Crece la presión en los despachos para acelerar la vuelta a las oficinas

El teletrabajo como fórmula permanente de organización no convence; en algunos bufetes el retorno ha dejado de ser voluntario

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Los despachos de abogados se encuentran sumidos en un intenso debate sobre la velocidad a la que debe recuperarse la actividad normal en sus oficinas (el business as usual). Cuatro meses después del confinamiento, cada vez son más los socios directores y socios que reclaman acelerar el retorno presencial a las sedes. Les preocupa, explican varios de ellos en conversación con CincoDías, la caída de la actividad (mayo ha sido un mes malo en muchas firmas) y la desconexión que detectan en algunos equipos y profesionales. Se trabajó mucho y bien tras la declaración del estado de alarma, pero en las últimas semanas, admiten, la productividad se está resintiendo.

Entre los responsables consultados es mayoritaria la percepción de que el teletrabajo es un buen sistema en determinadas circunstancias, pero que también tiene sus inconvenientes y no puede ser el régimen normal de funcionamiento en los bufetes.

A pesar de que la posición prorretorno a las oficinas (con estricto respeto a las medidas de seguridad, eso sí) gana fuerza en los despachos y cuenta con el respaldo de muchos socios directores, ni mucho menos se ha traducido ya en la orden general y directa de vuelta en todas las firmas. La cuestión es delicada. En primer lugar, porque una actitud intransigente con los profesionales que aún tienen miedo podría ser muy mal recibida en las plantillas. En segundo término, porque no son pocos los que siguen teniendo dificultades de conciliación. Y, por último, porque en algunos despachos internacionales (especialmente los británicos) la instrucción de la matriz es priorizar el teletrabajo y que el retorno sea voluntario, por lo que la dirección en España no puede imponer la reincorporación; como mucho, incentivarla. Eso explica que el retorno esté mucho más avanzado en los nacionales.

Retorno cada vez menos voluntario

Todas estas circunstancias se traducen en un mapa de oficinas ya operativas, pero, en la mayoría de los bufetes, aún con escasa presencia de profesionales. De hecho, en pocos se aprovecha el aforo máximo previsto. La excepción es Cuatrecasas, única firma que asegura mantenerse en régimen de teletrabajo; el acceso a sus sedes está permitido, pero siempre de forma temporal y excepcional.

El escenario, en todo caso, es muy distinto al que se registraba en la segunda quincena de mayo, cuando este diario preguntó por la fecha prevista de vuelta a las sedes. Entre los grandes, solo Osborne Clarke tenía ya sus oficinas plenamente operativas. El resto, o bien aún no se planteaban el retorno del grueso de sus plantillas, o bien aguardaban a la evolución de la desescalada para concretar el momento.

En las últimas semanas, sin embargo, el acelerón es notable y ya hay despachos que reconocen que el retorno presencial ha dejado de ser voluntario. Es el caso de CMS Albiñana & Suárez de Lezo o Hogan Lovells. El primero permitió a sus profesionales elegir volver desde el 22 de junio, pero a partir del día 29 determinó “la reincorporación presencial al despacho mediante un sistema de turnos”, explican. En Hogan, por su parte, la vuelta era voluntaria desde el 8 de junio, pero a partir del 6 de julio se procedió a dividir a la plantilla en dos grupos para que acudan a la sede por semanas alternas.

El sistema implantado por Roca Junyent, con turnos a jornada completa, es muy similar. Tanto Roca como Hogan, no obstante, excluyen la presencia de perfiles de riesgo o con problemas de conciliación.

Desde Pérez-Llorca, asimismo, aseveran que sus profesionales “trabajan con normalidad”, salvo quienes por circunstancias personales o de salud tienen recomendado no acudir a las oficinas. En Garrigues se está introduciendo “de forma paulatina y ordenada el trabajo presencial por turnos”, combinándolo con el teletrabajo. Modelo que se asemeja al implantado en Gómez-Acebo & Pombo y Broseta.

En Uría Menéndez, por su parte, la vuelta es voluntaria, pero subrayan que “la preferencia del despacho tras el estado de alarma ha sido el trabajo presencial”. En la misma línea, Ecija permite el teletrabajo pero destaca que “anima a sus profesionales a retomar la actividad normal”.

Libre elección

Frente a la posición de estos bufetes se sitúan los que oficialmente dicen no poner matices a la voluntariedad de optar entre el teletrabajo o la presencia en la sede. La mayoría de este grupo son internacionales: Clifford Chance, Latham & Watkins, Herbert Smith Freehills, DWF-RCD, DLA Piper, Ashurst, Andersen, Mazars o Pinsent Masons. Linklaters, también en este régimen, avanza no obstante que su previsión es retomar su esquema habitual de trabajo en septiembre. En Osborne Clarke explican que, tras bastantes semanas ya en funcionamiento, casi toda la plantilla se ha reincorporado voluntariamente con lo que no han hecho falta indicaciones por parte de la dirección.

Desde Freshfields, por su parte, apuntan que se mantienen en remoto “con carácter preferente” y la incorporación es voluntaria, pero agregan que confían que los profesionales “muestren la flexibilidad necesaria y estén en disposición de acudir a la oficina cuando las necesidades del trabajo lo requieran”. También se adhieren a la libertad de elección, al menos de momento, despachos nacionales como Ramón y Cajal o Ceca Magán, y una big four como EY Abogados. En cambio, Deloitte Legal, KPMG Abogados y PwC Tax & Legal explican que han implantado un sistema de turnos que excluye a quien tenga problemas o sea persona de riesgo.

La voluntariedad de retorno que existe en muchos de estos despachos, no obstante, no cuenta con el apoyo de todos los socios. De hecho, en varios de ellos admiten que hay miembros de su partnership que están presionando a sus equipos para que elijan volver a las oficinas. En otros anticipan que las tensiones se producirán tras el verano, cuando las exigencias del negocio obliguen a dar instrucciones de reincorporación más claras.

“No todo es miedo, también hay pereza”

El ánimo de los despachos ha pasado por varias etapas durante la pandemia. Superados el shock y el tsunami de trabajo iniciales, y cuando los números han empezado a mostrar que el negocio se resiente (los bufetes suelen notar con cierto retraso los efectos de las crisis), han ganado fuerza las voces que reclaman acelerar la vuelta. La discusión entre estos y los partidarios de extremar la prudencia está siendo intensa en las firmas. Ahora bien, si hace mes y medio los segundos se imponían claramente, en las últimas semanas la balanza empieza a decantarse por el otro lado.

Sin embargo, y para sorpresa de algunos socios y socios directores, cuando han entendido que ya se daban las condiciones para afrontar la vuelta con seguridad, se han topado (y se están topando) con una importante resistencia de las plantillas para retomar la actividad presencial.

De hecho, la reincorporación voluntaria, explican, no ha funcionado como esperaban. Según relatan varios responsables de firmas, la falta de entusiasmo por volver ha sido notable incluso entre socios que “han arrastrado o están arrastrando los pies” para reincorporarse. “No todo es miedo, también hay pereza”, coinciden los consultados más críticos.

Quienes están más pegados a la generación de negocio, sin embargo, no ocultan su preocupación porque esté costando tanto retomar la actividad. Prueba de este letargo, ejemplifican desde varias firmas internacionales, es que durante el confinamiento se recomendó el consumir días de vacaciones para tener a los profesionales disponibles en agosto, cuando se preveía un aluvión de trabajo. En esos mismos despachos, a día de hoy, nadie espera pasarse el verano pegado al ordenador. “Será tranquilo”, auguran.

Una sensación compartida es que las miradas están puestas en septiembre. “¡Y aún estamos en julio!”, exclama el socio responsable de un bufete, que recuerda que este es un mes clave para la facturación de las firmas. “Las cabezas están en modo vacaciones y, tras el verano, ya se verá”, apunta un socio director con preocupación. “La gente está quemada; han sido meses muy duros”, expone como disculpa el socio de un despacho nacional que, en todo caso, reconoce estar a favor de “empujar a la gente a volver a las oficinas”.

Los que han acelerado la vuelta, en cambio, aseveran que ya están sintiendo la activación de los equipos y, lo que es más importante, la de los clientes. El funcionamiento de la oficina se ha transformado en consultas e, incluso, reuniones de trabajo presenciales con algunos de ellos.

Los límites del teletrabajo

No todo es pereza, no obstante. La práctica totalidad de los directivos consultados agrega un segundo elemento que explica la caída de la actividad registrada principalmente en mayo: el teletrabajo. Es una opinión compartida que la distancia física y las comunicaciones telemáticas desconectan a los equipos e impiden exprimir las sinergias que sí se activan en las oficinas.

Además, añaden algunos abogados, dificulta mucho la actividad comercial. “Cuando llamas a un cliente por Zoom, hablas del tema concreto a tratar y te despides. No hay margen para esos diez minutos de charla distendida durante el café, que a la larga son clave”, relata un mercantilista que se reconoce frustrado porque por videoconferencia su “capacidad de seducción es mucho menor”.

En remoto también resulta muy difícil la formación de júniors y becarios. De hecho, muchos despachos han prescindido de sus abogados en prácticas o han reducido la incorporación de nuevos. Otros, sin embargo, encuentran precisamente en esta circunstancia otra razón para volver.

Además, también se teme la pérdida de cultura y cohesión interna, elementos fundamentales en las firmas y que muy pocos tienen claro cómo deben cultivarse estando los profesionales en remoto.

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