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El debate sobre la vuelta de la banca al capital de las empresas

El sector parte de una posición sólida de capital en la crisis del Covid-19 y su objetivo es que el tejido industrial no caiga

Vista de aviones detenidos en el Aeropuerto en la cuarta semana de cuarentena obligatoria por la COVID-19, en Buenos Aires (Argentina).
Vista de aviones detenidos en el Aeropuerto en la cuarta semana de cuarentena obligatoria por la COVID-19, en Buenos Aires (Argentina). EFE

La crisis sanitaria del coronavirus ha caído en el planeta como un meteorito gigante que ha destrozado todo lo que estaba a su alcance. No hay ni un solo país en el mundo cuya economía y planificación no se haya visto totalmente afectada. Es como si esos cimientos que considerábamos sólidos se hubieran derrumbado como si fueran de papel. Esta crisis ha demostrado que la seguridad no existe, que todo, absolutamente todo es más vulnerable de lo que se estimaba.

En este escenario de prueba y error, en el que los Gobiernos no tenían preparados ni plan A ni plan B, los bancos intentan lavar sus heridas del pasado más inmediato y convertirse en la solución, como pregonan todos sus responsables del sector desde que se inició el estado de alarma en España.

Ahora parece que fue hace años, muchos años, cuando la banca española tuvo que recibir ayudas públicas por más de 40.000 millones de euros, una cifra muy elevada, pero que tras las pérdidas que ahora se barajan en varios sectores clave de la economía queda más diluida.

Desde que se tuvo conciencia de la gravedad de la pandemia y sus consecuencias en la economía, que ha arrastrado al paro a casi cuatro millones de personas en apenas un mes y medio, los bancos han querido ponerse al frente de las ayuda, auspiciados y amparados por el Gobierno y por las instituciones europeas como el Banco Central Europeo.

Las entidades han intensificado sus foros para buscar soluciones a la crisis del coronavirus

A su favor tienen que ahora cuentan con una sólida solvencia, a tenor de lo que afirman supervisores, Gobierno y el propio sector, lo que les permite apoyar a otros sectores sin poner en peligro sus ratios de capital. La liquidez ahora tampoco es un problema para estas entidades financieras, más tras la bazuca del Banco Central Europeo para que no les falte de nada a estas instituciones para que puedan inyectar crédito a la economía.

Pero la solidez de la banca no se corresponde con la de otros sectores que se han visto atrapados de lleno por la crisis y su actividad se ha paralizado por completo, caso de las aerolíneas, caso de la hostelería o de las empresas vinculadas al turismo, que dan por perdido ya el año.

Ante ello, se ha abierto a nivel internacional, incluido España, un debate sobre la necesidad de que Gobiernos y sector privado puedan participar para sacar a flote a la empresas más asfixiadas por la crisis sanitaria. Los fondos de inversión más agresivos ya tienen puesto el ojo para invertir en empresas en derribo por la actual situación sanitaria y económica.

Pero el debate abierto no se limita a la inversión que puedan hacer los fondos de inversión. El objetivo del debate es que Gobiernos y bancos colaboren para inyectar también capital a las empresas con futuro, pero ahora golpeadas por la crisis.

La idea, explican fuentes financieras, es que los bancos participen, junto a los Estados, en el capital de esas empresas. La Comisión Europea ha propuesto que se permita inyectar dinero público en empresas en crisis por el coronavirus.

Este sería un primer paso. El siguiente es que también participe la banca, convirtiendo, previsiblemente, deuda en capital. Esta fórmula no es nueva. De hecho, durante la crisis financiera y hasta hace poco el elevado número de refinanciaciones obligaron a los bancos a transformar sus créditos en capital. Eso sí, estas operaciones provocaron, en general, números rojos a las entidades financieras, que tuvieron que llevar a cabo grandes quitas, “pero era eso o perder todo”, apunta un director general de una entidad financiera.

La banca española siempre había estado vinculada al sector industrial del país. La Caixa era el principal inversor nacional, pero no era el único. Las cajas de ahorros tenían grandes inversiones en el tejido industrial español, que tras su caída fueron sustituidas por los fondos de inversión.

BBVA o Banco Santander también tenían unas importantes carteras industriales. Pero la crisis, y antes ya los supervisores, terminaron con este modelo. “Zapatero a tus zapatos”, reclamaron los supervisores a la banca, que tuvo que abandonar sus empresas si no quería ser duramente penalizada con unas elevadas exigencias de capital.

Ahora, el debate ha vuelto a poner sobre la mesa la posible participación de la baca en el capital empresarial. Eso sí, temporalmente, y como vía para salvar a algunas empresas, caso de algunas aerolíneas.

La banca, por lo menos la española, y expertos llevan tiempo colaborando en distintos foros, que ahora se han intensificado para busca soluciones a las consecuencias económicas de la crisis del Covid-19. Aunque en este caso concreto de su participación en el capital empresarial ha sido importado, según explican fuentes financieras. Habrá que ver en qué quedan estas discusiones, aunque las conclusiones deben ser rápidas. En cuestión de semanas.

Mientras, el propio sector financiero tiene que resolver sus escollos, la caída del negocio. De momento, esta semana comienza la presentación de resultados del primer trimestre, periodo poco afectado todavía por el coronavirus, como ya comentó la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, en la junta de la entidad celebrada el pasado 3 de abril.

La banquera aseguró que durante los dos primeros meses el negocio había ido bien, por lo que la crisis del coronavirus apenas tendría efectos en los resultados de enero a marzo. Pero los supervisores han preferido que la banca empiece a crear un colchón de provisiones desde el primer momento, para que aminore en lo que pueda el impacto de la caída de la actividad económica a partir de mediados de marzo en sus cuentas resultados. De ahí que ya en este trimestre se notará el efecto negativo del coronavirus, ya que la banca aumentará sus dotaciones.

Pese a ello, los bancos darán beneficios, menos de los que tenían previstos, pero no entrarán en pérdidas. Estos resultados, de cualquier forma, irán directamente a sumarse al capital, ya que el BCE ha recomendado que este año no den dividendos, por lo menos hasta octubre.

 

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