BBVA y Sabadell tendrán alternativa a su fusión, pero es difícil que sea mejor

Quedan dudas en el aire sobre la capacidad de negociación y de acuerdo cuando una operación por todos considerada adecuada, cuando no necesaria, termina en nada

No habrá fusión entre BBVA y Saba­dell para crear el segundo mayor banco del país, o al menos no la habrá de momento, tras las severas discrepancias encontradas por los negociadores sobre la valoración de ambas entidades para establecer una ecuación de canje satisfactoria para ambas, además de las encontradas también, aunque trasmiten que de menor entidad, para determinar el reparto de cargos y responsabilidades en la entidad resultante. La operación saludada con entusiasmo el 16 de noviembre por los dos bancos, reconociendo que estaban ya en negociación avanzada, ha terminado en un desacuerdo mutuo para, entre otras cosas, no mantener abierta una expectativa irreal; quedan dudas en el aire, no obstante, sobre la capacidad de negociación y de acuerdo cuando una operación por todos considerada adecuada, cuando no necesaria, termina en nada.

Ambas entidades tienen opciones alternativas a la fusión, y ambas se han apresurado a comunicarlo así al mercado, si bien Sabadell de forma más explícita y expansiva que BBVA. Pero no se antoja fácil identificar tales alternativas si se trata de que aporten mejores réditos tanto a la entidad de origen vasco como a la de origen catalán. En el caso de BBVA, que cuenta con una munición de capital muy relevante tras la venta de su filial norteamericana, puede optar a operaciones fuera del país y en mercados sólidos europeos, esquivando incluso el riesgo de divisa que comporta una mayor participación en el Garanti turco. Pero encontrar y sustituir la complementariedad que le proporcionaba la cartera de clientes corporativos, sobre todo de pymes, de Sabadell, es complicado, como se antoja complicado buscar una fusión en la que el desequilibrio de valor y pretensiones de gobernanza sean tan favorables a sus intereses como el existente a priori en esta concentración fallida.

Para Sabadell pinta menos bien. Su tamaño lo convierte en una pieza más vulnerable, y arrastra alguna mochila pesada de la que deberá desprenderse para soltar riesgos difíciles de absorber con su negocio orgánico. La filial británica ha restado más que sumado y debería ser la primera pieza a excluir del balance si se encuentra un comprador, para centrarse en el crecimiento en España, donde, por otra parte, la competencia deja poco margen al optimismo. Las autoridades monetarias siguen indicando que queda margen para nuevas operaciones de fusión, pero pocas en las que todas las partes ensambladas ganen, salvo que se busque en otros mercados dentro incluso de la zona euro. Sabadell ha concluido que fusionarse en las condiciones planteadas por BBVA era mal negocio; pero el tiempo y las alternativas dirán si podría tratarse del menos malo.