas dos entidades le siguió el de Liberbank y Unicaja. Las dos viejas conocidas volvían a entablar negociaciones. Pese a ello, los supervisores no las tenían todas consigo. Ambas también antiguas cajas de ahorros tropezaban siempre con las mismas piedras, el canje de acciones y la gobernanza.

Manejaban un calendario, aprobar su fusión en un consejo de administración de la primera quincena de diciembre. Pero, como dijimos la semana pasada, malo, malo, si no se convocaba esta reunión para entonces. Tanto es así, que ya ni los supervisores, según fuentes de toda solvencia, están convencidos de que la fusión salga adelante. “Los problemas son los de siempre, no hay nada nuevo que les apriete el zapato. Es la misma discusión que en mayo de 2019, cuando rompieron las negociaciones. Sería bueno que se decidiesen de una vez por todas, pero no hay nada seguro”, confesaba el miércoles pasado una fuente conocedora de las diferencias existentes entre ambas entidades para convocar los consejos para dar luz verde a la unión de Unicaja y Liberbank y que daría lugar a la quinta entidad financiera española.

Conscientes de que el tiempo juega en su contra, y de que el nefasto 2020 está a punto de finalizar, tanto la cúpula de Unicaja como la de Liberbank intentarán esta semana, e incluso podría ser hoy, convocar a sus respectivos consejos para aprobar su fusión. Si no lo consiguen antes del cierre del ejercicio, tendrían que volver a iniciar sus trabajos de auditoría, entre otros, para seguir negociando. Sería empezar de cero. Al presidente de la Fundación Unicaja, Braulio Medel, que controla el 50% del capital del banco del mismo nombre, siempre le ha gustad apurar los tiempos. Ya lo ha demostrado en otras operaciones (no hay más que recordar la absorción de Ceiss (ex Caja España); pero en esta ocasión está apretando para llegar ya a un acuerdo.

El Corte Inglés ha ampliado a febrero el periodo para decidir el candidato idóneo para crear con él su gestora. Mutua y Andbank son los favoritos

Es cierto que Medel, como el consejero delegado de Liberbank, Manuel Menéndez, están a favor de la operación, pero el veterano expresidente de Unicaja quiere defender los intereses de la Fundación para no perder los privilegios fiscales de esta institución, mientras que Menéndez quiere dejar atado el cargo de primer ejecutivo de Liberbank ahora y en el futuro. Pero también es cierto que una parte de la cúpula de Unicaja Banco no quiere empeñar el futuro de la gobernanza de la entidad financiera al banco de origen asturiano.

Y así están las cosas, aunque la voluntad es cerrar el año con un acuerdo.

Otra fusión que apuntaba maneras, la de BBVA y Banco Sabadell, se rompió solo unas semanas después de anunciarse. Esta operación frustrada ha provocado una auténtica revolución en el banco que preside Josep Oliu, que ha hecho activar el plan B de Sabadell, que el BCE les había pedido. En este caso, además de reducir sus riesgos en el exterior con su salida del Reino Unido, tras colgar el letrero de en venta de TSB, para centrarse solo en el negocio doméstico, ha provocado un cambio radical en su gobernanza.

Oliu dejará de ser presidente ejecutivo y el sucesor de Jaime Guardiola, ahora consejero delegado del banco, César González-Bueno, asumirá las funciones del primer ejecutivo de Sabadell, con la pérdida de la hegemonía catalana en la cúpula del banco. Detrás de estos cambios están los supervisores, quienes han reclamado la activación del plan B en su versión más drástica.

Solo la jubilación de Jaime Guardiola, uno de los banqueros más queridos en el sector, y puede que también de los menos ambiciosos, en el mejor sentido de la palabra, deja un poso amargo. Su salida es una decisión suya totalmente meditada desde hace tiempo. Aunque suene extraño que un banquero quiera dejar de serlo voluntariamente a los 63 años de edad.

De esta forma, lo que hace solo un mes y medio parecía que iba a suponer el encaje de casi todas las principales piezas del mapa financiero español para armar el sector bancario de los próximos años, se ha quedado en un puzle construido a medias.

Mientras, El Corte Inglés ha decidido tomarse más tiempo para concretar quién será su socio en la creación de una gestora para la venta de fondos de inversión y planes de pensiones. La idea inicial era haber anunciado los candidatos el pasado 15 de diciembre, pero ha optado por alargar a febrero su decisión. De momento, no ha descartado a ninguno de los seis candidatos que habían presentado ofertas, aunque varias fuentes coinciden en que el favorito es la Mutua, junto a Andbank.

Cambiando de tercio. El calendario también juega en contra de la firma del convenio de banca. La última reunión está prevista para el próximo 29 de diciembre, pero, según apuntan fuentes sindicales, las posiciones están totalmente enfrentadas, y “o mucho cambian las cosas, o con las proposiciones actuales es casi imposible llegar a un acuerdo”, resaltan las mismas fuentes.

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