La respuesta de la distribución alimentaria a un desafío histórico

La crisis ha demostrado que la cadena de valor en el sector funciona a un altísimo nivel que no ha sido improvisado

La respuesta de la distribución alimentaria a un desafío histórico

Las empresas de distribución alimentaria están respondiendo en estos días a un desafío sin precedentes: garantizar el abastecimiento de la población en una crisis sanitaria que ha obligado al confinamiento de todos los ciudadanos del país y a la paralización de toda la actividad no esencial. En los primeros momentos, como consecuencia de anuncio del estado de alarma, los consumidores se agolparon en las tiendas para acaparar productos básicos, como nunca había ocurrido antes. Este hecho creó enormes problemas logísticos y de presión sobre las tiendas y sobre los trabajadores. Afortunadamente, el buen hacer de las empresas y, sobre todo, la actitud profesional, responsable y generosa de esos trabajadores permitió que, en muy poco tiempo, los ciudadanos recuperaran la confianza. Y toda la cadena alimentaria, con un gran esfuerzo, consiguió que los productos se repusieran en tiempo record, que las tiendas permanecieran plenamente operativas y que su surtido cubriera todas las necesidades de los consumidores, en un momento tan difícil para todos. Los ciudadanos recuperaron la calma porque entendieron que, gracias a esa cadena, la alimentación no sería un problema añadido a los muchos que ha traído esta grave crisis sanitaria.

Tras las semanas de confinamiento, hoy percibimos –en una población sometida aún a una grandísima presión por las circunstancias del país– confianza, tranquilidad, civismo y agradecimiento en los clientes que acuden a comprar alimentación. Todos los ciudadanos son, por ello, responsables de este éxito y debemos agradecérselo también a ellos.

El gran logro que ha supuesto llegar hasta aquí en estas condiciones, difíciles pero seguras, no es fruto de la casualidad ni de la improvisación. Ya sabíamos que la distribución alimentaria española era una de las más eficientes de Europa, pero, durante estas últimas cuatro semanas, lo hemos podido comprobar todos y cada uno de nosotros. También sabíamos que España era una gran potencia agroalimentaria, líder europeo y mundial en producción y fabricación de un gran número de alimentos, y hoy ya somos plenamente conscientes de las ventajas que eso supone en estas circunstancias. Y también conocíamos las ventajas del modelo de distribución alimentaria de proximidad, que los empresarios españoles habían construido durante los últimos años, y hoy somos más consientes aún de los beneficios que eso entraña para la inmensa mayoría de nosotros que, muy cerca de nuestros hogares, disponemos de un número importante de establecimientos, de distintos tipos y formatos, donde proveernos de todos los productos básicos que necesitamos.

Los retos que han tenido que superar los empresarios de ese gran sector para adaptarse a los cambios de estos días de vértigo han sido enormes. Como ellos dicen, han tenido que cambiar piezas de un coche de carreras, que circulaba por un circuito lleno de curvas, a más de 200 km/h. Para ello ha necesitado una gran capacidad de reacción y, sobre todo, un enorme liderazgo. Reorientar a las personas y a los procesos para adaptarse a un cambio de situación tan radical, en muy pocas horas, ha confirmado que las empresas tienen una gran cultura de compañía, una capacidad de esfuerzo y una vocación de servicio que todos debemos admirar, porque todos lo hemos podido comprobar de primera mano. En especial, los trabajadores de los supermercados han demostrado una responsabilidad, una capacidad de adaptación y un orgullo de pertenencia al sector por encima de cualquier expectativa.

De los muchos cambios que han sido necesarios en estos días, destacan los destinados a proteger a empleados y clientes, con nuevos elementos adquiridos en un tiempo muy corto y con muy poca ayuda, para reorganizar la actividad en tiendas y almacenes con el objetivo de hacerla más segura. Ambos han sido cruciales para que la población recuperara la confianza y los trabajadores pudieran afrontar sus duras jornadas de estos días. La rapidez con que se han implantado estas medidas –a menudo anticipándose a las recomendaciones oficiales–, adaptándolas a cada tipo de tienda y modelo de negocio, ha sido clave en este proceso.

Y, como decía, esta crisis ha demostrado que la cadena de valor agroalimentaria funciona a un altísimo nivel. Los proveedores del comercio y la distribución –los productores primarios, las cooperativas y la industria alimentaria– han dado una respuesta inmediata a los rápidos cambios de surtido y a las nuevas necesidades, con una enorme capacidad de reacción. También las empresas auxiliares han tenido un papel fundamental para que todo siguiera funcionando, desde los fabricantes de equipos protectores, a los de sistemas de frío, pasando por el transporte –más esencial que nunca– o los fabricantes de envases y embalajes de todos los materiales –que hoy ya nadie se atreve a cuestionar–. Por ello, ahora que nuestro país sufre una herida muy profunda –que, entre todos, vamos a curar– pero que, afortunadamente, no teme por el abastecimiento de alimentos, es necesario decir que “esto no puede parar”. La economía española no puede detenerse y es urgente reanudar la actividad en todos los sectores en que sea posible. Es indispensable hacerlo para evitar que la crisis económica a la que, sin duda, nos estamos viendo avocados, se convierta en una crisis social. Y, si todos hacemos lo que debemos hacer, pero lo hacemos más y mejor que nunca, no tengo ninguna duda de que nuestro país superará pronto esta grave situación. Lo creo firmemente porque ya lo estoy comprobando, todos los días, viendo a las empresas y los trabajadores de la distribución alimentaria servir a la sociedad.

Ignacio García Magarzo es director general de ASEDAS