¿Qué va a pasar con la jubilación y las pensiones? Lo que dice el Pacto de Toledo

Garantizar el poder adquisitivo de los pensionistas e incentivar la prolongación de la vida laboral son algunas de las principales recomendaciones

¿Qué va a pasar con la jubilación y las pensiones? Lo que dice el Pacto de Toledo

El Pacto de Toledo por fin ha cerrado sus recomendaciones para sentar las bases de la próxima reforma del sistema de pensiones. Tras más de 4 años de negociaciones y una década después del último acuerdo, la Comisión de seguimiento y evaluación del Pacto de Toledo aprobó el pasado martes las nuevas recomendaciones, que ahora deberán ser aprobadas en el Pleno del Congreso en el mes de noviembre.

En los últimos años, el debate sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones ha ido creciendo a medida que bajaba la llamada hucha de las pensiones (el Fondo de Reserva de la Seguridad Social), los pensionistas reclamaban unas “pensiones dignas” y la pirámide poblacional de nuestro país cambiaba hacia una sociedad más envejecida, con vidas más largas y, en consecuencia, jubilaciones también más extensas. ¿Está el sistema preparado para financiar las pensiones de la nueva generación de jubilados que viene?

El eje principal sobre el que se asientan las nuevas recomendaciones del Pacto de Toledo busca reequilibrar y sanear el sistema para que financieramente sea sostenible en el largo plazo. Así, como recoge Europa Press, el texto contempla que la financiación del sistema debe adecuarse a la naturaleza de las prestaciones, es decir, abren la puerta a que ciertas prestaciones y gastos -reducciones a la cotización, prestaciones asistenciales (no contributivas), ayudas a la jubilación anticipada, bonificaciones a regímenes especiales y parte de las prestaciones relacionadas con el nacimiento y cuidado del menor-sean soportadas por el Estado, con cargo en los Presupuestos Generales.

Sobre la edad de jubilación

La edad a la que nos jubilamos es otro de los puntos clave de las nuevas recomendaciones. En los últimos meses, el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, ha hablado de cómo el envejecimiento poblacional va a incrementar el gasto en pensiones y ha puesto sobre la mesa la importancia de incentivar la prolongación voluntaria de la vida laboral, así como de penalizar las jubilaciones anticipadas, algo que la Comisión del Pacto de Toledo ya ha puesto por escrito, a falta de perfilar más la manera de llevarlo a cabo.

En concreto, el texto habla de fomentar el trabajo más allá de la edad legal de jubilación mejorando los incentivos y con más beneficios para poder compatibilizar el salario con la pensión. Sobre la jubilación anticipada, la Comisión pide “analizar cuánto cuestan las penalizaciones a las jubilaciones anticipadas y su impacto en la equidad de las pensiones, con especial atención a casos forzados y de largas carreras de cotización”.

Otro punto importante en este sentido es el de intentar aproximar, “tanto como sea posible”, la edad real de jubilación a la edad legal. Y es que las cifras reflejan que los españoles se están jubilando, de media, a los 64,6 años, mientras que la edad legal de jubilación ahora mismo se encuentra en los 65,8 meses (se irá incrementando hasta los 67 años hasta el año 2027).

En la actualidad, si nos estamos acercando a la edad legal de jubilación y queremos seguir en activo, pero de otra forma, podemos recurrir a la jubilación activa, parcial o flexible para recibir la pensión y seguir cobrando un salario, bajo, esos sí, ciertos requisitos. A la espera de que en la próxima reforma se aprueben nuevas fórmulas o cambien las condiciones, antes de decantarnos por una determinada opción debemos plantearnos cómo queremos vivir nuestra jubilación y si queremos parar en seco o preferimos tener un periodo de transición para ir bajando poco a poco el ritmo.

Bases de cotización, subida de las pensiones y autónomos

Otro factor importante que contempla el Pacto de Toledo y que nos puede beneficiar enormemente si en los años previos a la jubilación hemos estado cobrando menos, es la posibilidad de elegir los años cotizados que queremos que se tengan en cuenta para calcular nuestra base reguladora y, en consecuencia, la cuantía pública que recibiremos. A día de hoy, la Seguridad Social tiene en cuenta los últimos 23 años que tenemos cotizados (en 2022 serán 25 años, ya que por la reforma de 2011 pasaba a incrementarse de 15 a 25 años, a razón de año por ejercicio, algo que la Comisión también ha avalado).

¿Qué pasa con la subida de las pensiones? Aunque ya hubo un preacuerdo en el año 2018 para actualizar las pensiones al IPC, las nuevas recomendaciones defienden mantener el poder adquisitivo de los pensiones, con revalorizaciones con arreglo al IPC real, teniendo en cuenta que las subidas por encima de este indicador deben financiarse con otros recursos.

Otras de las recomendaciones tiene que ver con el nuevo sistema que se está estudiando para que los autónomos coticen por sus ingresos reales. La Comisión pide que se apruebe en el marco del diálogo social y se lleve a cabo de forma gradual. También hay menciones a los sistemas complementaros de pensiones, con una preferencia por los planes a partir de la negociación colectiva y con un reclamo de mejoras fiscales y jurídicas para estos sistemas y fórmulas para apoyar a los salarios más bajos.

En este sentido, conviene recordar que, paralelamente, en el borrador de los Presupuestos Generales del Estado para 2021 se plantea una reducción en las deducciones de los planes de pensiones privados -de 8.000 euros a 2.000-, y una ampliación de los planes de empresa -de 8.000 a 10.000 euros-.

Con todo, antes de tomar alguna decisión sobre nuestra jubilación, es muy importante que reflexionemos sobre cuáles son nuestros objetivos y qué coste tienen, cuándo nos gustaría dejar de trabajar y cómo queremos vivir durante esa etapa. De esa forma podremos trazar un plan financiero y vital, que se adapte a nuestras necesidades y nos dé seguridad para el día de mañana.

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