BlackRock se convierte poco a poco en parte de la solución para el clima

La carta de Larry Fink a los CEO de sus participadas implica un cambio de actitud hacia las políticas ambientales

Larry Fink, CEO de BlackRock.
Larry Fink, CEO de BlackRock.

Larry Fink parece estar escuchando a sus críticos. El jefe de BlackRock publicó ayer su carta anual a los consejeros delegados de las empresas en las que invierte el gestor de fondos de 7 billones de dólares. Abordar el cambio climático es la prioridad, en mayor medida que en el pasado

Fink podría argumentar que las cartas anteriores, en las que se pedía a las empresas que ayudaran a las partes interesadas (stakeholders) tanto como a los accionistas, iban por un camino similar.

BlackRock no es ajena a la aplicación de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) a sus procesos de inversión. Pero su historial público en cuanto a presionar a las empresas para que aborden el calentamiento global ha sido criticado por los activistas, que señalan que sus fondos votan en contra de la mayoría de las resoluciones relacionadas con el clima.

La carta de Fink da la vuelta el guion de múltiples maneras. Black­Rock considera ahora que la inversión sostenible es el “cimiento más sólido” para las carteras de los clientes, en lugar de reducir los posibles beneficios de la inversión.

También señala los peligros de que los mercados financieros reevalúen los riesgos relacionados con el clima más temprano que tarde. Por lo tanto, para mediados de 2020, los gestores activos de la firma dejarán de invertir en grupos que generen más de un cuarto de sus ingresos a partir de la producción de carbón térmico.

Esto es bienvenido, pero difícilmente revolucionario. Los fondos de BlackRock seguirán siendo propietarios de acciones y bonos de compañías de petróleo y gas que emiten carbono.

Además, la compañía considera que el punto de peligro está en 2 grados centígrados de calentamiento desde los niveles preindustriales, en lugar de los 1,5 grados que ya consideran un gran problema muchos científicos.

Y solo una cuarta parte de los activos de BlackRock se gestionan de forma activa. La mayoría son indexadores pasivos que no pueden vender valores de forma selectiva.

Por lo tanto, el cambio más llamativo de Fink es la nueva forma de involucrarse que pretende tener Black­Rock con las compañías en las que invierte, ya sea activa o pasivamente. De ahora en adelante, estará “cada vez más dispuesto” a votar contra los consejeros de las compañías que no estén haciendo lo suficiente. Eso incluye a aquellos que, como Exxon Mobil, han tardado en explicar cómo se verían afectados sus balances por las altas temperaturas, según los lobistas de Carbon Disclosure Project.

La propia BlackRock es una prueba de lo que se puede lograr con un cambio así. Que Fink se centre más en el cambio climático se debe en gran medida a los propios clientes de la empresa –como el enorme Fondo de Inversión de Pensiones del Gobierno de Japón– que le empujan en esa dirección. Si Fink se toma en serio aplicar la misma presión sobre las empresas en las que invierte Black­Rock, puede que su carta de 2020 se considere un punto de inflexión.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías