Ana Martínez Bujanda: “No hay uva para más bodegas en La Rioja”

Dirige la bodega familiar Valdemar, que celebra este año su 130 aniversario

Ana Martínez Bujanda: “No hay uva para más bodegas en La Rioja”

Estudió Dietética y Alimentación en la Universidad de Navarra, pero a Ana Martínez Bujanda (Logroño, 1974) pronto le empezó a entrar otro gusanillo, el marketing. Para ello entró en el Instituto de Marketing del País Vasco. Sabía que todos los conocimientos los podía aplicar en el negocio familiar: Bodegas Valdemar, que cumple ahora 130 años, produce en España 1,8 millones de botellas –de las cuales vende el 70% en 55 países, como Reino Unido, Alemania, Canadá y Estados Unidos–, da empleo fijo a 62 personas y factura 10 millones de euros. A estos se añade el millón de euros en ventas de la bodega Valdemar Estate que han abierto este año en EE UU, y de la que se ocupa su hermano, Jesús. Juntos dirigen el negocio familiar, después de que su padre, Jesús Martínez Bujanda, decidiera dejar las funciones ejecutivas.

¿Por qué decidieron abrir en Estados Unidos?

Queríamos hacer algo diferente. Los de Ribera del Duero van a Rioja y al revés. Buscamos alternativas porque queríamos ir a una zona que no estuviera madura. California ya está muy copada. Mi hermano estudio en Seattle y le encantó. De hecho, se ha trasladado a vivir allí. Decidimos explorar y fue amor a primera vista. Es la segunda zona vinícola de Estados Unidos, aunque fuera no es muy conocida. Tiene mucho potencial, pero todavía está en una fase incipiente. Somos la primera bodega no americana que se establece en el estado de Washington. La respuesta de todos los bodegueros de la zona ha sido increíble, nos ayudaron y presentaron a especialistas. Siempre es bueno para la zona que se instale alguien de fuera.

¿Cuesta montar una bodega en EE UU?

Es difícil porque estas a 9.000 kilómetros de distancia, a nueve horas de diferencia, y es complicado porque hemos tenido que hacer las obras. Aquí es muy difícil sobre todo la parte burocrática, y allí no es tan fácil comprar una finca que aquí si lo es. En cambio, en EE UU puedes abrir una sociedad muy fácilmente, solo necesitas una firma electrónica y una cuenta bancaria, y en dos días la has abierto.

¿Creen que pueden aportar algo al mercado vinícola americano?

Creo que la diversidad es algo bueno, y nosotros podemos aportar una forma de hacer vino y a la vez aprender mucho de otros bodegueros que están allí. Es más, hay alguna bodega que está estudiando la posibilidad de venir a España. Nosotros ahora recibimos en la bodega de La Rioja a muchos turistas que nos han conocido en Estados Unidos. También hemos montado una zona social, una taste room, a la que llevamos el picoteo español. De Covap consumimos 500 kilos de jamón y embutido, ya que allí no existe la cultura del vino y la tapa, y tiene una aceptación impresionante. 

¿Hay sitio en La Rioja para más bodegas?

El viñedo ya no crece y la plantación está bloqueada. No hay uva para más bodegas. Nosotros trabajamos con viñedo propio y hacer crecer el viñedo no es fácil. Pero siempre hay alguien que puede estar dispuesto a vender tierra. Hay sitio para más bodegas si lo que vienen es a aportar diversidad y a dar a conocer en el mundo lo que hacemos en la región.

A Vega Sicilia le costó más de una década tener bodega en esta denominación.

A bodegas como Vega Sicilia hay que ponerles un puente de plata. Aportan prestigio, singularidad y saber hacer. El problema para una bodega que quiera instalarse en La Rioja es la dificultad para tener viñedo propio. 

¿Cómo está afectando el cambio climático a la producción de vino?

Está afectando. Es una realidad. Por ejemplo, la cosecha de 2019 será un 20% menor debido a la climatología que hemos tenido, pero, por el contrario, será de bastante calidad.

¿Y esa reducción en la producción cómo afecta a la cuenta de resultados?

Si tenemos menos uva, producimos menos, y se aguanta como se puede. De todas formas, las bodegas son proyectos a medio y largo plazo, y no podemos regirnos por lo que pase un año. Hay que mirar a cinco o diez años vista. Esto ha hecho que gente de otros sectores hayan entrado en el mundo de las bodegas y se hayan ido rápido. En este negocio hay que tener pasión y paciencia. El vino bueno de nuestra bodega lo harán nuestros hijos.

¿Cómo se gestiona una empresa familiar sin trifulcas entre los parientes?

En el pasado ya vivimos eso, así que aplicamos el respeto y la comprensión, dejando claro que no todo el mundo tiene cabida en la empresa. Y solo si hay hueco y aportas algo puedes entrar. Es importante tener una buena preparación, haber trabajado fuera. Mi hermano trabajo en PwC previamente, aunque yo me incorporé directamente a la empresa. La próxima generación, si quiere entrar en la bodega, tiene que venir preparada y sobre todo con ganas de aportar algo diferente. Nosotros aportaremos la bodega de Estados Unidos.

¿En qué se diferencian de otras bodegas?

Llevamos en el ADN nuestro carácter pionero. Mi padre, ya en los años ochenta, hizo una bodega tecnológicamente avanzada. Buscamos aportar algo diferente. Fuimos los primeros en hace un vino blanco fermentado en barrica. En los ochenta apostamos por la uva garnacha, que no valía para nada, y vimos que se podía hacer un reserva con esta variedad. La graciano también la pusimos en valor, desarrollando seis clones de esta uva.

¿Por qué siendo un país productor el consumo de vino cae en España?

Hay mucho que hacer. El mercado nacional es duro, se fija sobre todo en el precio. Es más fácil vender vino fuera que en España. Tenemos que hacer una labor pedagógica, enseñar a la gente que no tiene que saber de vino para disfrutar de una botella.

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