¿Llega, por fin, la hora de los fondos ‘value’?

La vacuna revive el eterno debate entre crecimiento y valor mientras los sectores más castigados se recuperan

El anuncio de Pfizer sobre la vacuna provocó una violenta recuperación en los países y sectores más castigados por la pandemia y revive a los defensores del estilo valor. Inmediatamente después de conocerse la buena noticia se producían espectaculares rebotes en las compañías más penalizadas este año, que son en su mayoría las menos apreciadas en los últimos diez. Mientras, lo que mejor se había comportado hasta ese momento se mantenía o incluso corregía. En tan solo seis días de mercado, el Ibex subía más de un 16% mientras que el Nasdaq se quedaba plano. Los bancos europeos ascendían más de un 20% y compañías como Amazon y Facebook bajaban más del 5%. El sector de petróleo y gas se revalorizaba un 22% cuando Alibaba corregía un 12%.

El vuelco vivido pone encima de la mesa varias cuestiones que, además de sectores y países, están relacionadas con la histórica discusión sobre si es preferible elegir acciones con elevados crecimientos, independientemente de lo que se pague por ellas, o comprar compañías a buen precio, aunque el incremento de su negocio sea menor.

Antes de este giro ya se oían voces que cuestionaban la racionalidad del precio de algunas compañías, en tanto que otras lo defendían por el efecto disruptor que generan en sus respectivos negocios. Los primeros argumentan que los múltiplos pagados difícilmente se sostendrán, porque los futuros beneficios que descuentan son exagerados. Los que justifican su capitalización esgrimen la posibilidad de que se queden con toda la cuota de su mercado, que se monetice todo su crecimiento de usuarios y que eventuales regulaciones para proteger la libre competencia apenas les afectarán.

En el otro extremo están los que creen que las cotizaciones de negocios más tradicionales han llegado a niveles demasiado bajos y cuando se reanude la actividad económica volveremos a verlos ganar. Incluso si algunos sectores de la economía se transforman, el cambio no se producirá con tanta inmediatez y algunas compañías se adaptarán. Además, la supremacía de las grandes compañías de negocios por internet podría tener un futuro incierto si los reguladores las someten a un mayor control que suponga perder su dominio del sector.

Durante los últimos años (más de una década) elegir fondos que invierten en grandes compañías estilo growth ha sido la estrategia más rentable, pero ha habido otros periodos, también muy largos, donde los que estaban de moda eran los que tenían pequeñas compañías y de valor.

Mi objetivo en esta tribuna es sacar el tema buscando la utilidad más que la controversia. Así que, aunque para atraer al debate he presentado las posiciones de forma un poco extrema, a un inversor le diría que, dentro del crecimiento o del valor, hay muchos niveles y matices. Además, se pueden encontrar muchos fondos que invierten en empresas de crecimiento a precios relativamente razonables y se puede invertir en fondos con empresas de economía no digital, porque la pandemia se acabará tarde o temprano y la humanidad volverá a hacer vida fuera de internet. Somos una especie social y la mayoría echa de menos el contacto físico. Volveremos a viajar, aunque sea por placer y para visitar amigos y familiares, pero intuyo que algunas oficinas y centros comerciales sobrevivirán.

Salvo que usted pretenda pegar un pelotazo, no es necesario que apueste solo por fondos extremos, ni de estilo crecimiento ni de estilo valor. Si invierte a largo plazo con el objetivo de preservar su patrimonio y sacarle algo de rentabilidad concentrarse demasiado en un sector o estilo no solo es innecesario, sino que es poco conveniente. Aunque en la época reciente ha rentado mucho más tener las grandes tecnológicas, nada le asegura que vaya a seguir siendo igual. Además, al inversor que ha invertido diversificando de forma global, sin concentrarse en ninguna acción o sector en particular, tampoco le ha ido nada mal.

La propensión del cerebro humano a la polarización hace que nos llamen la atención las afirmaciones de gestores que apuestan por una cartera concentrada de alta convicción. Ya sea porque aseguran ser capaces de encontrar mucho valor en unas cuantas compañías que el mercado no reconoce todavía o porque son capaces de predecir el siguiente puñado de empresas que liderarán la próxima disrupción y las que se mantendrán en su posición de dominio sin que les moleste demasiado ningún competidor ni regulador.

Los inversores pueden tener cualquiera de este tipo de fondos en una pequeña proporción, pero si apuestan una gran parte de su patrimonio financiero en unos pocos y, además, son todos del mismo estilo se puede llevar una gran decepción. Mire lo que ocurrió de 2000 a 2007 con algunos fondos growth, ahora muy demandados. Los que sobreviven desde los 90 fueron olvidados durante esa época, en la que el valor los desbancó.

Los que apostaron por el valor de forma exagerada ahora sufren, pero además del riesgo de estilo, recomiendo limitar el riesgo gestor. Pregunten por el patrimonio que ha perdido la gestora de Nicolas Walewski, o recuerden el caso de Neil Woodford. Si creen que tiene que haber personas muy inteligentes que, de forma consistente, puedan obtener rentabilidades extraordinarias y preservar el capital, aunque sea por curiosidad, lean sobre el Long-Term Capital Management diseñado por Scholes y Merton, premios Nobel de Economía, que se lanzó con la aureola de ser el vehículo inversor más perfecto jamás creado.

Marta Díaz-Bajo es Directora de análisis de fondos de Atl Capital