Pekín intenta fingir la recuperación hasta que se haga realidad

Un medio chino dice que hay fábricas que han encendido las luces para simular la reanudación del trabajo

Hora punta en Pekín (China), el 2 de abril.
Hora punta en Pekín (China), el 2 de abril.

Puede que China esté esperando que una ilusión de recuperación económica inspire a la realidad. Las autoridades locales y los medios de comunicación estatales están retratando una China que se apresura a volver al trabajo. Es comprensible: tranquilizar a los consumidores es fundamental para apoyar la demanda interna mientras las exportaciones se desploman. Pero esta imagen optimista es deliberadamente borrosa.

Pekín recibe críticas merecidas por maquillar estadísticas como el PIB, la inversión extranjera directa y el desem­pleo, que muchos consideran que reflejan más los deseos que los hechos. Pero la Oficina Nacional de Estadística del país no parece haber retocado los indicadores de rendimiento de enero y febrero, que fueron uniformemente sombríos.

Esos datos establecieron una base muy baja contra la cual medir la recuperación. El índice oficial de gestores de compras de manufactura, por ejemplo, saltó de una fuerte contracción a la expansión en marzo, sorprendiendo a los economistas.

Pero hay más daños en el camino por el cierre de los mercados extranjeros, que pone en riesgo unos 2,5 billones de dólares en exportaciones anuales. La República Popular debe apoyarse más en la inversión y el consumo para mantener las cosas en orden. Desafortunadamente, las personas ansiosas no son grandes gastadoras; les preocupa con razón que los casos del virus puedan resurgir, como en Hong Kong, y la estabilidad del empleo.

Para hacer frente a esta inseguridad, las autoridades están impulsando una línea alternativa de estadísticas que implican que la prosperidad está a la vuelta de la esquina. El 25 de marzo, por ejemplo, la agencia de noticias oficial, Xinhua, afirmó que el 88% de las principales empresas agrícolas habían “reanudado sus actividades”, que se había reanudado la construcción del 89% de los principales proyectos de infraestructura y que el uso de la electricidad se había reactivado hasta el 90% de los niveles anteriores al brote en industrias como la electrónica y la farmacéutica.

Lamentablemente, “reanudar la actividad” está vagamente definido. La publicación financiera local Caixin informó a principios de marzo de que muchas empresas, presionadas por las autoridades para reiniciar la fabricación, habían encendido luces y maquinaria para simular la reanudación, lo que significa que las señales de revitalización del consumo energético pueden ser poco fiables.

Hay quien sospecha que las autoridades no declaran todos los nuevos casos por motivos propagandísticos. El propio Gobierno central no parece muy optimista. Se ordenó a los cines que cerraran de nuevo el 27 de marzo después de que cientos de ellos reabrieran, unos días después de que el primer ministro, Li Keqiang, advirtiera a los burócratas de que no encubrieran las infecciones.

Las autoridades están haciendo todo lo posible para reavivar la confianza y preservar la credibilidad. Pero los observadores externos deben ser más críticos que nunca al interpretar las hojas de té de la economía.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías