Tribuna

De los mitos griegos a los sesgos del conocimiento: otra forma de entender la crisis

El miedo es que es un factor emocional que puede arruinar a muchos inversores estos días.

Durante las últimas semanas se ha escrito mucho sobre el alcance de la crisis, la intensidad, su duración y todo un alfabeto de letras para explicar los posibles escenarios (v, u, w y l). Si algo pone de manifiesto todo esto, es nuestra reducida capacidad para hacer previsiones sobre el futuro, algo que todo economista con cierta experiencia sabe al tratar con una ciencia social. Es por ello por lo que nos gusta tanto utilizar modelos matemáticos para intentar otorgar cierta racionalidad a nuestros planteamientos y que posteriormente se puedan convertir en predecibles. Por desgracia, el mundo no funciona así.

 

En la Antigua Grecia, la cuna cultural de la civilización de Occidente, se hacía alusión a los mitos para intentar explicar la realidad. Si tuviéramos que recurrir a la situación actual, el miedo es probablemente la palabra que mejor define el estado de ánimo. ¿Qué es el miedo? Según la RAE se define como angustia por un riesgo o daño real o imaginario. No obstante, la palabra miedo viene del latín metus que a su vez viene del griego deimos o Deimos con mayúsculas al hacer referencia a uno de los hijos del dios de la guerra (Ares), quién con su hermano Fobos (o fobia) tiraban del carruaje de su padre en las batallas sembrando el terror a su paso entre sus enemigos.

 

El problema con el miedo es que es un factor emocional que puede arruinar a muchos inversores estos días. Dada la gran incertidumbre sobre el futuro y las pérdidas latentes que pueden existir en las carteras de inversión, es importar acudir a las finanzas conductuales para evitar errores previsibles. Así, si utilizamos la analogía del profesor Kahneman a la hora de buscar una explicación a la incertidumbre actual, es muy posible que la mayoría de nosotros demos una mayor importancia a nuestro Sistema 1 (aquel que se fundamenta más en el instinto y la heurística, es decir, en las explicaciones rápidas y sencillas) que al Sistema 2 (que requiere pensar de forma lógica y conlleva más esfuerzo).

 

Dada la gran volatilidad en los precios de los activos, muchos inversores se plantean qué es lo que puede pasar y caer, sin quererlo, en distintos sesgos cognitivos del Sistema 1 que conviene evitar. Por ejemplo: 1) La heurística de la disponibilidad, sobreestimando la información que tenemos disponible. 2) El sesgo de confirmación, cuando buscamos información que confirma nuestras propias creencias, probablemente poco optimista estos días. 3) La aversión a las pérdidas, cuando nos duele más reconocer la pérdida que llevamos acumulada en una inversión que aprovechar una oportunidad de ganancia futura si la cambiamos. 4) El efecto anclaje, donde vinculamos nuestras inversiones al precio de su compra independientemente de lo que suceda a lo largo del tiempo o 5) El sesgo del presente, cuando tendemos a dar más peso a lo que sucede hoy que a lo que puede suceder en el futuro.

 

No obstante, la actual situación puede ser una oportunidad magnífica para todos aquellos inversores que utilicen su Sistema 2, evitando los sesgos e invirtiendo en buenas empresas con ciertas ventajas competitivas, poca deuda, mucha caja y a precios muy atractivos. Además, dadas las nuevas estrategias de inversión que han aparecido en los últimos años, los mercados se mueven cada vez más con un efecto manada que por el sentido común. Así, en el pasado, cuando se producían periodos de fuertes oscilaciones muchos inversores reconsideraban las empresas en las que estaban invertidos, diferenciando entre el valor y el precio. Hoy, el mercado tiene otras dinámicas que va ganando impulso, la gestión pasiva, la paridad de riesgo, los robot advisors, el factor investing, etc que multiplican el efecto de las fases alcistas o las bajistas.

 

Por todo ello, si pensamos que en los próximos 12 ó 24 meses la situación económica habrá retornado a cierta normalidad, todavía es muy buen momento para tomar posiciones de inversión, independientemente de que todavía se pueda producir alguna corrección más. Los griegos la llamaban Ocasión u Oportunidad y la representaban como un mujer hermosa con una larga melena que le cubría el rostro y que estaba rapada por detrás de la cabeza, sosteniendo un cuchillo (para cortar las ataduras y aprovechar el momento) encima de una rueda siempre en movimiento. Hoy en día, nuestro Sistema 1 lo ha simplificado todo mucho y nos hemos quedado simplemente con el refrán: “A la ocasión la pintan calva”.

 

José Luis Jiménez, director general de inversiones de Mapfre