Nestlé tendrá que rascarse el bolsillo para animar a los inversores

Las altas valoraciones hacen más encontrar buenos objetivos

Barritas de Milkybar Wowsomes, de Nestlé.
Barritas de Milkybar Wowsomes, de Nestlé.

Te arrepientes de lo que no hiciste más que de lo que sí. El CEO de Nestlé, Mark Schneider, se siente mal por no haber hecho ninguna compra significativa en 2019. Por suerte, tiene potencia de fuego para derrochar en 2020.

El año pasado, logró combinar una subida sustanciosa de los ingresos con la de la rentabilidad, una hazaña poco común en una industria a la que le cuesta ampliar su línea superior. Las ventas orgánicas subieron un 3,5%, mientras que el margen de beneficio operativo subyacente creció al 17,6%. La firma cayó ayer en Bolsa tras templar las expectativas de crecimiento. Pero una juerga de compras podría animar a los inversores.

Desde que el activista Dan Loeb lanzó públicamente su intento de sacudir la compañía en 2018, Nestlé ha anunciado ventas por valor de 15.000 millones de dólares, pero no ha comprado ningún negocio realmente significativo.

No es por falta de efectivo. Aunque ha prometido devolver 20.000 millones a los inversores, Schneider se ha reservado el derecho de recurrir a esta suma si le encuentra un mejor uso. La deuda neta cayó en 2019 y está en solo 1,4 veces el ebitda. Apalancándose hasta, digamos, 3 veces el esperado para 2020, serían 30.000 millones de potencia de fuego. Además, su 23% de L’Oreal vale 38.000 millones.

Eso no significa que vaya a fundírselo todo de una vez. Las compras medianas conllevan un menor riesgo de integración y tienen menos posibilidades de que las frustren los órganos de competencia. El problema es que las altas valoraciones que ayudaron a Nestlé a deshacerse de negocios a buenos precios también hacen más difícil encontrar buenos objetivos.

Por ejemplo, algo como el fabricante de vitaminas y suplementos Nature’s Bounty, de KKR. Nestlé está interesado en el sector y un acuerdo encajaría con su enfoque en salud, bienestar y nutrición. Pero la firma ya lleva dos dueños de capital privado: Carlyle se hizo con ella en 2010 por casi 4.000 millones. Una venta podría atraer a farmacéuticas y otros gigantes del consumo. Y KKR, tras solo tres años, querrá un retorno decente. Para Schneider, abrir el monedero de Nestlé será un trabajo duro.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías