A fondo

La demanda contra Google es solo la punta del iceberg

Es difícil saber qué recorrido tendrá esta acción legal, pero hace prever que sea la primera de otras contra Facebook, Amazon y Apple

El logo de Alphabet visto a través de una lupa en internet.
El logo de Alphabet visto a través de una lupa en internet.

El Gobierno de EE UU presentó este martes cargos contra Google, acusándola de violar la ley de competencia para preservar su monopolio en los negocios de las búsquedas y la publicidad online. Aunque hasta ahora estaban siendo los reguladores europeos quienes lideraban la lucha contra el poder acumulado por las big tech estadounidenses, esta demanda marca el mayor desafío presentado por los reguladores estadounidenses contra un gigante tecnológico en años y lanza un mensaje claro a estas empresas de que el estado de ánimo también se ha vuelto contra ellas en casa. Y que el escrutinio sobre sus prácticas de negocio se intensificarán tanto dentro de EE UU como en otras geografías.

La demanda llega tras más de un año de investigación y se centra en los miles de millones de dólares que Google paga cada año para garantizar que su motor de búsqueda está instalado como la opción predeterminada en navegadores y dispositivos como teléfonos móviles. El Departamento de Justicia de EE UU dijo que esos acuerdos han ayudado a asegurar que Google, que hace apenas dos décadas era una startup, sea hoy el “guardián de Internet”.

Aunque esta acción legal contra Google hace prever que el caso podría ser el primero de otros contra Apple, Amazon y Facebook, también bajo la lupa de los reguladores, no está claro qué consecuencias podría tener la demanda para Google y qué escenarios serían factibles: ¿Ganará Google la batalla legal, se cerrará el caso con una fuerte sanción, se dividirá la compañía?

Para Enrique Dans, profesor del IE Business School, la demanda tendrá, en general, poco recorrido. Primero, porque el planteamiento que hace y las infracciones que señala “son muy poco importantes”: “Que Google pague a otras compañías para posicionar su motor de búsqueda en determinados dispositivos o navegadores, por ejemplo, es algo muy poco significativo: el producto que promueve es gratuito, y si deja de hacerlo y esas compañías sitúan otro, los usuarios rápidamente volverán a poner el buscador de Google en su sitio”.

Tampoco tiene claro que vaya a moverse nada hasta no conocerse el resultado de las elecciones de EE UU en las que probablemente gane Biden, “y los estados que se han unido a la demanda son todos republicanos, lo que implicará que no haya demasiado interés en la administración por perseguir una demanda como esta”. La visión de Dans sobre este punto no es compartida por muchos analistas, que advierten que por primera vez demócratas y republicanos van de la mano frente al poder amasado por las big tech.

Es un movimiento defensivo de la economía americana, donde cualquier ‘startup’ es comprada o copiada por las ‘big tech’

Pero para este experto el que esta demanda pueda terminar no dando lugar a cambios significativos no quiere decir que no sea, al menos en su esencia, correcta: “Google es un monopolio, ejerce como tal, y sobre todo, se ha convertido en aquello de lo que al principio huía como de la peste. Cada vez más, Google se está convirtiendo en un portal como aquellos de los años 90. Ya no es un buscador, sino una página que aspira a que pases mucho tiempo en ella, moviéndote entre sus resultados, sus mapas, sus comparadores y otros servicios. Que Google sea hoy un monopolio es algo que ya pocos dudan. El problema es que el DoJ, con una demanda como la que ha planteado, no va a conseguir hacer gran cosa para evitarlo”.

Fernando Aparicio, CEO de Amvos Digital, cree que la acción emprendida contra Google es el único movimiento defensivo que le queda a la economía americana, donde cualquier startup es o comprada o copiada por los grandes. “Aquí lo relevante es que el consumidor ya ha elegido y hasta que no surjan empresas que le seduzcan como han hecho los GAFA, esta situación no va a cambiar. Y a aspirantes como Uber, Tesla & Cia les queda mucho por crecer y, sobre todo, por diversificar sus fuentes de ingresos”.

La novedad del caso para Aparicio es que este es el primer paso que da EE UU para frenar el poder de los gigantes tecnológicos en décadas y asegura que no será el último, “dado que Google ha perdido de facto la relevancia que tiene en el mercado de EE UU por la Opa hostil que de facto le ha hecho Amazon, pues en los últimos cinco años le ha robado el inicio del viaje del consumidor digital”. Su sensación, en cualquier caso, es que será muy difícil que puedan trocear la compañía y que acabará en algún tipo de sanción económica cuantiosa.

Aparicio sostiene que la demanda a Google es la punta del iceberg, pues el verdadero impacto en la economía, dice, lo tiene Amazon desde el punto de vista de dominio del mercado. “También Facebook está en el ojo del huracán por motivos más que justificados desde hace tiempo.”

¿Pero llega tarde la demanda contra Google o contra cualquier otro gigante tecnológico si se produce? La respuesta no es unánime. Lo que sí parece demostrar la demanda de Google, según Dans, es que la legislación antimonopolio norteamericana hace ya varias décadas que se convirtió en una caricatura de sí misma, y que precisa de una revisión importantísima. “Recordemos que la legislación antimonopolio no debe penalizar el éxito o crecimiento de una compañía, sino las acciones en las que esta incurra para evitar que otras puedan competir libremente con ella. Mientras esa revisión en profundidad no se produzca, el resultado de este tipo de demandas será más coyuntural, y seguirá siendo el mismo: un toquecito de atención poco significativo, alguna corrección leve, y poco más, sea para Google o para otras compañías”.

Lo que probablemente sí logre esta demanda, según destaca este experto, es dificultar futuras adquisiciones tanto de Google, como de otros gigantes tecnológicos. “Los reguladores están mucho más sensibles con el tema, su nivel de comprensión de la industria aumentará, y este tipo de operaciones se estudiarán con lupa y se denegará el permiso en más ocasiones”. Lógicamente, esto perjudicará a unas big tech acostumbradas a adquirir o copiar todo lo que surge interesante en la industria, lo que las obligará a hacer más cosas por sí mismas. Pero, ojo, porque esto puede tener otro impacto no deseado. Según Dans, muchas startups ven como su sueño dorado ser adquiridas por una big tech, y si esta posibilidad se ve perjudicada, el estímulo para crear servicios innovadores puede que sea menor.

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