El secreto del mercado laboral de EE UU

La economía sigue creando empleo diez años después de iniciada la recuperación

El secreto del mercado laboral de EE UU

Doce meses consecutivos con la tasa de paro en el 3,7% es una tendencia. Gritar “¡Recesión!”, porque el pasado agosto EEUU creó 130.000 empleos, en vez de los 150.000 que había previsto “el consenso del mercado”, es irrelevante y alarmista. En septiembre de 2018, la tasa de desempleo era del 3,7% y, un año más tarde, es la misma. ¿Ha permanecido todo igual en el mercado laboral norteamericano? No: han sucedido cosas, muchas positivas, para la economía, las empresas y los trabajadores.

Lo importante es que se ha creado mucho nuevo empleo en los últimos doce meses, aunque la tasa de desempleo permanezca igual. En los nueve primeros meses, la media fue de 199.000 empleos. En el último trimestre se han generado, de media, 156.000 nuevos puestos de trabajo. Es una buena noticia para las familias americanas que, diez años después de iniciada la recuperación, se siga creando empleo. “La economía se mueve tanto por dinero como por estado de ánimo”, escribió Richard Thaler, Nobel de Economía, en The Making of Behavioral Economics. El porcentaje de trabajadores entre 25 y 54 años, que bien trabajan, bien buscan trabajo, es del 82,6%, la más alta desde 1960. Sea por edad, ingresos, raza o sexo, los datos de empleo con positivos: decir que el hotel de Graceland (casa de Elvis Presley en Memphis, Tennessee), propiedad de Priscila Presley, emplea a afroamericanos y que la mayoría son mujeres tan solo es un ejemplo que ilustra la estadística: la tasa de paro de las mujeres afroamericanas está en su nivel más bajo, como sucede con el resto de colectivos. Exagerando, es un milagro que EEUU siga creando empleo en esa medida diez años después de iniciada la recuperación. Obviamente, hay motivos para ello: primero, el crecimiento económico, que, de septiembre de 2018 a hoy, es del 2,2% (2,9% en 2018 y 2,3% en 2019, datos anualizados). El componente más importante del impulso del PIB es el tirón del consumo de los hogares, que compensa la menor inversión empresarial derivada de la incertidumbre que genera la tensión comercial con China. En julio, el consumo (que equi vale al 70% del PIB) aumentó un 4,6%. La razón es lógica: un mayor poder adquisitivo y más renta disponible para los americanos que, por razones culturales, con una mano reciben dinero y, con la otra, lo gastan. Los salarios aumentaron en agosto el 3,6% (4,25%, dato anualizado: el crecimiento más fuerte desde mediados de 2007).

Los datos de empleo, el aumento del consumo y el mayor poder adquisitivo, junto al mayor número de horas trabajadas –síntoma de estabilidad laboral, en EEUU donde, por contraste con Europa, cuantas más horas trabajadas, mejor para el empleado, porque se traduce en mayores ingresos– llevaron a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (FED), a afirmar que “no vemos riesgos de recesión”.

Esto y que la inflación está controlada en el 1,9% (el objetivo de la FED es 2%) lleva a Powell a ser cauto con los tipos de interés, con gran enfado del presidente Trump, quien, como hemos comentado en otras ocasiones, querría bajar en septiembre los tipos a corto. Cosa distinta es que, como se han creado 20.000 empleos menos de los previstos, ese ente amorfo llamado el consenso del mercado anticipe y dé por hecho que la FED reducirá los tipos el 0,25% en su reunión de 16-17 de septiembre, como ya hizo el 31 de julio.

El dato de producción manufacturera de agosto refleja la actividad en las fábricas y supone el 11% del PIB, como parte de un sector más amplio que llega al 29% de la riqueza americana: la industria. IHS, la firma que publicó el dato, basado en encuesta –poco representativa, porque entrevista solamente a 645 empresas americanas–, afirmó ver “signos de contracción en la actividad manufacturera, en línea con lo que sucede en Reino Unido, Alemania, China y Japón, siendo el principal motivo la incertidumbre provocada por la guerra comercial con China”. Sin embargo, en agosto suele contraerse la producción manufacturera; y la guerra comercial se ha convertido en la excusa –comodín para dar razón de todos los males–. Con el dato de producción industrial, los mercados de valores bajaron el 1,1% y, al día siguiente, con el dato de paro y posible bajada de tipos, las bolsas acabaron en positivo el viernes.

Han de darse algunas condiciones para que el mercado laboral norteamericano siga siendo boyante. Las dos primeras son que haya innovadores capaces de asumir riesgos, como en el sector tecnológico y digital han demostrado Hewlett y Packard (HP), Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft), Jeff Bezos (Amazon), Larry Ellison (Oracle) o Marc Benioff (Salesforce) durante décadas. Segundo, el espíritu emprendedor americano debe estar protegido con un ordenamiento jurídico favorable y una fiscalidad que defienda tanto la justicia social como la posibilidad de que el empresario no tenga miedo a invertir, endeudarse y contratar. Estas cuestiones, en concreto el marco laboral y salarial y la fiscalidad empresarial, son objeto de debate entre los candidatos demócratas a la presidencia en 2020. Serán temas que moderados y progresistas debatirán en televisión el próximo día 12.

Y, además, hay cuatro factores adicionales y necesarios para mantener crecimiento y empleo: aumentar la productividad laboral unida a la competitividad empresarial; reducir la deuda corporativa y la deuda pública; tener en cuenta el ciclo de vida económico, financiero y empresarial; y definir el modelo de sanidad y estado del bienestar y cómo financiarlo. Los republicanos tienen clara su apuesta por el modelo privado. Hoy, los demócratas pelean entre sí sobre esta cuestión esencial, que es tan humana como económica, pues la mayor parte del presupuesto federal se destina a programas sociales. No es mera cuestión tecnocrática: lo que se dirime de verdad es el alma de América. En economía, suelen acertar quienes fían sus predicciones en tendencias, por contraste con los que apuestan por el histrionismo del devenir de cada día.

Jorge Díaz Cardiel es Socio Director Advice Strategic Consultants Autor de ‘Hillary vs Trump’, ‘Trump, año uno’, ‘Trump, año de trueno y complacencia’

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