La náutica, una industria clave ante la dura travesía de otra crisis

El sector afronta la amenaza de una nueva recesión global cuando todavía no ha logrado recuperar la situación anterior al crac de 2008

La náutica, una industria clave ante la dura travesía de otra crisis

La industria náutica en España vuelve a afrontar tiempos de incertidumbre con la actual pandemia de coronavirus. Esta epidemia trae consigo la amenaza cierta de una nueva crisis económica global, que esta vez toma a los Estados más debilitados tras la crisis de 2008, lo que afecta a los sectores privados. El sector náutico y los astilleros no son una excepción.

En 2019 se matricularon 6.080 embarcaciones de recreo (+9,65%), pero estas cifras quedan muy lejos de las hasta 13.000 embarcaciones anuales anteriores al crac de 2008. La anterior crisis fue un mazazo para el sector. Se tradujo en miles de embarcaciones amarradas, un mercado de segunda mano que no encontraba comprador y la desaparición de cientos de proyectos de nuevos barcos. El mercado comenzó su lenta reactivación en 2013, pero incluso los fuertes incrementos en matriculación de embarcaciones de los últimos años no han conseguido devolver al sector a su situación precrisis.

Esta nueva crisis epidémica ha encontrado al sector náutico en un proceso de adaptación al nuevo escenario de crecimiento limitado. Muchos fabricantes españoles han desaparecido. Las compañías que hemos resistido en pie hacemos embarcaciones más pequeñas y de calidad, producciones menores, nuevos lanzamientos más espaciados y rentables.

La actual epidemia supone el riesgo, en primer lugar, de que los Estados disminuyan su adquisición de embarcaciones en un esfuerzo de apretarse el cinturón. En segundo lugar, que una nueva crisis económica o las políticas de salud pública y personal afecten al comprador privado. La sociedad va a cambiar después de esta pandemia, especialmente hasta que se encuentre una vacuna. Al menos durante un tiempo, nos encontraremos con un mundo más cerrado y con menos viajes. Se generarán otros modelos de vida y comportamiento, ya sea por miedo, por restricciones de cada Estado o por motivos económicos.

Aunque a menudo considerado en España como un sector elitista y asociado al lujo, las cifras demuestran que el sector náutico es un motor económico para los países que saben aprovecharlo. Según los últimos datos de 2017, la UE es el principal fabricante náutico del mundo. Superó los 31.000 millones de exportaciones en cinco años, casi triplicando las cifras americanas y acumulando la mitad de cuota de mercado mundial.

En España hablamos de un sector históricamente clave. Según información de Puertos del Estado, solo la náutica deportiva (construcción, reparación, industria asociada, servicios auxiliares) aporta cerca un 0,7% del PIB nacional y más de 110.000 empleos, directos e indirectos. Empleos de alta cualificación y bien remunerados. Es un sector de mucho prestigio y especializado, en el que España se encuentra en los lugares más destacados de la UE. Además, está muy ligado a la exportación. Y todo este cómputo solo hace referencia a la náutica deportiva. Porque la industria española, más allá de las mencionadas, también nutre de otras embarcaciones específicas a salvamento marítimo y cuerpos de policía de todo el mundo.

Toda crisis supone a partes iguales una prueba y una oportunidad. El sector náutico sufrió una fuerte reconversión en España durante los años noventa y ha tenido que adaptarse al nuevo escenario poscrisis. Pero las empresas que han resistido, adaptándose a los nuevos retos y formas de consumo, lo han hecho más fuertes. Convertidas en empresas competitivas y líderes en mercados internacionales, las embarcaciones españolas son referencia global desde Europa hasta el otro lado del Atlántico.

El número de embarcaciones en España ronda las 4 por cada 1.000 habitantes, uno de los más bajos de los países europeos, máxime teniendo en cuenta nuestros kilómetros de costa. Hay mucho mercado por explotar. Sectores como el de alquiler de embarcaciones, muy importante en un país turístico como España, han demostrado su potencial inexplorado y su vocación de sostenibilidad. El sector náutico puede mirar al de los automóviles, que se está ­reorganizando hacia servicios de alquiler y coches compartidos que suplan el descenso de ventas de vehículos en propiedad. Pero la gente sigue disfrutando de ir en coche. Y también seguirá disfrutando de una buena embarcación.

España es un país en el que la costa tiene un papel predominante y, pese a todo, el mar suele ser un gran olvidado en situaciones de crisis. El 60% del tráfico global se produce por vía marítima; las fronteras marítimas exigen protección, sus navegantes y pasajeros, seguridad y salvamento; los puertos disponen de cientos de pantalanes que acogen embarcaciones de familias y turistas dispuestas a zarpar con el buen tiempo a disfrutar del placer de navegar, al sol, al aire fresco y límpido.

En el mar no hay descanso y en un sector tan imprescindible, tampoco. En los astilleros gallegos, uno de los corazones de la industria náutica española, este inesperado virus nos ha sorprendido, como a tantos españoles, trabajando. Y continuaremos haciéndolo para que el sector se adapte, como siempre ha hecho. Esta nueva crisis que afrontamos se parece a una dura travesía. En los momentos más difíciles de una travesía, estamos separados en nuestros puestos, pero unidos como equipo. Mantengamos el rumbo, la calma y confiemos en nuestra tripulación, y llegaremos a buen puerto.

Manuel Rodríguez es Presidente del grupo Rodman