Coronavirus: en busca de planes B, C, D… Z

El hecho de que Europa no logre ponerse de acuerdo para aprobar un presupuesto no es una buena señal para adoptar medidas más ambiciosas

Coronavirus: en busca de planes B, C, D… Z

La inesperada aparición de casos de Covid-19 en Italia cambia el panorama que hasta ahora tenía esta crisis epidémica para Europa. Con los datos actuales y de manera muy tentativa, podemos establecer que la crisis del coronavirus está tomando, en su vertiente económica, la forma de una perturbación por el lado de la oferta, antes de que surjan los primeros problemas por el lado de la demanda.

Las restricciones impuestas por las autoridades italianas afectan a algunas de las regiones más cruciales para la actividad del país. Debemos recordar que tan solo los territorios de Lombardía, Véneto y Emilia-Romaña ya representan el 40% del PIB italiano y el 6% del total de la eurozona. Por eso, sospechamos que los efectos por el ámbito del consumo empezarán a emerger en la próxima ronda de datos económicos.

Esta situación llega además en un momento en el que el fracaso en la última cumbre de la UE para acordar un presupuesto evidencia lo difícil que será lograr activar una respuesta política rápida en el actual entorno. El hecho de que los Estados miembros no sean capaces de ponerse de acuerdo en un presupuesto que resulta minúsculo en relación a sus finanzas públicas nacionales no es una señal alentadora sobre las perspectivas de que la UE pueda hacer algo ambicioso, por ejemplo, en términos de un impulso fiscal ágil en los próximos meses. Encontramos también preocupante que todas las familias tradicionales europeas estén divididas a este respecto.

Y es que los primeros indicadores de actividad que se van conociendo pueden aportar señales confusas. Sin ir más lejos, la sorprendente recuperación en febrero del índice de actividad manufacturera de Alemania (PMI) puede resultar tranquilizadora a primera vista. Pero buena parte de esta mejoría responde a cuestiones meramente estadísticas. Así, una lectura más detallada de las cifras indica un brusco incremento en el índice de tiempos de entrega de proveedores, que hace que el balance general aumente de forma automática, porque esto normalmente es un síntoma de sobrecalentamiento de la economía (la industria manufacturera no puede hacer frente a la fuerte demanda). Sin embargo, lo cierto es que el incremento de los tiempos de entrega a lo que se debe en realidad es a las dificultades que ya se están experimentando respecto a la llegada de componentes procedentes de China.

En esta coyuntura, las expectativas que hablaban de un shock en forma de V, una caída brusca seguida de una fuerte recuperación, están cada vez más en cuestión. El BCE podía eludir hasta ahora la cuestión del coronavirus presentándola como un riesgo adicional, no como algo que afectara a su escenario base, y podía escudarse también en las declaraciones de la Reserva Federal americana para no tener que responder a la cuestión. Pese a ello, estamos convencidos de que Fráncfort ya está comprometido con la idea de eventuales planes de contingencia. En este sentido, consideramos que donde la autoridad monetaria tiene un mayor margen de actuación, menos problemático desde un punto de vista tanto técnico como político, es en la posibilidad de incrementar el volumen de bonos corporativos que compra dentro de su plan de expansión cuantitativa. Esto tendría una segunda derivada, que es la de evitar males mayores. De hecho, se ha puesto mucho énfasis en la idea de que el BCE está generando una burbuja en los activos de mayor riesgo dentro del mercado de crédito; precisamente, una súbita contracción del crecimiento podría ser el catalizador que hiciera estallar dicha burbuja; elevando la compra de deuda corporativa, el BCE se estaría anticipando a esas dificultades.

En todo caso, las complicaciones no acaban en Europa. El nuevo cambio de contabilidad de la enfermedad por parte de las autoridades chinas eleva la preocupación de que todas las proyecciones de evolución de la crisis hechas hasta el momento se hayan quedado obsoletas. Simultáneamente, el foco se va cambiando hacia la propagación de la enfermedad y sus consecuencias fuera de las fronteras chinas. Como está sucediendo en Corea del Sur. En principio, sus datos de exportaciones de los primeros 20 días de febrero hablan de un crecimiento interanual del 12,4%, unos números muy positivos. Pero una segunda lectura revela que ha tenido lugar un incremento de los días laborales y, coincidente en el tiempo, sus importaciones procedentes de China han caído ya un 18,9%. Esto es una señal clara de que las cadenas de suministro empiezan a estar bajo estrés.

Al mismo tiempo, en EE UU los datos del comienzo de año no están siendo precisamente estelares. Destacamos la debilidad de los resultados de las ventas minoristas que se conocieron la semana pasada. No podemos olvidar que hasta ahora la fortaleza de los consumidores ha constituido la piedra angular en torno a la que se ha construido la resistencia del ciclo expansivo americano. No obstante, las evidencias de un comienzo de ejercicio débil empiezan a acumularse. El índice Markit PMI de servicios ha caído de repente en el territorio de la contracción, al situarse en febrero en 49,4 puntos, frente a los 53,4 puntos de enero, que además era el mismo nivel que se espera para este mes.

Es cierto que la mayoría de la gente prefiere para medir esta evolución de los servicios la versión americana el indicador ISM, pero todos estamos confiando en estos momentos en que la actividad económica de EE UU sea relativamente insensible a la demanda del este asiático. Si al final estamos equivocados, tenemos un gran problema.

Gilles Moëc es economista jefe de Axa Investment Managers Group