El creador de videojuegos que soñaba con la nube de Salesforce

Con la compra de Slack, Marc Benioff pretende reforzar su plataforma de software empresarial frente a la competencia de Microsoft

Marc Benioff, fundador de Salesforce.
Marc Benioff, fundador de Salesforce.

Con 16 años ya se ganaba un sueldo haciendo videojuegos; tiene buenas relaciones con un rango variado del espectro político estadounidense; y creó el concepto de soft­ware en la nube, ahora omnipresente. Marc Russell Benioff (San Francisco, 1964) es el fundador, presidente y CEO de Salesforce, que acaba de comprar Slack, la herramienta de comunicaciones intraempresa, por 27.700 millones de dólares, para incorporarla a su plataforma de gestión de relaciones con los clientes (CRM).

Rara vez aparece en público sin sus zapatillas deportivas con nubes dibujadas; hace puenting y camina descalzo sobre brasas. Es fan de La guerra de las galaxias y copropietario de dos aviones Gulfstream IV. El productor de televisión David Benioff, cocreador de Juego de tronos, es primo segundo suyo. Está casado con Lynne (consultora de marketing), con la que tiene dos hijos.

Dice que si no se dedicara a la empresa sería rabino. Se crio en una familia judía de San Francisco; su padre tenía unos grandes almacenes locales. Estudió en el prestigioso instituto Burlingame y se graduó en ADE en la Universidad del Sur de California.

Su primer trabajo fue en una joyería, de la que le despidieron por fregar el suelo con el jabón equivocado. Aún en el instituto, vendió su primera aplicación, How to Juggle (Cómo hacer malabares), a una revista de informática por 75 dólares. Fundó una empresa unipersonal para crear y vender juegos para los PC de Atari. La firma Epyx le publicó varios, y a los 16 años ganaba regalías de 1.500 dólares al mes, suficientes para pagar la universidad. Se quejó a Apple de que no podía desarrollar videojuegos para Macintosh. La respuesta fue ofrecerle unas prácticas. Steve Jobs fue para él mentor e ídolo. “No existiría Salesforce sin él”. Benioff le regaló la marca App Store, patentada por él.

Pensaba seguir programando y emprendiendo tras la carrera, pero los profesores le aconsejaron que ganara experiencia laboral orientada al público y decidió trabajar en un call center de Oracle, que entonces tenía solo 200 empleados pese a ser la cuarta empresa de software más grande del mundo. Con 26 años ya era vicepresidente. Se hizo inseparable del fundador, Larry Ellison, 20 años mayor que él: incluso pasaban Acción de Gracias juntos.

A finales de los noventa pidió un tiempo sabático para viajar por el mundo y dedicó parte a estudiar meditación en Hawái (a cuya cultura, camisas incluidas, es muy aficionado). Nadando con delfines se le ocurrió la idea fundacional de Salesforce, revolucionaria entonces: el software como servicio. El fin del software era su eslogan: incluso contrató actores para fingir protestas contra el modelo de negocio clásico enfrente de un evento de la empresa rival, y dominadora entonces, Siebel. El negocio actual de Salesforce consiste en una plataforma en la nube para que los clientes desarrollen y ejecuten sus propias aplicaciones.

Empezó a trabajar en ello con otros veteranos de Oracle, y Ellison le apoyó al principio. Otro inversor temprano en Salesforce fue Paul Pelosi, esposo de la presidenta actual del Congreso de EE UU, Nancy Pelosi. La relación con su gran amigo se estropeó cuando Benioff descubrió que estaba trabajando en un proyecto similar. Ellison le obligó a despedirle del consejo de Salesforce y retuvo sus acciones. Hasta 2013 no harían las paces y volverían a hacer negocios juntos.

Antes, la compañía atravesó y sobrevivió al pinchazo de las puntocom, y salió a Bolsa en 2004, valorada en 110 millones de dólares. Su fundador la ha dirigido en solitario casi todo este tiempo, salvo durante año y medio, en el que Keith Block, ex de Oracle, fue co-CEO. Se pensaba que podría suceder a Benioff, pero en febrero dimitió por sorpresa.

El creador de Salesforce, de la que posee algo más del 3%, financia decenas de startups tecnológicas. Tiene una fortuna de 8.700 millones de dólares, según Forbes, y cuenta que el gurú indio Mata Amritanandamayi y Colin Powell, secretario de Estado con George W. Bush y desde 2014 consejero de Salesforce, fueron influencias clave para la Fundación Salesforce.com, que sigue un modelo de filantropía integrada en la empresa: la compañía aporta a la comunidad el 1% de sus productos, el 1% de las horas de trabajo de sus empleados como voluntarios y el 1% del capital. Los Benioff donan principalmente a hospitales infantiles y ONG medioambientales, y han apoyado las protestas contra la violencia por armas de fuego en las escuelas.

Ha presionado en varias ocasiones, amenazando con reducir la actividad del grupo en las zonas en cuestión, contra leyes estatales que hubieran permitido, por ejemplo, rechazar la entrada a baños públicos de personas trans. Afirma, sin embargo, que no es un asunto personal para él como sí lo es la infancia: lo hace porque se lo piden sus empleados.

Hace dos años atacó directamente a ejecutivos de Silicon Valley como Jack Dorsey, fundador de Twitter, por rechazar subidas de impuestos corporativas destinadas a ayudar a los sintecho de San Francisco, que cada vez son más precisamente por la crisis de vivienda provocada por el auge de las tecnológicas. También reclama regulación de las redes sociales y del sector de internet en general.

Apoyó la campaña de Hillary Clinton en 2016, y antes a Kamala Harris cuando era fiscal general de California. De la vicepresidenta electa de EE UU decía hace un año que le parecía la persona “más íntegra” que había conocido. Sin embargo, desde que en 2018 los Benioff compraron la revista Time por 190 millones de dólares, han decidido no apoyar a ningún político.

Los ingresos de Salesforce en el tercer trimestre fueron un 20% mayores que los de hace un año. El negocio va bien, pero quiere reforzarlo con Slack, que crece el doble de rápido, pero está en pérdidas. La compra es cara, pero Benioff pretende recuperar lo invertido con sinergias de ingresos: captar nuevos clientes y evitar que los que tiene se vayan a Microsoft, que cuenta con Teams para las comunicaciones intraempresariales. Los inversores dudan: Salesforce ha perdido un 15% de su valor de mercado desde el 24 de noviembre. Benioff quiere seguir soñando con la nube y pasándose pantallas del videojuego.

Entre el cielo y el mar

En 2018 se inauguró la Salesforce Tower, el edificio más alto de San Francisco y en general al oeste de Chicago, con 61 plantas.

Los Benioff lanzaron hace cuatro años la Benioff Ocean Initative en la Universidad de California en Santa Bárbara para estudiar la vida marina.