Operar con cripto ya no es lo que era

Al contrario que en sus inicios, llenos de desconfianza y barreras técnicas, invertir en criptomonedas está hoy al alcance de cualquiera

Operar con cripto
ya no es lo que era

Las tendencias van y vienen, pero algunas cosas en nuestro mundo se mantienen y se convierten en la nueva forma de vida. Cuando internet surgió por primera vez a principios de los noventa, nadie estaba muy seguro del potencial y de cómo cambiaría permanentemente el mundo y la forma en que funciona nuestra sociedad. Hoy podríamos ver las criptodivisas de la misma manera, como un elemento desconocido en el mundo de las finanzas y el comercio, pero que tendrá un impacto duradero en el futuro debido a la expansión del blockchain y sus numerosas aplicaciones.

La era de la criptomoneda realmente se abrió en 2009 cuando bitcóin entró en juego, lo que generó la oferta y la demanda que vemos actualmente. Ahora mismo, según CoinLore, hay un total de más de 2.700 criptomonedas, que van en aumento constante desde hace una década. En un periodo de tiempo tan corto, hemos visto una verdadera avalancha de emprendedores y técnicos que han unido fuerzas para entrar en el mercado, con la esperanza de replicar el éxito del que disfrutaba bitcóin. Si bien en 2018 asistimos a una nueva recesión, fueron los años previos los que mostraron cuánto interés había surgido en el nuevo activo digital.

De 2014 a 2018, en solo cuatro años, a medida que el precio de bitcóin se disparaba a alturas increíbles, el comercio en las Bolsas también lo hizo. Chris McCann estima que durante ese periodo el intercambio de criptomonedas aumentó en 10.000 veces. La locura resultante sobre las criptodivisas, concretamente con bitcóin, llevó a la subida del precio, donde se disparó de 1.000 dólares por moneda a 14.000. Por supuesto, las valoraciones cayeron, pero el interés no lo hizo, lo que llevó a una capitalización de mercado cripto de más de 224.000 millones de dólares.

Sin embargo, hay que recordar que el interés en torno a la criptoeconomía no salió de la nada. Los medios de comunicación de masas (prensa, redes sociales e incluso la industria cinematográfica) desempeñaron papeles clave para impulsar la curiosidad y la demanda. ­BittsAnalytics ha demostrado con mucha exactitud cómo el precio de la criptomoneda está influenciado por los medios de comunicación de masas.

A finales de octubre de 2018, Bitts­Analytics señaló que justo después de que el respaldo de las redes sociales aumentara respecto a bitcóin, el precio siguió la misma tendencia alcista poco después y lo mismo sucedió cuando se produjo una depreciación en el valor de la criptomoneda. Aunque no fue el motor central que explica el colapso, el sentimiento, ciertamente, tuvo un efecto en el precio y la demanda. La prensa también jugó un papel fundamental en el aumento de la prevalencia de la criptomoneda. Fue, posiblemente, el informe de otra crisis financiera en Europa lo que llevó a muchos a apreciar la idea central que está detrás de las criptodivisas: la separación de las cripto de las grandes instituciones.

De hecho, la crisis financiera de 2012 en Chipre condujo a una propuesta del FMI en la que el Gobierno tendría que utilizar aproximadamente el 6,8% de los ahorros de los titulares de cuentas bancarias en el país para mantenerse a flote y evitar el colapso económico. Temiendo que el mismo escenario se afianzase en España, que en ese momento se estaba tambaleando por la recesión económica mundial, los españoles comenzaron a buscar oportunidades de inversión en bitcóin a través de Google.

El colapso de 2008, que generó desconfianza hacia la banca, junto con la crisis que tuvo lugar en Europa, hizo que los inversores se fijasen en un nicho que aún no estaba sujeto a los bancos: las criptomonedas y, especialmente, el bitcóin. En este punto fue cuando las criptodivisas se consolidaron. Todavía se necesitaban métodos de banca centralizada en Europa para ejecutar transacciones e intercambios simples con las monedas virtuales, se requería una transferencia del Área Única de Pagos en Euros (SEPA), además de un código especial, es decir, una serie de transacciones bastante complejas para poder comprar criptomonedas. Con este tipo de transferencias, se hizo difícil para el usuario confiar en lo que probablemente parecía ser un sistema menos seguro provocando un cierto temor, ya que no era un proceso inmediato (a menudo, la compra de criptos podía tardar hasta tres días).

En este escenario, la tecnología block­chain se presentó como la mejor solución para proporcionar transparencia, seguridad e inmediatez en todos los procesos. No obstante, faltaba la capacidad de atender a una audiencia masiva y el hashing (el codificado de datos) consumía muchas horas hasta completarse. Ahora, a medida que la demanda de criptodivisas ha aumentado, vemos empresas, como Temtum, que surgen para proporcionar velocidades y transacciones por segundo, como las que puede ofrecer, por ejemplo, Visa.

Sin embargo, la experiencia del usuario todavía no estaba en un nivel apropiado para la difusión masiva; blockchain no fue suficiente porque no había muchas aplicaciones disponibles para admitir grandes comunidades de usuarios, como se crearon en su momento para los titulares de cuentas bancarias y carteras de inversión. Los usuarios también requerían un escritorio para ejecutar transacciones, pero la nueva era de los smartphones, que comenzó en 2013, lo cambió todo. Los smartphones proporcionaron a los usuarios una alternativa más fácil para invertir y, por lo tanto, aumentó el interés en las criptomonedas.

Con una serie de aplicaciones y empresas que ofrecen servicios en Apple Store y Google Store, la oportunidad de invertir en criptomonedas está hoy al alcance de cualquiera. Junto con los grandes avances tecnológicos, ahora vemos el enorme potencial que tiene la criptoeconomía y el cielo puede ser el límite.

Ramón Ferraz es CEO de 2gether