Tipos bajos en Europa, pero ¿tanto y para siempre?

Una vez admitido que la política monetaria nos sacó de la última crisis, la pregunta es si será ella la que provoque la próxima

Tipos bajos en Europa,
pero ¿tanto y para siempre?

Llevamos ya muchos años con los tipos de interés extraordinariamente bajos. La política monetaria ha llegado a extremos que eran difícilmente imaginables en el mundo pre-2008. Además del fuerte recorte de los tipos de interés, la política monetaria ha sido complementada con las bautizadas medidas no convencionales, destacando los programas de compras de activos. Estas políticas cuentan con grandes detractores y sólo el tiempo dará o quitará razones sobre sus consecuencias a largo plazo. Hasta la fecha, si bien es cierto que no han servido para que el BCE logre acercar la inflación a su objetivo del 2%, es igual de cierto que la política monetaria ha resultado tremendamente efectiva para la recuperación de la crisis anterior.

Una vez admitido que fue la política monetaria la que nos sacó de la crisis anterior, la pregunta que muchos se plantean es si será precisamente esa política monetaria la que nos lleve a la crisis siguiente. Y, si no, si consecuencia de la política monetaria actual, Europa se enfrenta a una desaceleración sin herramientas de política monetaria disponibles, por ya haber quemado las naves.

De momento, ha sido también la responsable en gran medida de la subida de las bolsas de este último ejercicio y ha ofrecido al sector privado la posibilidad de financiarse a unos tipos muy bajos para, así, mejorar sus márgenes de beneficios.

Mirando hacia delante, el consenso de mercado piensa que no habrá cambios relevantes en la política monetaria en Europa en los próximos años. Todos los estrategas y economistas descontamos tipos bajos en la Eurozona para un largo periodo de tiempo. Muchos extrapolan la situación actual prácticamente hasta el infinito y el mercado no descuenta la menor subida de tipos hasta, al menos, dentro de cuatro años.

Sin duda alguna, la situación de deuda, los datos macroeconómicos, la ausencia de inflación, la digitalización de la economía y multitud de razones, hacen que el escenario base anteriormente descrito sea razonable. Por supuesto, muy razonable. Pero no le asignemos una probabilidad del 100% y asumamos los riesgos de ese posicionamiento.

Respecto al consenso sobre la política monetaria del BCE, no deberíamos olvidar que hace sólo 18 meses el mercado trataba de acertar en el número de subidas de tipos de interés que implementará la FED en 2019. 2019 llega a su fin y el resultado han sido 3 bajadas, no subidas.

En mi opinión, algo está cambiando en el BCE y no tiene mucho que ver con que el señor Draghi haya dado paso a la señora Lagarde. Comienzan las dudas sobre la efectividad de su política de tipos de interés negativos. Durante todo este tiempo ha servido, pero no por eso seguirá siendo la adecuada. Esta política ha generado inflación en el precio de los activos y no de los bienes y servicios. Esto ha provocado un incremento en la brecha social en el ámbito global y un entorno en el que el factor capital ha estado tanto mejor remunerado que el factor trabajo que ha terminado alimentando el populismo. Da lo mismo populismo de izquierdas o de derechas, en inglés, francés o en español, pero el movimiento contrario a la globalización implica menor crecimiento futuro y mayor inflación.

Esta política de tipos negativos comienza a ser difícilmente sostenible, desde el momento en el que gran parte del sistema financiero ha comenzado a trasladar el coste del dinero a sus clientes, cobrando por sus saldos en cuenta corriente en lugar de remunerarlos. La vertiente social de este movimiento toma gran relevancia y se dan ya situaciones que buscan la simetría, con clientes demandando a sus bancos por cobrar por sus saldos en cuenta corriente, pero, sin embargo, no pagarles por su hipoteca.

BCE está atrapado en su política de tipos, pero posiblemente buscando opciones para hacer una transición ordenada de tipos negativos a tipos cero, lo que puede ser parecido si, efectivamente, se consiguiera hacer de forma ordenada y sin generar expectativas de inflación, pero no se trata de una tarea fácil. Será necesario cambiar unas herramientas de política monetaria por otras y posiblemente veamos nuevos episodios de creatividad monetaria en los próximos tiempos.

Aterrizando esto en el mundo de las inversiones, mi consejo es recordar que casi nada dura para siempre. Vamos a convivir con tipos bajos durante mucho tiempo, pero ¿tanto y para siempre? En la situación actual, lo razonable sería sacrificar toda la liquidez que podamos para capturar la prima de iliquidez y así, comprometiendo nuestro dinero durante un largo periodo de tiempo, aspirar a alcanzar una rentabilidad superior con un mismo nivel de riesgo. Esta estrategia de inversión será acertada para una parte del patrimonio de aquellos inversores que puedan permitírselo, pero queremos recordar que la liquidez que un inversor necesita hoy no es la misma que necesitará en un entorno más adverso.

Aprovechemos las oportunidades que nos da el mercado, pero siempre recordando que el peor enemigo del inversor es frecuentemente el propio inversor. No eliminemos por completo de la ecuación la posibilidad de una normalización de los tipos de interés y no demos por hecho antes de tiempo la japonización de la eurozona. Este escenario es el razonable hoy, pero pensemos en la probabilidad que debemos asignarle, y nunca ningún escenario debe tener asignada una probabilidad del 100%.

Diego Fernández Elices es Director general de inversiones de A&G Banca Privada