El gas natural y una Europa libre de CO2

Es esencial que mantengamos los precios de la energía bajos durante el proceso de descarbonización

El gas natural y una Europa libre de CO2

Si consideramos seriamente la lucha contra el cambio climático, el sistema energético europeo tendrá que estar completamente descarbonizado para 2050. ¿Cómo sería un sistema de energía completamente libre de CO2?

Dejando aparte la energía nuclear, de la que muchos países de la UE han optado por alejarse, hay básicamente dos opciones.

La primera de ellas es la electricidad renovable–eólica, fotovoltaica y algo de biomasa. Gracias a la decisión de la UE en 2009 de invertir masivamente en energías renovables, el coste de estas tecnologías se ha desplomado y cada vez son más competitivas respecto a las fuentes de energía “tradicionales”, como el carbón y el gas.

Sería tentador, por lo tanto, imaginar un futuro energético en el que utilizáramos únicamente electricidad renovable, biocombustibles y biogás. Pero inevitablemente el panorama es más complicado que eso. Los biocombustibles sólo pueden proporcionar una parte limitada de nuestras necesidades en el transporte y la electricidad de origen renovable, aunque se espera que proporcione la mayor parte de las necesidades de energía a largo plazo, no puede hacerlo todo.

Por ejemplo, la electricidad no puede suministrar de forma razonable a la industria intensiva en energía, como la del acero y o la de muchos procesos químicos, y no se espera que la tecnología de baterías llegue a ser lo suficientemente ligera y potente para ser usada en los vehículos de transporte de mercancías pesadas o para el almacenamiento de energía con carácter estacional. La electricidad utilizada para la calefacción de edificios a través de bombas de calor es eficiente a temperaturas normales, pero no cuando hace frío. Pero incluso si teóricamente pudiéramos utilizar la electricidad para todas estas necesidades, es muy cuestionable que seamos capaces de construir las líneas eléctricas adicionales que necesitaríamos para ello.

El hidrógeno, en cambio, puede utilizar las redes de gas existentes, con pequeñas adaptaciones y a un coste mucho menor comparado con la construcción de nuevas líneas de transmisión de electricidad.

Por último, es muy improbable que la producción con energía eólica y fotovoltaica sea capaz de proporcionar toda la electricidad que necesitamos de una manera efectiva en costes ya que sólo producen energía cuando el sol brilla y el viento existe. La solución más eficiente será una gran parte de la electricidad renovable complementada con la electricidad producida a partir de gas verde o bajo en carbono.

El hidrógeno puede ser producido a partir de gas natural, separándolo en hidrógeno y dióxido de carbono y almacenando el CO2, por ejemplo, en campos de gas vacíos, o solidificándolo y utilizando el grafito resultante en procesos industriales. También se puede producir con electricidad renovable, separando el agua en hidrógeno y oxígeno, aunque, al menos en la actualidad, esto parece ser una opción todavía costosa.

Es imposible predecir con certeza cuánta electricidad renovable necesitaremos en 2050, y cuánto gas verde o bajo en carbono. Pero, en cualquier caso, vamos a necesitar una gran cantidad de gas, tanto gas natural como bajo en carbono, en el periodo hasta 2050, no sólo para reemplazar la generación con carbón (el gas produce hasta un 60% menos de CO2 que el carbón al generar electricidad). Muchos observadores de la industria ven la demanda de gas estable durante al menos otros 20 años. Y está igualmente claro que necesitaremos una gran cantidad de hidrógeno en las últimas etapas de la descarbonización que provendrá, al menos en parte, del gas natural.

Nada es seguro, por supuesto, porque finalmente será la fuente de energía más barata y limpia la que deberá prevalecer; es esencial que mantengamos bajos los precios de la energía durante el proceso de descarbonización. Lo que sí está claro, sin embargo, es que, considerando la situación a día de hoy, el gas natural sigue siendo una importante parte del futuro energético de Europa y nuestras redes de gas representan un activo que debemos cuidar, ya que parece que los usaremos para las generaciones venideras.

Christopher Jones es Impulsor de la Agenda 20/20 y asesor de la Comisión Europea