El nuevo mundo ha llegado a los bonos

La deuda china ofrece una rentabilidad atractiva y descorrelación frente a otros activos

El nuevo mundo ha llegado a los bonos

Desde el año 1980 y hasta hoy, los bonos de los países desarrollados habían ofrecido rentabilidades positivas. Sin embargo, actualmente esta situación es totalmente distinta y la mayoría de estos bonos ofrecen rentabilidades cercanas a cero o negativas.

Nos encontramos ante un nuevo escenario en el que las políticas de flexibilización cuantitativa de los bancos centrales han llevado a que deuda por valor de 11 billones de dólares (el 36% de la deuda a nivel global) ofrezca rentabilidades negativas. Es decir, que los inversores paguen a los Estados por endeudarse. Algo inimaginable hace unos años.

Ni que decir tiene que este nuevo mundo tiene un riesgo inherente mayor y está más correlacionado que el anterior. La incertidumbre económica mundial ha llevado la volatilidad de algunos bonos de países desarrollados a niveles de doble dígito. Así las cosas, es más necesario que nunca buscar mercados cuya renta fija ofrezca una rentabilidad nominal atractiva, así como un sólido perfil de riesgo crediticio.

En este sentido, el mercado de bonos chino ofrece las dos características que todo inversor en renta fija busca: una rentabilidad atractiva y descorrelación frente a otros activos. Además, es ya el segundo mayor mercado de bonos en el mundo, superando al japonés. Ello se debe fundamentalmente a los cambios regulatorios en el sistema financiero de China.

Así, el gigante asiático ha aprobado una serie de nuevas leyes presupuestarias para obligar a los gobiernos y empresas locales a pedir préstamos en los mercados de bonos en lugar de a los bancos. Además, el déficit del Gobierno chino ha impulsado un aumento sostenido del mercado durante los últimos diez años.

Por último, la falta de accesibilidad ha dejado de ser un impedimento desde que China abrió sus mercados locales de bonos, haciéndolos accesibles a los inversores extranjeros a través de programas como Bond Connect y CIBM Direct. Todos estos factores han hecho que China haya incrementado su peso específico en este nuevo mundo sin precedentes.

¿Cuáles son los factores que apoyan una creciente inversión en el mercado de bonos chinos? El primero de ellos es, sin duda, el factor rentabilidad que hemos abordado previamente. En segundo lugar, la baja volatilidad. Los mercados de bonos de China han sido sensiblemente menos volátiles que el resto de mercados durante las últimas crisis. Esto es, en gran medida, porque el mercado interno está dominado por inversores nacionales y el sector bancario chino es dueño de una gran parte del mercado de bonos, dos factores que no es probable que cambien en el corto plazo.

En tercer lugar, la baja correlación, es decir, ofrecen los beneficios positivos de la diversificación respecto a otros activos globales. De hecho, la economía y los ciclos políticos de China no están influenciados ni por las políticas de la Reserva Federal ni por la volatilidad del sector bancario de Estados Unidos, como sí ocurre en el caso de las economías occidentales. Los mercados de capitales de China han sido, en gran parte, inmunes a las medidas políticas de Estados Unidos.

En cuarto lugar, el buen comportamiento de los bonos soberanos chinos durante los periodos de volatilidad los ha convertido de forma creciente en valor refugio para los inversores. Por último, sus costes de cobertura de divisa tradicionalmente bajos, y que en este momento se encuentran en mínimos históricos, hacen los bonos chinos especialmente accesibles para los inversores internacionales.

Estos factores que acabamos de describir se ven reforzados por una serie de tendencias de largo plazo que apoyan la necesidad de ir incluyendo de forma gradual activos chinos en el contexto de una cartera diversificada y de manera estructural, más allá de tratarse de una alternativa temporal a la situación generada por la pandemia. Estos factores son el aumento del renminbi (RMB) chino como reserva global, el envejecimiento de la población y su impacto sobre el sector de las pensiones local, y la carrera de China por convertirse en la primera potencia económica a nivel global.

En cuanto a la primera de esas tendencias, las cifras indican que el renminbi se está convirtiendo en moneda de reserva de forma gradual. La estabilidad macroeconómica y la creciente apertura del mercado chino determinarán el ritmo de implantación de su divisa como moneda de reserva. Aunque es poco probable que el renminbi suplante al dólar, sí esperamos que ese papel se generalice en los próximos años.

Con respecto a la segunda tendencia, China tiene una de las poblaciones de edad más avanzada y de más rápido crecimiento en el mundo, con una estimación de personas mayores de 65 años en 2030 en torno a los 247 millones. Para hacer frente a este desafío, el país está llevando a cabo una profunda reforma de su industria de pensiones, lo que conducirá a un aumento de la demanda de bonos para satisfacer las necesidades de ingresos de esos pensionistas.

Por último, a pesar del impacto del Covid-19, la creciente influencia de China se siente en todos los rincones y sectores de actividad. Todo apunta a que acabará superando a Estados Unidos como la mayor economía del mundo a finales de la década que acabamos de estrenar. El nuevo mundo ha llegado.

Álvaro Cabeza es country manager de la gestora UBS AM