El BCE tiene una incipiente crisis en la zona euro por evitar

La falta de apoyo durante una recesión podría hacer que los países más débiles cuestionaran su compromiso

Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, y Christine Lagarde, presidenta.
Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, y Christine Lagarde, presidenta. REUTERS

La jefa del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, tiene muy poco tiempo para cortar de raíz una incipiente crisis de la zona euro. Aunque ella tiene parte de la responsabilidad de las preocupantes señales que están vienen viniendo de los mercados de bonos del Gobierno, hay un par de maneras de detener la putrefacción.

La señal más clara del problema es un marcado aumento de los diferenciales de rendimiento de ciertos países. Los bonos holandeses a diez años estaban rindiendo el miércoles casi 40 puntos básicos más que sus homólogos alemanes, la mayor distancia desde 2015. El diferencial de rendimiento comparable franco-alemán se disparó a 70 puntos básicos, el más amplio desde abril de 2017, cuando a los inversores les preocupaban las posibilidades de que una candidata de extrema derecha ganara la presidencia francesa. Excluyendo ese período, la diferencia actual es la mayor desde 2012.

Estos cambios son aún más preocupantes que la mucho mayor brecha de rendimiento entre la deuda italiana y alemana a 10 años, que es dos veces y media mayor que hace un mes, porque Francia y Países Bajos están considerados como miembros principales de la zona euro. También están menos endeudados que Italia, cuya deuda equivale al 137% de su PIB. Los diferenciales de rendimiento todavía no son tan amplios como lo eran en 2012, pero el salto sugiere temores incipientes sobre el futuro de la zona euro. En casos extremos, la falta de apoyo central durante una profunda recesión podría hacer que algunos países más débiles cuestionaran su compromiso con la moneda única.

A diferencia de su predecesor, Mario Draghi, la actual jefa del BCE no puede permitirse el lujo de usar una promesa de hacer lo que sea necesario (“cueste lo que cueste”) para ganar tiempo para elaborar un plan de acción concreto. Su credibilidad sufrió un golpe, y las brechas de rendimiento se ampliaron, después de que la semana pasada dijera que el BCE no estaba allí para reducir esas brechas. Los comentarios del jefe del banco central austriaco, Robert Holzmann, sugiriendo que el BCE estaba al límite no ayudan, aunque rápidamente los desmintiera el banco central. Los inversores querrán ver acción en lugar de palabras.

Una opción es usar un plan de compra de bonos anunciado durante la crisis de la zona euro pero que nunca se usó, el programa de Transacciones Monetarias Directas (OMT, por sus siglas en inglés). Pero Lagarde necesita que los Gobiernos pidan ayuda y acepten las condiciones, lo que puede resultar difícil. Conseguir que un grupo de países soliciten acudir al plan OMT a la vez eliminaría el estigma. Y hay pocos detalles sobre el tipo de condiciones que deben cumplirse, ofreciendo libertad para la interpretación. También podría simplemente aumentar la compra de bonos, quizás anunciando un nuevo programa que le dé mayor flexibilidad para dirigirse a países individuales.

Sea lo que sea que elija, Lagarde no tiene la credibilidad de Draghi. Así que tendrá que moverse con mayor rapidez y decisión.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías