La vivienda pasiva, una arquitectura al servicio del medio ambiente

En Madrid se levanta uno de los primeros edificios ‘passiv’ de España

Obras de viviendas pasivas en la madrileña calle Duquesa de Castrejón, 9.
Obras de viviendas pasivas en la madrileña calle Duquesa de Castrejón, 9.

En la parcela del ­número 9 de la calle Duquesa de Castrejón, en un barrio residencial del noreste madrileño, el frío de una mañana de diciembre no amedrenta a los obreros. El edificio que están alzando, de dos alas y dividido en ocho apartamentos, cuya superficie va desde 70 hasta 200 metros cuadrados, posee una característica que lo hace especial: una vez terminado, necesitará un aporte de calefacción o refrigeración un 75% inferior al de una vivienda convencional.

El consiguiente ahorro del coste energético para el propietario y de emisiones de gases de efecto invernadero para el planeta es posible por la escrupulosa adherencia del proyecto a los seis principios del passiv­haus, una corriente arquitectónica que promete acabar con el despilfarro de los recursos y con la contaminación en este sector.

Estos son “un aislamiento térmico más robusto, la reducción de hasta diez veces los puentes térmicos [zonas de interrupción de la envolvente] con respecto a un edificio tradicional, unas ventanas de alta calidad con triples cristales, hermeticidad, ventilación mecánica controlada y una protección solar óptima”, enumera el arquitecto Micheel ­Wassouf, socio fundador de la plataforma de edificación pasiva y de la certificadora Energiehaus.

“No hemos inventado la pólvora y esto no es una aventura”, afirma mientras enseña las virtudes del edificio al que deberá otorgar el sello passiv, “sino que adaptamos una tecnología desarrollada en Europa central al clima español”.

La cifra

15% es el sobrecoste de una ‘passivhaus’ frente a una convencional
Además, se amortiza en 10 años, según la arquitecta Ana María Montiel, sin contar el ahorro en el deterioro del medioambiente.

Si el altísimo nivel de aislamiento y hermeticidad de los pisos está garantizado por una envolvente espesa y cerrada, un número limitado de puentes térmicos y unas ventanas al lado de las cuales podríamos estar en pleno invierno sin percibir la baja temperatura del exterior, el recambio del aire se hace a través de una máquina que impide que se pierda el calor (o el frescor) que hay en casa.

En ella, el aire viciado, antes de ser expulsado, llega a un recuperador del calor en el que circula también el aire procedente del exterior sin que los dos entren nunca en contacto directo. De esta forma, “el aire con más oxígeno que hacemos entrar, y que podría tener 7 grados, se calentaría hasta llegar a 17 grados gracias al aire viciado, si este tuviera 22 grados, por ejemplo”, detalla Wassouf. Para obtener el certificado, todo el edificio se somete a un protocolo de calidad de ejecución del sistema de ventilación controlada y a un test de infiltraciones muy riguroso y exigente.

Innovaciones

En un piso de la primera planta de este que pronto se convertirá en uno del centenar de edificios passiv ya construidos en España, la mirada del reportero busca, en vano, los lugares en los que se instalarían los calefactores o el aire acondicionado. “No hay”, dice la directora del estudio de arquitectos Ataria, Ana María Montiel, quien firmó el proyecto.

“La calefacción y la refrigeración son radiantes, pero no están en el suelo, con el típico serpentín muy tamizado, sino escondidas en el techo”, explica. Enseguida señala, por encima de nuestras cabezas, tres placas que, con un aporte de energía mínimo –solo 10 kWh por metro cuadrado–, generarán todo el confort necesario tanto en invierno como en verano. Un sistema de toldos ayudará a evitar el calentamiento excesivo en la estación cálida, una medida fundamental en climas especialmente soleados como el de la capital.

Si el consumo de energía en los edificios ha crecido un 7% desde 2010, de acuerdo con el último informe sobre construcción elaborado por la Agencia Internacional de Energía, “el uso de electricidad tuvo un crecimiento global del 15%, en especial en refrigeración debido al incremento de las temperaturas”, subraya Patrizia Zaplana, profesora de IE School of Architecture and Design. Por ello, “se debe acelerar la transición hacia energías limpias”, sugiere, pero antes habrá que “reducir la demanda energética incluyendo medidas pasivas y fomentar la educación del usuario final hacia un consumo más eficiente”.

Claves

La vivienda pasiva, una arquitectura al servicio del medio ambiente

Ejecución. En la arquitectura pasiva, un buen diseño no es suficiente. “Un elemento casi más importante es la ejecución”, asevera Patrizia Zaplana, profesora de IE School of Architecture and Design. Por ello, en su opinión, es fundamental fomentar la especialización de arquitectos y equipos de diseño, y sobre todo de los contratistas.

Dinero. “Más allá de subvenciones y otras ayudas, existen vías de financiación alternativa por medio de entidades privadas en España y organismos multilaterales, como el Banco Europeo de Inversiones, que sufragan reformas con retorno por medio de los ahorros a través de contratos de servicios energéticos”, señala Zaplana.

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