La banca comienza a sentir la amenaza de su desaparición

Las entidades temen que el auge de las criptomonedas provoque una desbancarización

El consejero delegado de Credit Suisse, Tidjane Thiam, durante su intervención en el Foro Económico Mundial, celebrado en Davos.
El consejero delegado de Credit Suisse, Tidjane Thiam, durante su intervención en el Foro Económico Mundial, celebrado en Davos.

A lo mejor hoy tocaba escribir otra vez de BBVA y los espionajes a los que sometió durante años a rivales, empleados y periodistas. Pero reflexionando creo que es más conveniente cambiar de asunto y abrir el debate sobre la función de los bancos en la futura era de las criptomonedas, el dinero virtual que cada vez ocupa y preocupa más a los bancos centrales del mundo y a los gobiernos, sin mencionar a las entidades financieras.

Desde hace ya varios años los bancos comerciales reclaman una regulación en igualdad de condiciones entre las fintech, bigtech y las entidades financieras. Las firmas tecnológicas, lo mismo que otras empresas están cada vez comiendo más terreno a la banca. Entre los negocios más rentables de las entidades financieras están el crédito al consumo y los medios de pago, ahora repartidos entre la banca, las firmas tecnológicas e incluso las operadoras de telefonía y otras compañías, aunque las entidades financieras siguen dominando el mercado.

Los expertos, sin embargo, consideran que en menos de una década este mercado estará mucho más atomizado, y la parte de la banca representará menos del 50% del negocio de los medios de pago y el crédito al consumo.

A este recorte del pastel del negocio bancario del que hasta hace poco tiempo disfrutaban casi en exclusiva las entidades financieras se suma negativamente la baja rentabilidad por la que atraviesa el sector y la también cada vez menos beneficiosa actividad crediticia. Y ya ni hablar de la custodia de los depósitos de los particulares.

¿Qué puede hacer la banca? Pues defenderse como gato panza arriba. Los responsables de las entidades financieras insisten en que la economía de un país no puede sobrevivir sin un sistema bancario sano. ¿Quién sería el intermediario en la concesión de créditos a las empresas, sobre todo las pymes, y los particulares si no existieran los bancos?

Esta afirmación puede ser cierta. La banca cumple en la actualidad un papel fundamental en las economías de los Estados. Pero ¿qué ocurrirá en un futuro no tan lejano, el protagonismo de la banca será tan fundamental? Pues para algunos expertos, y cuyo número aumenta, parece que no. O ese es el debate se ha abierto en los últimos meses, y que fue uno de los protagonistas en el Foro Económico Mundial de Davos.

Pero el origen del debate sobre el futuro papel de la banca en el mundo no se centró en esta ocasión en la amenaza de las fintech o las bigtech, sino sobre las criptomonedas, según explica Mirari Barrena, directora del programa de blockchain de Deusto Business School.

Los bancos centrales, encabezados, como es lógico en Europa por el BCE, han comenzado a analizar la conveniencia o no de crear sus propias monedas digitales, con sus pros y sus contras, algo que en el caso del Viejo Continente sería la fundación de una eurocoin.

De momento, seis bancos centrales (el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el BCE, el Banco de Suecia y el Banco Nacional Suizo, junto al Banco de Pagos Internacionales (BPI), han creado un consorcio para investigar la conveniencia o no de crear sus propias monedas digitales para contrarrestar el proyecto de la Libra liderada por Facebook o el yuan digital planificado por el Banco Popular de China.

La primera reunión de este grupo de investigación se celebrará en abril. Directivos de estos bancos centrales tienen como objetivo crear estándares que regulen cómo se utilizarán las criptomonedas en las transferencias en tiempo real internacionales y en sus medidas de seguridad.

Pero lo que inicialmente parece un proyecto positivo para la economía mundial puede transformarse en una nueva y gran amenaza para la banca comercial tal y como hoy la conocemos.

Puede suponer “la desbancarización de los clientes de las entidades financieras comerciales”, explica Mirari Barrena. Todo depende, coinciden otros expertos, de si son los bancos centrales y los gobiernos los que ponen en marcha estas monedas digitales, o participan los bancos comerciales.

De momento, Suiza ha dado un paso considerado una amenaza para la banca al dar luz verde a unos estatutos que permiten a una empresa crear directamente sus acciones en blockchain, lo que en teoría permitiría lanzar una oferta pública y negociar sus acciones en el mercado secundario sin la intervención de la banca y otros intermediarios financieros y jurídicos tradicionales.

A ello se suma la experiencia de Suecia, país en el que el uso del dinero en efectivo es casi marginal. Es una especie en extinción. En muchas tiendas, transporte público, museos o instituciones ya no se permite pagar en efectivo a los suecos. Ya no es solo el pago con tarjeta, sino cada vez más con el móvil, la tableta o incluso microchips implantados bajo la piel.

La preocupación del Gobierno por la dependencia de la población de la banca en sus pagos electrónicos, le ha llevado a plantearse crear su propia moneda virtual, que evite la exclusión financiera de una parte, aunque sea pequeña, de la población, aquella que no tiene cuenta bancaria.

A este peligro se le añade la amenaza que supondría un ciberataque o un fallo informático. De ahí que el Banco Central sueco, el Riksbank, pretenda crear su propia criptomoneda que podría ser el embrión de las monedas digitales europeas, un nuevo punto a favor de una posible desbancarización de la población y un mayor control de la economía sumergida a través de este dinero virtual.

La idea de Suecia es que la nueva moneda virtual pueda complementar al efectivo, no que lo sustituya. El resto de los bancos centrales europeos observan muy de cerca los avances de este país.

Mientras, en España cada vez son más los actores no bancarios que comienzan a operar en medios de pagos. La nueva norma de servicio de pagos, conocida como PSD2, facilita el acceso a más empresas de distintos sectores a este negocio.

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