Cómo y cuándo se producirá la recuperación económica

Parece más probable que la mejora de Asia y la UE se estabilice y aumente de forma moderada, y que se llegue al 90% de la actividad a final de año

Playa de la Malvarrosa (Valencia), este domingo.
Playa de la Malvarrosa (Valencia), este domingo. EFE

Han pasado más de cinco largos meses desde que el virus causante del Covid-19 paralizó el planeta. En la actualidad hay todavía varios países luchando para doblegar al virus, mientras otros trabajan muy duro para no perder el precario control que han conseguido. La crisis de salud pública no ha finalizado y continúan existiendo numerosas dudas, pero ha llegado el momento de la recuperación económica.

Controversia y coronavirus parecen ir de la mano. Desde el punto de vista de la respuesta a la crisis, hay países que han optado por utilizar todas las herramientas disponibles –confinamiento, pruebas generalizadas, rastreo y aislamiento de las personas infectadas, aumento de la capacidad de los hospitales, distancia social...– para contener la propagación de la enfermedad. Otros, en cambio, han sido incapaces de aplicar estas herramientas o sencillamente han decidido no hacerlo.

El primer grupo, formado específicamente por Asia y la Unión Europea (UE), parece tener bajo control la situación sanitaria, pese a varios brotes que han ido surgiendo recientemente en la eurozona y generan incertidumbre en varios países, y más especialmente tras las recomendaciones de no viajar a determinados destinos dado el aumento de positivos por Covid-19. Aun así, cabe esperar que continúen progresivamente con el proceso de reapertura de sus economías.

Para llevar a cabo el seguimiento de la recuperación es necesario establecer el punto en el que se encontraba una economía en el punto álgido de la crisis y compararlo con su situación actual, o con la que cabe esperar a finales de 2020. Con este fin, hay que tener en cuenta un promedio de ocho indicadores que abarcan las esferas empresarial, comercial, productiva, del consumo y de la movilidad.

Tomemos el ejemplo de China. En su punto más bajo, la actividad se había desplomado hasta el 39% de su potencial. Posteriormente se ha recuperado hasta el 94%. La Unión Europea ha seguido una trayectoria similar: la actividad cayó al 51% de su potencial en su peor momento, para recuperarse a continuación.

Así, se aceleró en julio más allá de las expectativas al alcanzar el mayor ritmo de expansión desde junio de 2018, según refleja el PMI (índice de gestores de compras), que se situó en 54,9 puntos desde los 48,5 del mes anterior. Estas cifras reflejan tanto la gravedad de la crisis provocada por el Covid-19 como la rapidez de la recuperación económica posterior.

Hasta el momento, por tanto, la recuperación (en Asia y Europa, al menos) parece tener forma de V. Sin embargo, en lo sucesivo es probable que no se mantenga esta senda. Parece más probable que se estabilice o crezca de forma moderada, dado que las economías están trabajando para recobrar su potencial residual en los próximos trimestres y a lo largo del año 2021.

Además, es probable que el retorno de la actividad mundial a aproximadamente el 90% de su potencial llegue a finales de este año, y que la salida oficial de la recesión se produzca en el tercer trimestre.

Puede que algunos sectores padezcan las consecuencias de la crisis durante bastante tiempo, como por ejemplo el turismo y la restauración, lo que significa que el 5%-10% restante de la actividad puede tardar en recuperarse. Ya estamos viendo sus consecuencias en países del sur del continente europeo, cuya economía depende en gran parte del turismo, como es el caso de España o Italia, zonas donde han aumentado el número de casos positivos por coronavirus los últimos días.

No nos equivoquemos: el mundo al que volveremos se caracterizará por un lento crecimiento, una desigualdad cada vez mayor, un aumento de la deuda (aunque soportable, dados los niveles actuales de los tipos de interés) y unas tasas de inflación benignas, que implican unos rendimientos bajos o negativos en el futuro previsible. Básicamente, las posibilidades de que los tipos a corto plazo aumenten próximamente son nulas.

También existe la posibilidad de que llegue una segunda oleada muy perjudicial que obligue a un nuevo cierre total en muchas partes del planeta, las políticas de apoyo se retiren excesivamente pronto o se generalice el proteccionismo. Sin embargo, también es posible un escenario más positivo del que estamos cada vez más cerca, en el que los avances médicos cristalicen en una vacuna probada contra el Covid-19 o se encuentre un tratamiento eficaz antes de lo esperado.

En resumen, la economía mundial se está recuperando ya de la crisis provocada por el Covid-19, respaldada por unas políticas de apoyo sin precedentes. El camino hasta la recuperación total, no obstante, será largo y, cuando lleguemos al final, los desafíos a largo plazo continuarán presentes.

Samy Chaar es economista jefe de Lombard Odier