No solo muere la esperanza, sino que se empaña la desesperación

Los ciudadanos sienten que el modelo económico está acabado y crece el escepticismo político y social

No solo muere la esperanza, sino que se empaña la desesperación

Al parecer el libre mercado tienen un coste. Al parecer cuando colapsan, las deudas bancarias / corporativas, se socializan, pero las ganancias de su recuperación se privatizan silenciosamente. Parece que no se han aprendido las lecciones de 2008. Además, las sociedades se están dividiendo: los extremos políticos de derecha e izquierda están ganando, cambiando la cara de las elecciones en toda Europa. Los centristas están perdiendo en las urnas. La retórica y el abuso dirigidos a aquellos con una opinión diferente son escalofriantes. Todos somos culpables.

Tal vez, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar sobre política... ¿en España, en Europa, en todo el mundo? Reevaluar si podemos hacer algo más que luchar contra la extrema izquierda y la extrema derecha. Si es hora de abordar por fin la falsa equivalencia de izquierda y derecha. Trabajador, por un lado; empresario por el otro. Preguntarnos por qué tras 70 años (40 en España) de ver pasar Gobiernos de izquierda y de derecha no se ha alcanzado la estabilidad ni la convivencia. O por qué muchos votantes no votan en absoluto. Es difícil encontrar sentido a este cambio hasta que se acepte que la línea tradicional de derecha a izquierda ya no es una línea. Es mas un círculo, quizás una nube sin forma. Lo que está claro para mí, sea usted empresario o trabajador, es que hay demasiada gente buscando venganza.

Los ciudadanos saben que nuestro modelo económico está acabado. Se sienten excluidos, congelados, antisistema. Muchos trabajan en empleos poco reconocidos, o ni siquiera encuentran trabajo. La automatización no nos da tiempo a preguntarnos: ¿en qué trabajarán las personas? Muchos viven hoy sin esperanza. Los emprendedores que asumen riesgos y abren negocios se ven aplastados por nuevos impuestos, demasiadas leyes, excesivo compliance o bancos codiciosos. Los prestatarios ven cómo se priorizan las necesidades de los bancos sobre los derechos laborales y empresariales. ¿A qué partido votan estas personas?

Los ingresos disponibles suelen ser bajos o insignificantes. A muchos les parece que lo que hay es una oligarquía corporativa que una democracia. La gente de clase media, normalmente creyentes en el sistema, cada vez sale más a las calles de toda Europa. Y estas protestas no harán más que crecer.

Mientras, en Davos, anuncian el cambio climático como el tema número uno en discusión, pero venden combustible con descuento especial para los muchos aviones privados que aterrizan allí. Renunciar a dicho combustible reduce las emisiones en un 18%. Y Bono llega para hablar una vez más sobre filantropía, sobre multimillonarios que redistribuyen. Los devotos de Davos fingen no darse cuenta (o peor aún, no ven nada) de que el público en general está furioso con su hipocresía. La gente odia que las élites políticas y financieras les den conferencias en botas de nieve.

Nuestro modelo económico se rompió en 2008. Y la impresión de dinero barato por parte de los bancos centrales no es una solución. Ese dinero no está llegando a los libros de los exprimidos negocios familiares ni a los bolsillos de la gente común. Ese dinero / capital ha sido absorbido solo hacia arriba. Las pequeñas empresas y las personas normales han sufrido los recortes, mientras que la élite corporativa ha seguido alimentando su lujoso tren de vida.

Un ejemplo: Jeff Bezos. Su Amazon obtuvo 10.000 millones de dólares en ganancias y su factura fiscal en EE UU fue mínima. La gente culpa a sus políticos. Sí. Pero también deberían culpar a sus economistas. A los que nos vendieron en primer lugar el defectuoso modelo económico, que incluso algunos de los políticos de aquel entonces, cuando todo empezó lo etiquetaron rápidamente como Voodoo Economics, allá por 1980. Es fácil de rastrear. Hasta 1980 y anteriormente. Para ver el caos que ha forjado.

Jugar con las palancas del dinero, suavizando y restringiendo el volumen del dinero en la economía, puede haber estimulado la economía real, incluso haber desencadenado un nuevo crecimiento. Pero mantuvo los ingresos del crecimiento aislados e impidió que el capital se filtrara hacia la economía real. Protegió a los superricos bajo la falacia de que permitía obtener ganancias a los inversores y garantizó que esas ganancias se filtrarían hasta los bolsillos de aquellos que hicieron posible el crecimiento con su trabajo. Y dado que el mercado sabe más que el Estado, ese goteo evitaría el derroche y disminuiría la corrupción. Todo estupendo, excepto... que no llegó a suceder.

Cuando estudié economía en la década de 1980, esta ortodoxia del monetarismo es lo que nos enseñaron. Entonces pensé que era falso, y ahora sé que lo es. El capital está siendo atesorado. Debemos buscar un nuevo modelo. O regresar al original. Volver a La teoría General. Volver a John Maynard Keynes y valorar el capital y la mano de obra –volver a que garantizar el pleno empleo sea el objetivo de todo esto–; terminar con el monstruo del monetarismo, también conocido como reaganismo, también conocido como thatcherismo, también conocido como auge y caída. Este modelo nos dio un legado vergonzoso de explotación laboral por el libre mercado, de caos de auge y caída que arruinó a muchas empresas, que alimentó la codicia más que la perspicacia, de más banca que producción –provocando la crisis bancaria de 2008–, que no ha desa­parecido aún y sigue distorsionando nuestra vida diaria hasta el día de hoy.

Los hechos pueden ser molestos cuando no se ajustan a la narrativa. He aquí uno. Solo 2.153 personas en el mundo son multimillonarias. Sin embargo, poseen el 60% de toda la riqueza de la humanidad. Nada de esa riqueza se filtró. Sin embargo, con frecuencia se nos dice que no hay suficiente dinero para reducir los impuestos a las empresas, para educación, los hogares, el cuidado de los niños, la abolición de las tasas universitarias y los servicios de salud universales.

Parece que 2020 y los años siguientes serán como en la celebre cita de Bette Davis en Eva al desnudo: “Abróchense los cinturones. Nos espera un viaje lleno de baches”.

Gavin Bonnar es abogado y empresario irlandés. Experto en derecho internacional