Roberto Verino: “Tenemos que hacer armarios inteligentes”

Recomienda invertir en calidad antes que en cantidad de prendas, gestiona una plantilla de 420 personas y factura más de 33 millones de euros

Roberto Verino, en un momento de la entrevista.
Roberto Verino, en un momento de la entrevista.

Estudió Bellas Artes en París y accedió a la industria textil a través de la firma Bolly Bonny, que trajo a España antes de montar su propia firma de moda, Roberto Verino. Manuel Roberto Mariño Fernández (Verín, Orense, 1945) es uno de los impulsores, junto a Adolfo Domínguez, de la moda gallega en los años ochenta. Cuatro décadas más tarde, mantiene a una plantilla de 420 personas, factura más de 33 millones y sigue apegado a su tierra, donde también elabora vinos, bajo la enseña Gargalo, con denominación de origen de Monterrey. El diseñador inauguró Madrid es Moda, una iniciativa impulsada por ACME y el Ayuntamiento de Madrid, donde presentó la colección para la primavera/verano de este año, a la vez que mostró una plataforma que pretende derribar las barreras existentes entre las experiencias de compra en el punto de venta y digital.

¿La moda está alejada de la calle?

Debería acercarse más a los ciudadanos, mirar más a la calle. Hay que romper la distancia que hay entre los desfiles y los consumidores. Lo que he pretendido es que la gente venga a tocar las prendas, que vea cómo trabajamos. Porque ahora con el canal online parece que estamos mucho más alejados, por lo que tenemos que intentar acercarnos de alguna forma al cliente, dado que el futuro de la venta online es un camino sin retorno, aunque no podemos perder de vista el apoyo de los estilistas y vendedores.

¿Cómo deben ser los nuevos puntos de venta de moda?

Deben conjugar una mezcla de tecnología, con cercanía y trato personal. La venta online en la moda va en aumento, es imparable, aunque todavía con respecto al resto de las ventas es pequeño. Pero esto no tiene marcha atrás, por lo que tenemos que estar preparados y disponer de apoyo humano. Porque lo más importante son las personas, y lo que debemos perseguir es la fidelidad de los consumidores, esa es la clave del futuro.

A lo largo de su carrera habrá tenido aciertos, pero también errores.

Y me quedo con los errores. De ellos he aprendido, porque son las situaciones difíciles las que te hacen darte cuenta de que hay que mejorar. Soy una persona con afán de superación continuo, busco la excelencia que no encuentro, lo que hace que siempre la esté buscando. Lo más importante siempre está por llegar, pero hay que trabajar para que llegue.

¿Cual ha sido su mayor error?

Un error ha sido haber defendido al entorno rural como desarrollo de mi actividad profesional. Y haber cometido ese error, cuando en ese momento se apostaba por todo lo contrario, como es haber apoyado a mujeres de mi entorno, me ha hecho tener equipos de artesanos y profesionales cualificados, que me han dado todo el aprendizaje que tengo, el de verdad, el del trabajo que se hace con amor.

¿Fabrica solo en España?

Prácticamente, aunque también fabrico en Portugal porque he tenido que buscar otras formas de producción. Lo que no hay que buscar es el precio como objetivo, sino que este debe ser correcto, como las piezas que confeccionamos, que son atemporales, porque lo que queremos es que sean útiles para quien las compra. En nuestro caso, hay hijas que llevan la ropa que compraron sus madres.

¿Qué han aportado a la industria de la moda firmas como Zara o H&M?

Han aportado interés por el mundo de la moda por parte de los consumidores. Han hecho de la moda un vehículo de generación de ilusiones. Han despertado interés, aunque otra cosa es la tiranía que puede generar la moda, algo que yo no comparto. Me interesa más que se ajuste a un estilo de vida acorde con los valores que me gustan, como la sencillez, la funcionalidad, la ética. Primero soy ético antes que estético. Las personas tienen que conocerse, quererse y estar guapas, y que cuando nos miremos al espejo que lo que veamos sea de nuestro agrado. Es importante no disfrazarse, ser uno mismo, y la moda aporta ese grado de autoestima que necesitamos.

¿Compramos demasiada ropa?

Mi visión es que tenemos que hacer armarios inteligentes, eso no significa cantidad sino calidad. No podemos seguir agrediendo al planeta. Hay que disfrutar con lo que se tiene y no buscar tener demasiadas cosas. Una prenda tiene que tener utilidad y parecer que está bien comprada.

¿Qué perfil de clientela le sigue?

Aquella que busca funcionalidad, y que no es esclava de las tendencias sino conocedora de una conveniencia. Y eso me ha servido para mantener a una clientela fiel.

¿Qué ha aportado usted a esta industria?

Mi aportación sobre todo ha sido visión, un camino que he seguido y del que no me he desviado, y eso lo demuestra el hecho de tener detrás una empresa con una plantilla de 420 personas en nómina, además de acuerdos con partners a los que garantizamos trabajo a lo largo del año. Como diseñador no solo me he preocupado de hacer presentaciones sino también de crear una empresa, que ha sido rentable, y que tiene mucha por vida por delante.

¿Tiene relevo generacional?

Estamos con este planteamiento, liderado por Dora Casal [se incorporó el año pasado a la firma como directora adjunta, tras una amplia trayectoria en Adolfo Domínguez] y por mi hija Cristina. Lo bueno está por llegar. Me he comprometido trabajar hasta los 98 años y después tomarme un año sabático.

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