María Río: “Los momentos más duros del virus ya los hemos pasado”

La ejecutiva asturiana estrena la categoría del Premio CincoDías al directivo más innovador 

María Río, vicepresidenta y directora general de Gilead España.
María Río, vicepresidenta y directora general de Gilead España.

Dirige desde 2012 la filial española de la compañía de investigación farmacéutica Gilead, creada hace 30 años en San Francisco, y dedicada al descubrimiento, desarrollo y comercialización de medicamentos innovadores en áreas de necesidades médicas no cubiertas. Nacida en Noreña (Asturias), es licenciada en Farmacia por la Universidad de Santiago y acumula más de dos décadas de experiencia en empresas como GlaxoSmithKline.

¿Cómo se vive desde una compañía biofarmacéutica una pandemia como la actual?

Nadie esperaba enfrentarse a esto. Para nosotros supone una oportunidad para tener una solución a este problema. Por tanto, lo vivimos desde la preocupación y desde la ilusión porque nos permite poder dar una solución y que esta se haya materializado. Vimos que nuestro fármaco Remdesivir, un antiviral creado por Gilead hace más de 10 años, eficaz contra el ébola, y que podía funcionar. Nos aseguramos de que fuera eficaz en pacientes con Covid-19, y también de que pudiéramos tener el mayor número posible para que los pacientes tuvieran acceso a él, por lo que fue necesario acelerar la producción. También queríamos que España pudiera formar parte del desarrollo histórico de este fármaco. El equipo se volcó en trabajar y agilizar todos los trámites e implementarlo. Remdesivir es bastante español, porque su desarrollo aquí ha implicado el mayor número de centros y el acceso más temprano al fármaco. Hemos sido uno de los países con más presencia en los ensayos clínicos después de Estados Unidos.

¿Demostrar la eficacia del fármaco fue el gran reto?

Sin duda, pero también asegurar la producción del tratamiento. Desde el inicio de la crisis, se han tratado a más de 12.000 pacientes con Remdesivir sin coste alguno para el sistema de salud español, y finalizaremos el año con dos millones tratamientos. Hemos tenido que reestructurar la planta, recortar los tiempos de fabricación, buscar alianzas externas con un consorcio de 40 empresas, que han participado en los ensayos clínicos y en todo el proceso. Dos empresas españolas, Esteve y Uquifa, forman parte de la red de producción.

La historia de la empresa está ligada a esa búsqueda de imposibles.

Todo empezó con el sida. Yo recuerdo que la gente se moría de sida. En 30 años se ha avanzado mucho, y nosotros hemos sido líderes en este campo, porque la enfermedad ha pasado a ser una enfermedad crónica, pero no mortal. Y ahí hemos aportado tratamientos e innovación, lanzando tratamientos nuevos que buscaban la mejora y la eficacia hasta llegar a la pastilla única. Somos expertos en virus y desarrollamos tratamientos para curar la hepatitis C, de la que se cura el 95% de las personas. En una generación se cura definitivamente, y España podría ser el segundo país en eliminarla, después de Islandia. El impacto para el Sistema Nacional de Salud no puede ser más positivo. Otro campo importante es el de la terapia celular.

¿En línea con la medicina preventiva?

La terapia celular abre el camino a otra dimensión, la de la medicina personalizada, donde el propio sistema inmune del paciente desempeña un papel importante para luchar contra el cáncer. Novartis y nosotros tenemos terapia celular para pacientes, y los datos nos dicen que hemos aumentado la supervivencia en pacientes con una esperanza de vida de seis meses. El 50% de los pacientes siguen vivos a los tres años de recibir el tratamiento. Lo imposible está en nuestro ADN.

En estos momentos hay una carrera contrarreloj para encontrar una vacuna o tratamiento eficaz contra el Covid-19.

La industria está haciendo un gran trabajo para seguir garantizando que todos los tratamientos estén disponibles, y a la vez redoblar esfuerzos y poner todos los recursos para buscar soluciones. El primer paso, el de encontrar la solución, es relevante, ya que lo importante es salvar la vida, pero luego hay que mejorar esa calidad de vida. Nuestro fármaco intravenoso se administra en el hospital, pero ahora nos planteamos cómo mejorar la vía de administración de ese tratamiento. Hemos realizado un ensayo clínico para una formulación inhalada, para que el paciente se lo pueda administrar sin tener que ir al hospital. Hay que trabajar en las dos direcciones, en buscar la solución y en mejorarla. En innovación hay que buscar la excelencia, uno no se puede conformar nunca. A nosotros nos gusta retar al statu quo, y eso a veces no es positivo, puede ser incómodo, pero hay que intentarlo.

¿Cuándo estaremos libres de este virus?

Soy optimista, por los datos que tenemos sobre las vacunas y los tratamientos que hay en marcha. La investigación está dando sus frutos, puede ir rápido y puede ser cuestión de meses, y no de muchos meses. Que podamos volver a la normalidad eso es otra cosa, nos queda al menos un año de transición. Todo lo que nos queda va a venir con cosas positivas, con vacunas y tratamientos. Los momentos más duros del virus los hemos pasado. Vamos a tener que vivir con el virus, manteniendo las mascarillas y las distancias, pero el manejo de la enfermedad va a tener menos complicaciones. La parte social va a ser mejor. Y también mejorará la economía, si se hacen las cosas como se tienen que hacer.

¿Habrá vacunas para todos?

El sector farmacéutico tiene el compromiso de que las vacunas lleguen a todo el mundo. Hemos hecho la concesión de una licencia de Remdesivir a nueve compañías fabricantes de genéricos para la producción y distribución en 127 países en vías de desarrollo. No hay países de primera ni de segunda.

Lo que sí ha demostrado esta pandemia es que es necesario invertir más recursos en investigación.

En Europa, países como Alemania, Suecia y Dinamarca destinan el 3% del PIB a I+D+i. España está lejos de este porcentaje, y debería ambicionar acercarse al 2% de la medida europea. Hay que apostar por la investigación, porque los países que más invierten son ejemplo de prosperidad, y deberíamos definir unas líneas estratégicas.

En España, muchos investigadores tienen que marcharse fuera ante la falta de proyectos.

Eso lo veo en positivo, porque supone una oportunidad para que las personas valiosas se vayan fuera, trabajen con los mejores, que se empapen de buenas experiencias, pero luego hay que conseguir que vuelvan para liderar proyectos innovadores. Es importante generar un tejido de personas de alto nivel.

¿Qué otros valores, además de la excelencia, mantienen en Gilead?

Otro valor que vivimos en la compañía es el de la inclusión. Para mí es garantía de innovación. Creemos firmemente en trabajar con personas de manera diferente, con diversidad de pensamiento, eso es enriquecedor, ya que se manejan diferentes planteamientos y enriquece el debate. Además, en los procesos de selección insistimos en que haya mujeres. El 60% de la plantilla en Gilead son mujeres, y el 50 de los managers también lo son. Aquí ofrecemos las mismas oportunidades a todos. Nos gusta atraer, retener y promocionar a personas que piensan diferente. Y nuestro segundo enfoque lo ponemos en el paciente, está en el centro de todo. De hecho, la filial española de Gilead tiene la mejor reputación corporativa desde el punto de vista del paciente.

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