¿Por qué Iglesias ha entendido el mensaje y Arrimadas nada?

El líder de Podemos se acerca al centro mientras que la líder de Ciudadanos pierde el eje enfrentándose al Clan de Valladolid

¿Por qué Iglesias ha entendido el mensaje y Arrimadas nada?

Cinco meses después de las elecciones ha resultado especialmente llamativo el comportamiento de Pablo Iglesias y el de Inés Arrimadas, aunque por razones geográficamente opuestas. El primero, politólogo de profesión, parece haber entendido el mensaje de las urnas y en el que insisten las encuestas, y está girando el partido hacia el espacio de Más País y del PSOE con rapidez. En cambio, Inés Arrimadas persiste en el error que acabó con Albert Rivera y va a empotrar a Ciudadanos en el PP.

El último barómetro del CIS pone número a algo que podría ser más o menos intuitivo: España es un país más de izquierdas que de derechas, por eso el Gobierno es de izquierdas, claro. El CIS preguntó, en diciembre pasado, a 5.000 españoles mayores de edad dónde se situaban en una escala de 1 al 10; siendo 1 izquierda y 10 derecha. El porcentaje más alto (18,9%) se situó en el 5. Si este número puede ser el eje, que también puede ser indefinición, y no se lo atribuimos a nadie, lo que da ventaja a la derecha, pues tienen una casilla más, el resultado es que el 40,1% de los españoles se considera de izquierdas y el 24,8%, de derechas. Si el 5 lo atribuimos a la izquierda, cinco números para cada lado, tendríamos que el 59% se define de izquierdas, más del doble que la derecha (24,8%), y el restante 16,2% o no sabe o no contesta.

Si esto es así, no se entiende nada que Inés Arrimadas se enfrente al ala más moderada de su partido, y de facto liquide al llamado clan de Valladolid, lugar donde nacieron sus dos caras más visibles: Luis Garicano, que ya ha renunciado a estar en la nueva ejecutiva del partido (apunta a retirada) y Francisco Igea, que se ha lanzado a competir contra la jefa en el congreso del próximo fin de semana.

Francisco Igea no tiene ninguna posibilidad de ganar a Inés Arrimadas, pero cuidado que puede morir matando. Si quiere dar la campanada solo tiene que girar su partido en Castilla y León hacia el PSOE y cambiar el Gobierno. El pasado sábado declaraba, en una entrevista con El Mundo, que él quería haber pactado con los socialistas, “pero la ejecutiva (Albert Rivera) nos pidió que pactáramos con el PP y lo hicimos con lealtad”.

Por tanto, mientras Ciudadanos se va alejando cada día más del centro, de donde hay más gente, entre el 4 y el 6 si sitúa el 42,8% de los españoles, Pablo Iglesias va dando pasos agigantados hacia el centro. Inés Arrimadas va a integrar Ciudadanos en el PP, aunque aún no sabemos a cambio de qué. ¿Quiere sustituir a Pablo Casado?

En cambio, Pablo Iglesias, que en su día pretendía que Podemos sustituyera al PSOE, probablemente hoy apueste a “contaminar” el partido que fundó su homónimo y reservarse un puesto para él e Irene Montero, aunque quizás su­bestime a Pedro Sánchez Castejón, autodenominado el resistente.

Los resultados de las últimas elecciones (10N) dejaron claro que el sorpasso al PSOE es posible que no llegue nunca. Es más realista pensar que están retomando el espacio del PCE que pensar que van a alcanzar el cielo, arrodillar al PSOE. Sacaron 35 diputados, menos de la mitad que en junio de 2016, cuando obtuvieron 71 y se quedaron a tan solo 14 escaños del PSOE. Uno hacía techo y el otro suelo, son vasos comunicantes. Hoy Podemos aporta menos del 23% de la coalición de izquierdas.

Estos datos llevaron a que la misma noche de las últimas elecciones, Pablo Iglesias se tomara medio bote de tranquimizina (el otro medio lo acababa de ingerir Pedro Sánchez). Desapareció el ardor guerrero y le dio un ataque de realismo. “Irene, nacimos para sustituir al PSOE y vamos camino de pedir a Alberto Garzón que nos haga sitio en Izquierda Unida”. Eso debió pensar mientras veía en la chimenea de Galapagar cómo ardía el busto de Errejón.

El viaje que PSOE y Podemos han hecho desde aquel 10 de noviembre era muy complejo después de tanta inquina. Pero lo cierto es que Pablo Iglesias ha sido muy claro desde el principio. “Nosotros hemos venido para gobernar”, y en ello está. Él no quiere ser Santiago Carrillo, Gerardo Iglesias, Julio Anguita o Francisco Frutos. Él quiere gobernar, no pasarse la vida opositando, que para eso se vuelve a la Complutense, la universidad donde ahora le chillan y llaman “vendeobreros” y “traidor”.

Pablo Iglesias ya es el mejor cachorro nacido del régimen del 78, ese que repudiaba; está a punto de inventar el republicanismo monárquico y en honor al otro Pablo Iglesias, igual termina integrando Podemos en el PSOE. Hoy puede sonar a locura, pero la evolución que ha hecho Iglesias y sus compañeros en el Gobierno desde la noche electoral hace más factible que nunca esta posibilidad. A fin de cuentas es el recorrido que antes hicieron muchos desde el PCE.

El primer paso de integración lo darán buena parte de los miembros de Más Madrid, aquellos que ya abandonaron Podemos. Pedro Sánchez no ha metido a Íñigo Errejón en el Gobierno porque hubiera resultado una ofensa para Pablo Iglesias, pero está llamado a formar parte del ecosistema socialista, al igual que Manuela Carmena.

En un mes, Podemos se ha hecho monárquico, la reforma laboral del PP sigue en pie, se ha desprendido de la facción Anticapitalista y se han desprendido de las limitaciones salariales que se habían autoimpuesto. En el Ibex se hacen cruces viendo cómo Pablo Iglesias se mimetiza con la casta política con total naturalidad, se ha aburguesado, y se comporta como si fuera el líder de las juventudes socialistas. Esto, puede sonar a incoherente, pero es más útil que el papel de Ciudadanos.

En todo caso, que se anden con ojo en la Calle Ferraz, que Pablo Iglesias no tiene vocación de oveja mansa que se ordeña a diario. Es un republicano que quiere reinar.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense