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Gestión activa vs. gestión pasiva

¿Debemos elegir? Los dos estilos de gestión tienen sus pros y sus contras. La clave está en combinarlos y pensar qué nos ayuda mejor a cumplir nuestros objetivos

Gestión activa vs. gestión pasiva

En los últimos años la gestión pasiva ha ido ganando adeptos. Sus bajos costes y su capacidad de dar rentabilidad sin depender de las decisiones de un determinado gestor han hecho que el debate entre los defensores de la gestión indexada y la gestión activa esté servido.

¿Qué estilo de gestión es mejor? ¿Si quiero invertir en fondos de inversión, debería apostar por fondos cotizados o por fondos tradicionales? ¿Qué me va a dar mejores resultados? En pleno auge de la gestión pasiva, estas preguntas son cada vez más frecuentes entre los inversores, pero, la realidad es que no hay una respuesta única: los dos estilos de gestión tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Por ello, quizás sería mejor preguntarnos: ¿por qué no combino ambos estilos?

El recorrido de la gestión pasiva

Aunque la gestión pasiva se encuentra ahora mismo en plena ebullición en nuestro país, lo cierto es que en Estados Unidos se popularizó hace más de 30 décadas y no ha dejado de crecer desde entonces. De hecho, desde Morningstar señalan que el 18% de los de los activos gestionados se encuentran en ETFs -fondos cotizados- y el 37% está en fondos indexados; en cambio, en Europa, la gestión pasiva apenas representa el 14% del total de activos bajo gestión.

Con todo, la fuerte implementación que vemos al otro lado del Atlántico y las cifras a nivel mundial sugieren que el Viejo Continente seguirá los pasos de Estados Unidos. Y es que, en 2008, se gestionaban 1,35 billones de dólares de forma pasiva; ahora, la cifra se acerca a los 10 billones. Es decir, en una década la industria de la gestión pasiva se ha incrementado un 611%, mientras que el aumento de la gestión activa ha sido del 154%.En España, y según datos de Inverco, los fondos de inversión de gestión pasiva suponen el 5,56% del patrimonio invertido en fondos.

Pros y contras

Talento, experiencia y diversificación: estos son algunos de los puntos fuertes de la gestión activa. Cuando invertimos nuestro dinero en un fondo de inversión de gestión activa lo que hacemos, en realidad, es dejar nuestro dinero en manos de un gestor o un equipo de gestión que, dentro de la política de inversión del fondo, se encarga de administrar la inversión con el objetivo de maximizar la rentabilidad.

En concreto, lo que pretende la gestión activa es batir al mercado generando alfa, es decir, aportando ese valor añadido para el inversor que depende de las decisiones estratégicas y tácticas del gestor, de su experiencia y de su capacidad para analizar el entorno de mercado, las condiciones macroeconómicas, los resultados empresariales, etc. y para modificar la estrategia y diversificar por sectores, activos o áreas geográficas. Así, se dice que un gestor es bueno cuando aporta alfa porque consigue batir a su índice de referencia, logrando esa ‘rentabilidad extra’ para los inversores.

En cambio, con la gestión pasiva o indexada lo que eliminamos es, precisamente, el riesgo gestor. Al replicar un determinado índice lo que conseguimos es la misma rentabilidad de ese índice, es decir, nuestra rentabilidad depende únicamente del comportamiento del mercado y no de las decisiones que tome un equipo de gestión. Aquí podemos invertir mediante fondos indexados o mediante ETFs, que son fondos indexados que cotizan en el mercado y que operativamente funcionan de la misma forma que las acciones y que pueden replicar un índice de forma física o sintética -en la que se emplean derivados-.

Con todo, lo que hay que tener en cuenta es que toda gestión pasiva implica gestión activa. ¿El motivo? Elegir qué índice replicamos, entre la gran oferta que hay, requiere de una decisión activa previa.

La gestión pasiva, al replicar simplemente un índice, es, lógicamente, más barata. Las comisiones de los fondos de gestión activa son más altas porque pagamos ese valor añadido que nos da el gestor y que no puede hacerlo una cartera replicada: una gestión profesional que maximiza el binomio rentabilidad-riesgo y que puede anticiparse al mercado para evitar situaciones de riesgo, reduciendo o incrementado su exposición a renta variable, poniendo coberturas, etc. Es decir, cuando el gestor es bueno y aporta alfa, pagar comisiones más altas nos sale, al final, más barato porque la rentabilidad final que obtenemos es mayor.

Como todo en la vida, en la gestión de activos la perfección tampoco existe. Cuando queremos invertir en fondos de inversión nos encontramos con un amplio abanico de opciones, tanto por entidades, como por tipo de activo, estrategia, estilo de gestión, etc. El universo de opciones es enorme y seguirá incrementándose con el paso de los años, lo que nos obliga, inevitablemente, a pensar qué opción es la que más se ajusta a nuestras necesidades y a nuestro perfil como inversores.

La clave está en pensar para qué queremos invertir y cuál es nuestro horizonte temporal y tener en cuenta que la gestión activa y la gestión pasiva no son excluyentes, ambos estilos de inversión pueden convivir perfectamente y ayudarnos a alcanzar la rentabilidad final que necesitamos.

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