El esfuerzo urgente de reforzar las políticas activas de empleabilidad

La mejor vía es reforzar la formación, atajando el abandono temprano, y aplicando currículos coherentes con el mercado de trabajo

Las políticas activas de empleo en España no han funcionado en los últimos años, por no afirmar categóricamente que no han funcionado nunca, pese a la ingente cantidad de dinero echado en el empeño, y exigen una nueva revisión a la que ha puesto manos a la obra el Gobierno, negociación mediante con sindicatos y patronales. Y han fracasado porque lo han hecho los sistemas de formación profesional continua (cuestionados por puntuales episodios de corrupción de sus gestores), como han fracasado los programas de inserción del sistema público de empleo, regionalizado y colocando muchas veces muros que impedían visualizar un solo mercado laboral. Y lamentablemente, un país con un tejido productivo débil por atomizado, un nivel formativo medio débil por los elevados niveles de abandono escolar y un sistema de recolocación público débil por la incapacidad de casar ofertas y demandas necesita una revisión integral de todos sus fundamentos. Cuatro millones de parados exigen una remoción de las prácticas y fórmulas aplicadas para tener alguna oportunidad de formación, primero, y de empleo, después.

El Ministerio de Trabajo ha presentado a los agentes sociales un primer plan de trabajo que pasa por incentivar económicamente la contratación fija con subvenciones directas, y con una generosa horquilla que oscila entre los 4.000 euros y los 7.500 por empleo, en función del grado de dificultad para la colocación. Y apuesta, tras haber puesto en cuestión reiteradamente la intervención privada en la intermediación (sobre todo la practicada por las agencias privadas y las empresas de trabajo temporal), por no menos generosas remuneraciones a los orientadores de empleo por el diseño de itinerarios formativos que culminen con la colocación de parados. Tal prerrogativa queda en manos de las comunidades autónomas que quieran practicarla, pero con financiación estatal, y debería garantizarse que tal mecanismo de colaboración público-privada es enteramente profesional y que no se contamina de las prácticas de borrosa legalidad del pasado, que muchas veces acabaron en los tribunales.

En todo caso, este tipo de programas debe atender una situación de necesidad como la actual, y los fondos destinados a la contratación se considerarán bien empleados si cada uno de los empleos generados echa raíz y devuelve con cotizaciones e impuestos su coste. Pero la mejor de las políticas activas de empleo pasa por reforzar la formación básica, media y universitaria, atajando el abandono temprano, y aplicando itinerarios curriculares diversificados y prácticos, coherentes con el mercado de trabajo de la tercera década del siglo, en la que la digitalización de la economía que viene exige un tipo de habilidades diferente a las dispuestas ahora.