La inversión y el ahorro cuando los tipos cero empujan a asumir riesgos

En España el simple efecto precautorio ha llevado a los hogares a alojar hasta 900.000 millones de euros en cuentas a la vista o depósitos a plazo

La crisis de esta primavera ha venido a consolidar la polítca monetaria expansiva y a prolongarla durante otra década, tras estar durante la que ahora concluye con el precio del dinero en el cero por ciento y regando al sistema bancario, a las empresas y a la economía en general con cantidades ingentes de dinero. Solventar la parálisis de liquidez de los mercados primero, desbloquear la desconfianza en el sistema bancario mundial después y combatir las andanadas de la deflación en tercer lugar, han absorbido las energías de los bancos centrales. Ahora tienen que repetir la operación para respaldar los descomunales esfuerzos fiscales de los gobiernos por recomponer el tejido productivo y proteger las rentas de la población, e insistir en el combate despiadado contra la deflación que no cesa. Así las cosas, nadie da un duro porque los tipos de interés suban en los próximos años, lo que supone una penitencia muy grande para el ahorro tardicional, y una presión importante para asumir mayor nivel de riesgo a la búsqueda de algo de rentabilidad.

Este es el panorama para la inversión en los próximos años, no muy diferente del de los pasados, aunque ahora está también en cuestión cuándo se recuperará el crecimiento de la economía de forma sostenida. En España el simple efecto precautorio ha llevado a los hogares a concentrar en los depósitos tradicionales el nuevo ahorro generado en los últimos meses, y hasta 900.000 millones de euros están alojados en cuentas a la vista o depósitos a plazo, expuestos a una generosa rentabilidad nominal que oscila entre el 0,01% y el 0,04%, según el Banco de España. Unos retornos negativos si tenemos en cuenta que la poca inflación que surja engullirá la retabilidad financiera nominal.

Ante esta situación no queda más solución que buscar la rentabilidad en otro tipo de productos, asumiendo riesgos, siempre acordes con el perfil de cada ahorrador/inversor. Los expertos recomiendan tomar algunas participaciones en renta variable, optando por cotizadas muy solventes si la edad del comprador está cercana al retiro, o por empresas de crecimiento si se puede proporcionar largo plazo a la inversión. Los productos estructurados que combinan renta fija con variable, pero badasos en depósitos, son desaconsejables para el ahorrador tradicional. En caso de optar por la renta variable de forma particular, es aconsejable buscar empresas con retornos recurrentes vía dividendo, a ser posible con poca deuda y con compromiso familiar en la gestión y en la permanencia del negocio. Cualquier incursión en fondos de inversión no alineados con este criterio, en materias primas, en oro o en divisas precisa de un conocimiento muy detallado del mercado o del asesoramiento profesional de los expertos.