La crisis sanitaria evidencia los fallos del sistema educativo

Los expertos insisten en que la repetición de curso afecta especialmente a los alumnos más desfavorecidos

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EFE

Este año las repeticiones de curso serán de carácter excepcional. Así lo anunció este miércoles la ministra de Educación, Isabel Celaá, quien hizo un llamamiento a las comunidades autónomas y los centros educativos para que, por norma general, todos los alumnos pasen de curso. En caso de que desde el colegio o instituto decidan que lo mejor para el estudiante sea repetir el año, la propuesta debe estar “sólidamente argumentada y acompañada de un plan preciso de recuperación en cada uno de los informes que se entregará a cada alumno”, apuntó la responsable de la cartera de Educación.

La medida busca que la crisis provocada por la expansión del Covid-19 no cause más estragos en los estudiantes, quienes tratan de acabar el curso a distancia confinados en sus hogares. El consultor de educación del Banco Mundial Lucas Gortázar celebra la decisión, pues considera que era necesario establecer “una medida de gracia consciente con la situación que viven todos los miembros del mundo educativo”. Especialmente, continúa, con aquellos que no tienen acceso a sus profesores y a sus compañeros por falta de recursos, de material o capacidad económica de sus padres.

La directora de educación y formación de la Fundación Cotec, Ainara Zubillaga, también es tajante: “La repetición es una medida injusta, ineficaz y cara”. Una postura que extiende a todos los niveles educativos en todos los contextos, pero aún con mayor vehemencia en una situación de emergencia como la actual, cuando los alumnos se ven afectados por una serie de variables que no controlan ellos. La portavoz de Cotec, que lanzará el lunes un documento con propuestas para hacer frente a la crisis de emergencia sanitaria que ha obligado a cerrar las escuelas, asegura que este escenario ha evidenciado grietas conocidas al tiempo que ha generado otras nuevas. “La cultura del esfuerzo y la meritocracia se basa en que todos partimos de la misma base, pero eso no es verdad”, recuerda Zubillaga.

Los expertos echan en falta una mayor concreción en la recomendación de Educación, que deja a la elección de las comunidades la forma de aplicar esta propuesta. Esta indeterminación, apunta Zubillaga, puede generar todavía más desigualdades entre las comunidades autónomas. De hecho, algunas regiones, como Andalucía, Madrid, Castilla y León y País Vasco, ya han anunciado que no ejecutarán el acuerdo suscrito por el Ministerio con las autonomías. En realidad, el anuncio del Gobierno solo ratifica un punto que ya estaba incluido en la legislación: la repetición será siempre una medida de carácter excepcional. “Pero hay un reconocimiento, por parte de la comunidad educativa, de que se hace un abuso injustificado de la misma”, apunta Gortázar, quien recuerda que está demostrado que repetir curso no hace que los alumnos aprendan mejor.

La brecha tecnológica no es más que la demostración de la brecha social existente

Andrés Conde, director general de Save The Children

La ministra de Educación, Isabel Celaá.
La ministra de Educación, Isabel Celaá. EFE

Para acotar esta ambigüedad, y evitar que se haga un uso aún mayor de esta herramienta debido a la crudeza de la situación, el experto del Banco Mundial sugiere que lo razonable sería dejarles claro a los centros educativos que este año no pueden hacer repetir a un porcentaje mayor de alumnos de los que lo hicieron el año anterior, y que lo deseable sería que esta tasa estuviera en torno a la mitad. “Así, la escuela se responsabilizaría de la situación con unas directrices más claras”, justifica. Para Gortázar los reproches que se están haciendo estos días a la medida ilustran el arraigo cultural que tiene el suspenso en España, donde la tasa de repetición es la más alta de toda Europa, y una forma de entender el aprendizaje, con castigos, que no se corresponde. “Esta diferencia no se debe a que los alumnos españoles tengan peores competencias, sino a que se les exige más que a otros para pasar de curso”, desarrolla.

Una de estas voces críticas es Enrique Castillejo y Gómez, presidente del Colegio Oficial de Pedagogos y Psicopedagogos de la Comunidad Valenciana y presidente del Consejo General de Colegios Oficiales, quien lamenta que no se haya actuado más rápido. El directivo insiste en que se tenía que haber preparado una guía para el profesorado para establecer durante los primeros 15 días cuáles iban a ser los criterios de evaluación, así como un estudio para identificar la situación de las familias y cuáles son de verdad sus carencias desde el punto de vista tecnológico. “Los profesores están haciendo un trabajo enorme totalmente desprovistos de medios. Esta crisis no la va a salvar ni el Ministerio, ni las comunidades, sino los centros educativos”, añade, a la vez que sostiene que este “aprobado general encubierto” solo va a hacer que los alumnos que necesitaban hacer un esfuerzo extra dejen de intentarlo.

Castillejo y Gómez cree que esta crisis no ha hecho más que evidenciar las carencias del sistema educativo. “Llevamos años pidiendo que se invierta en digitalización, lo que no es solo tener una pizarra interactiva, sino formar a los alumnos y al profesorado”, denuncia. Hay empresas que se ofrecieron a donar material y conexión a internet para quienes no pudieran acceder a ello de otras formas, continúa, “pero los padres y los alumnos no pueden estar quejándose continuamente del sistema educativo”.

No obstante, Andrés Conde, director general de Save The Children, una de las organizaciones que promovió inicialmente esta petición, insiste en que el acceso a los dispositivos no es suficiente para poder continuar con el desarrollo del curso en remoto. “La brecha tecnológica no es más que la evidencia de la brecha social existente. En los contextos sociales más desfavorecidos, los padres no tienen ni las habilidades ni el nivel cultural suficiente para poder apoyar a sus hijos en este proceso de aprendizaje. Eso es mucho más importante que disponer de las herramientas tecnológicas”, recuerda.

El responsable de la ONG hace hincapié en que los niños en situaciones de vulnerabilidad están más desvinculados de su entorno educativo, pues el 80% de los que se encuentran en esa posición no están teniendo un seguimiento. “Somos conscientes de que el profesorado está trabajando mucho y, que si no se llega, no es por una falta de esfuerzo, sino por la situación familiar”, explica el experto. El riesgo de repetir curso, continúa, para los alumnos que están en situación de pobreza es seis veces mayor y el confinamiento solo multiplica este dato. “Además, sabemos que la repetición no corrige el fracaso escolar, sino que acentúa el proceso de desvinculación”, concluye.

Una oportunidad

  • El currículo. Según la directora de formación y educación de la Fundación Cotec, Ainara Zubillaga, el currículo educativo es una de las materias que requiere una transformación más urgente. “Se supone que a la escuela se va a adquirir competencias, no a memorizar contenidos. Pero ahora, a la hora de priorizar, todo el mundo está pendiente de qué contenidos entran y cuáles se quedan fuera, en lugar de poner el foco en las habilidades”, lamenta.
  • En el futuro. Zubillaga asegura que es consciente de que todo el mundo lo está haciendo lo mejor posible porque hay que actuar rápido, pero, de cara al año que viene, “se abre una oportunidad de oro para adelgazar el currículo”. Una medida que, recuerda, ya había puesto el Ministerio sobre la mesa, “pero esta crisis puede actuar como acelerador”.

La cultura del esfuerzo se basa en que todos partimos de la misma base, pero eso no es verdad

Ainara Zubillaga, directora de formación y educación de la Fundación Cotec

Entre las medidas anunciadas por Celaá también se encontraba que el año escolar acabaría en junio, pero que los centros educativos estarían abiertos durante el verano, con el fin de ofrecer clases de refuerzo de carácter voluntario para los alumnos que tienen más problemas para seguir el curso a distancia. Una noticia que celebra el exsecretario de Estado de Educación y coordinador de la plataforma Eduforics, Álvaro Marchesi, quien, sin embargo, echa en falta alguna referencia a la dimensión emocional de los estudiantes, especialmente si van a estar casi cuatro meses sin contactar con sus profesores y sus compañeros. “No hay que tener en cuenta solo los aspectos académicos, sino también los emocionales”, apunta.

Para ello, el experto sugiere que, si Sanidad lo permite, los centros deberían abrir tres horas al día durante las dos primeras semanas de julio para servir como punto de encuentro para todos los alumnos –no solo para aquellos que hayan tenido más dificultades–, donde compartir experiencias y sentirse vinculados de nuevo al centro. “No están solo confinados, sino que se encuentran en situaciones muy duras, han podido perder familiares, problemas en casa, para comer..., por lo que necesitan volver a ver a sus profesores, no a monitores que no los conocen como se había comentado” apoya. Una idea que también preocupa a la vicepresidenta del Consejo de la Juventud de España, María Rodríguez, quien reivindica que “estos puestos de trabajo deben ser ocupados desde el lado público, en ningún caso con voluntarios como se ha dejado caer”.

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