2021: el año en que terminará la crisis del Covid-19

Cuando se levanten las restricciones, la recuperación económica puede ser violenta, como se experimentó en el tercer trimestre

Las vacunas son un verdadero punto de inflexión. La mayoría de las candidatas han demostrado ser mucho más eficaces de lo que se esperaba en los ensayos clínicos y se producirán en cantidades mucho mayores de las esperadas. A su vez, la luz al final del túnel de la crisis es cada vez más visible. Suponiendo que las vacunas estén aprobadas y autorizadas para su uso en casos de emergencia, debería comenzar a inocularse a los trabajadores de primera línea antes de fin de año, con una distribución más amplia posible a mediados de 2021, junto con una producción muy acelerada.

Comenzamos nuestra perspectiva anual con una afirmación audaz: 2021 será el año en que la crisis del Covid termine. Más precisamente, ahora está claro que a mediados del próximo año se dispondrá del conjunto de herramientas adecuadas para controlar definitivamente la pandemia. Y una lección de los últimos meses es que cuando se levanten las restricciones relacionadas con el virus, la recuperación económica puede ser violenta, como se experimentó durante el tercer trimestre de 2020. Los ejemplos de China y otras economías asiáticas también son reveladores.

Sin duda, antes de que las vacunas se desplieguen por completo, la pandemia seguirá siendo un desafío para las perspectivas. Un mejor conocimiento del virus y de las medidas necesarias para luchar contra su propagación permite establecer restricciones mucho más selectivas. Además, las divergencias regionales hacen que la demanda mundial corra menos riesgo de un colapso generalizado. Por último, las medidas de apoyo a las políticas están en vigor y siguen reajustándose, lo que constituye una importante red de seguridad. Así pues, aunque esperamos que el crecimiento siga bajo cierta presión en el último trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021, es poco probable que se inviertan los progresos realizados en los últimos meses.

Si todo va según lo previsto, la resolución de la pandemia mediante vacunas seguras, eficaces y ampliamente disponibles permitiría a las economías recuperar la producción perdida tras sus cierres y la profunda recesión de 2020. El alivio debería de ser palpable para la población mundial, lo que podría inducir una prisa a finales de primavera y principios de verano por volver a las actividades que apoyan a los sectores más afectados por los cierres.

Y, con unas condiciones financieras flexibles, el gasto de los consumidores debería de subir, al reducirse el ahorro preventivo. Al mismo tiempo, una gran cantidad de estímulo fiscal debería continuar apoyando la recuperación. Así pues, nuestro escenario de referencia prevé que la economía estadounidense vuelva a su nivel de producción anterior a la crisis en algún momento de la segunda mitad de 2021, mientras que la zona euro probablemente tendrá que esperar hasta principios de 2022.

Este repunte de la actividad también debería de impulsar una recuperación de la inflación, pero solo hasta niveles moderados. Una demanda más firme de los consumidores y cierta escasez de la oferta, con inventarios agotados, deberían impulsar el crecimiento de los precios. Sin embargo, la gran brecha de producción, la flojedad del mercado laboral y la tenue demanda de crédito del sector privado hacen que este proceso de normalización en el frente de los precios probablemente no obstaculice las intervenciones de los bancos centrales. Los recientes cambios en su marco de política monetaria, con la adopción del Objetivo de Inflación Promedio (AIT), también les permitirá mantener los tipos cerca de cero, incluso mientras la tasa de desempleo siga bajando.

Una característica importante de la recuperación que se avecina (fuerte) es lo desi­gual que puede ser, ya que algunos países e industrias se mueven más rápido que otros. Cabe esperar que la actividad en los sectores aún deprimidos, como los servicios de hostelería, viajes y alojamiento, vuelva a los niveles prepandemia, lo que contribuirá a reducir aún más la tasa de paro. No obstante, esos sectores, así como las ventas de mercancías generales, prendas de vestir y accesorios (de hecho, tal vez incluso las ventas en tiendas de comestibles) siguen enfrentándose a problemas a largo plazo.

Mientras, la vivienda y la industria manufacturera van bien. Pero es principalmente en el frente del comercio mundial donde esperamos ver un fuerte repunte. Esta mejora en las perspectivas comerciales se debe no solo a la recuperación esperada del shock del Covid, sino también a una mejora en las condiciones comerciales internacionales una vez que la nueva administración de EE UU asuma el cargo. La demanda mundial debería de apoyar las exportaciones, lo que también es alentador para las perspectivas económicas, en particular en el ámbito de la fabricación. Después de todo, dado que el sector de los bienes constituye el grueso del comercio, la actividad manufacturera debería mejorar en sintonía con las exportaciones. Esto es un positivo neto para las economías sensibles al comercio, especialmente en Asia y en algunas partes de Europa.

Dicho esto, nuestro escenario constructivo, en el que se han eliminado y se siguen eliminando progresivamente importantes obstáculos (elecciones en EE UU, Brexit, Covid), no está exento de riesgos. En primer lugar, la incertidumbre persistente sobre las vacunas supone un importante riesgo de reducción. Cuestiones de seguridad, efectos secundarios, duración de la inmunidad, mutación potencial del virus: cualquiera de estos factores podría hacer que las esperanzas de volver a la normalidad se vean defraudadas. De hecho, nuestro caso base se basa en una relajación gradual pero permanente de las restricciones económicas. Si las vacunas no resultan ser la herramienta decisiva para contener la pandemia que esperamos, los riesgos de disminución serán importantes.

En segundo lugar, se debe vigilar con cautela todo lo que conduzca a un mayor coste de capital y a un endurecimiento de las condiciones financieras. Esto podría resultar perjudicial para la valoración de los activos financieros, así como hacer mucho más difícil la financiación de la deuda. Las tensiones financieras, la aceleración brusca de la inflación o un error en las medidas que haga retroceder el estímulo demasiado pronto son riesgos fundamentales que hay que vigilar a ese respecto. Aunque seguimos convencidos de que las autoridades se esforzarán por eliminar el apoyo de manera gradual y mesurada, podrían surgir temores a la baja durante la segunda mitad de 2021, cuando la economía mundial haya recuperado una base más sólida.

Por último, un problema clave (que se ha visto agravado por la pandemia) sigue siendo el nivel de deuda global del sistema. Pero aunque deberá vigilarse a largo plazo, es probable que los tipos se mantengan cerca de cero varios años, manteniendo los pagos de intereses en mínimos históricos. Por tanto, en este momento, los niveles de deuda pueden considerarse sostenibles. De hecho, más que el mero tamaño de la pila de deuda, lo que nos preocupa más es cómo se utiliza. Tenemos grandes esperanzas en las inversiones productivas dirigidas a la innovación, la infraestructura y las desigualdades. Si el gasto no se mueve en esa dirección esperada, la decepción podría ser significativa.

Samy Chaar es Chief Economist de Lombard Odier