La política monetaria es poderosa, pero no puede hacerlo todo

La firmeza y el tesón serán herramientas indispensables para Lagarde si quiere despertar a una Europa acomodada por los estímulos

La decisión de la Reserva Federal de EE UU (Fed) de recortar los tipos de interés no ha sido una sorpresa, sino un gesto anticipado, esperado y recibido con satisfacción por los mercados. La oportunidad de rebajar por tercera vez el precio del dinero en una economía sólida y con la tasa de paro más baja de los últimos 50 años ha sido cuestionada desde muy distintos ámbitos, pero finalmente la Fed ha adoptado la decisión, que se justifica, entre otras razones, por la aparición de algunos signos de ralentización en la actividad. Indicadores como el PMI manufacturero, que registró una fuerte contracción en septiembre, y el del sector servicios, que se ha estabilizado en niveles bajos, han transmitido el mensaje de que la máquina estadounidense tira, pero hay que vigilarla. Para adoptar su decisión, la Fed ha tenido que barajar indicadores contradictorios, como la mejora de algunos factores de riesgo del entorno internacional; es el caso de la guerra comercial con China, que parece cercana a una tregua, o de un Brexit pactado y bastante menos virulento de lo que se pensaba.

Aunque la Reserva Federal ha recibido fuertes presiones del presidente de EE UU, que ha reclamado una y otra vez un recorte de los tipos, el organismo ha adoptado una decisión marcada por la prudencia, al señalar que su estrategia pasa por "evaluar la senda más adecuada" para los tipos de interés en lugar de defender una gestión de los tipos dirigida de forma expresa a alimentar el actual ciclo expansivo. El comunicado asegura que se seguirá monitorizando la información de que se dispone antes de tomar cualquier otra decisión.

Desde Europa, el mensaje del BCE, con la francesa Christine Lagarde ya a los mandos, es que la política monetaria constituye un instrumento poderoso para estimular la economía, pero que tiene sus límites, especialmente en un entorno de tipos negativos. Lagarde apuntó ayer directamente con nombres y apellidos a las economías con mayor margen fiscal de la eurozona –Alemania y Holanda– para pedirles que inviertan en infraestructuras, educación e innovación. No es la primera vez que hace este llamamiento, que realizó también como presidenta saliente del FMI, pero resulta significativo que lo reitere recién llegada al banco. Al igual que ocurrió con Mario Draghi, que clamó una y otra vez sobre la conveniencia de abordar reformas coyunturales y estimular el gasto público en aquellas economías que pudiesen permitírselo, la firmeza y el tesón serán herramientas indispensables para Lagarde, al menos si quiere despertar a una Europa acostumbrada a vegetar bajo las alas de la política monetaria.