¿Ha llegado el fin de la inversión?

La finalidad de comprar un activo de escasa o nula rentabilidad no es invertir, sino especular

¿Ha llegado el fin de la inversión?

El año 2019 está siendo un año particular. Después del susto del cuarto trimestre de 2018, nadie imaginaba que los mercados iban a generar rentabilidades tan atractivas en todas las clases de activos. Al fin y al cabo, las dudas de 2018 persisten este año (Brexit, guerra comercial, bancos centrales, macroeconomía…) y, en algunos casos, como los indicadores económicos, la situación ha empeorado. Sin embargo, las Bolsas parecen haber pasado por alto todas las alertas. Pero no nos anticipemos, los flujos han ido en la mayoría de los mercados a activos de renta fija y valores defensivos, inflando las valoraciones hasta niveles exagerados.

Hace unas décadas, en 1979, la revista Businessweek alertaba sobre la Muerte de las acciones (The death of equities). El índice S&P 500 se había revalorizado un +74% los 10 últimos años, entre 1969 y 1979, dejando un 5.7% anualizado para el inversor durante ese periodo. Los 10 años siguientes, el S&P 500 se revalorizó un 400% (17.4% anualizado), los 20 años siguientes se revalorizó un 2.326% (17.3% anualizado) y los 40 años siguientes (hasta la actualidad) se ha revalorizado un 7.890% (11.6% anualizado). Hoy sabemos que aquella portada estaba equivocada.

El pasado mes de abril la revista Businessweek volvía a generar controversia. Esta vez se cuestionaba si la inflación está muerta (Is inflation dead?). Somos conscientes de que vamos a un mundo cada vez más deflacionista lo que está empujando el mercado de renta fija provocando una burbuja en este activo sin precedentes. Creemos que carece de sentido invertir en el bono alemán a 30 años, pagando este un cupón del 0%, o en el bono austriaco a 100 años, que ofrece una rentabilidad del 0.74% a vencimiento. Tampoco consideramos una buena inversión invertir en activos de renta fija gubernamental que ofrecen rentabilidad negativa a 10 años como es el caso de Alemania, Suiza, Suecia, Holanda y Francia.

Ante esta tendencia, nos planteamos si lo que realmente ha muerto es la propia inversión. Pagar por un activo no rentable o que incluso te puede suponer una pérdida económica se aleja del objetivo principal de cualquier inversión financiera: proteger el principal y obtener un rendimiento atractivo y consistente a largo plazo.

Pero no nos engañemos, la finalidad de comprar un activo con escasa o nula rentabilidad no consiste en invertir, sino en especular, al estar comprando algo que crees que mañana venderás por encima del precio que has pagado hoy. En este sentido, creemos nos encontramos inmersos en una burbuja que, como todas, acabará pinchando.

Recordemos lo que aconteció a finales de 1999: la burbuja puntocom. Entonces fue la revista Barron’s la que cuestionaba a Warren Buffett planteándole qué problema tenía con los valores tecnológicos. A finales de la década de los 90, los famosos valores tecnológicos de la época provocaron una de las mayores burbujas de todos los tiempos, como ocurrió en España con las famosas Terra. Fueron tiempos en los que el sentido común se esfumó, dando paso a la pura especulación. En ese momento Buffett se mantuvo fiel a su estrategia y principios de inversión y, pese a ser muy cuestionado, no participó en aquella burbuja. Berkshire Hathaway (el holding de inversiones de Buffett) en 1999 tan solo se revalorizó un escaso 0,5%, frente a su índice de referencia, el S&P 500, que ganó un 21%, gracias al buen comportamiento de los valores tecnológicos. Sin embargo, cuando la cordura y el sentido común volvieron al mercado, se vio quien nadaba desnudo. Los tres años siguientes el S&P 500 acumuló una pérdida del -43.1% mientras que Buffett alcanzó una rentabilidad acumulada del +10.3%. 2019 nos recuerda mucho al periodo descrito.

Volviendo al último augurio planteado por Businessweek, creemos que todavía es pronto para saber si es o no acertado. Somos todos conscientes de que la globalización, el desarrollo tecnológico y la digitalización nos llevan a un mundo de menor inflación, un nuevo tablero de juego. Aun así, dejar de lado el sentido común a la hora de invertir nuestros ahorros, puede ser un error que nos acarree graves consecuencias.

En 2019 la burbuja no está en la tecnología, sino en unos tipos de interés inflados tras las actuaciones últimas de los Bancos Centrales que con sus políticas monetarias expansivas han distorsionado los mercados financieros. Esto es lo que a nuestro parecer ha incentivado la especulación, generalizando la creencia de que la burbuja no va a pinchar nunca. Parece que ya se nos ha olvidado el “too big to fail” (“demasiado grande para caer”) que se extendió en 2008 en plena burbuja de las subprime en EEUU y que se acabó llevando por delante a Lehman Brothers, provocando la mayor crisis financiera desde el crac del 29. Hoy en día las que parecen no tener límites son las emisiones de deuda a tipo cero o negativo.

Ya lo decía Benjamin Graham: “una operación de inversión es aquella que, tras un análisis exhaustivo, promete seguridad para el principal y un adecuado rendimiento. Las operaciones que no satisfacen estos requisitos son especulativas”. Parece que esta diferencia crucial se nos ha vuelto a olvidar…

Álvaro Jiménez es analista de RV Iberia Gesconsult