El efecto bumerán de la guerra de divisas

El dólar, como moneda refugio, puede acabar apreciándose si aumenta la volatilidad

Traders en la Bolsa de Nueva York, esta semana.
Traders en la Bolsa de Nueva York, esta semana. AFP

No era agosto el mes más tranquilo del año, con mucha gente disfrutando de un merecido descanso? No en todos los frentes, porque desde el punto de vista económico, está siendo de todo menos tranquilo, con continuas noticias sobre la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Utilizar la palabra guerra para un conflicto comercial puede parecer exagerado, pero sirve para advertir de que se trata de algo grave que sería mejor evitar: es una situación en la que todos pierden, aunque teóricamente alguien gane.

Y a la guerra comercial, se añade ahora la guerra de divisas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insiste en que China manipula su divisa para mantenerla barata y facilitar así las exportaciones. El yuan ha sufrido una devaluación del 1,4% respecto al dólar, y ha roto la barrera psicológica de las 7 unidades por dólar, valores que no se veían desde 2009.

Un yuan más barato significa que los productos y servicios que exporta China serán también más baratos, aumentando la competitividad de sus fábricas y compensando así los aranceles que pueda establecer Estados Unidos. Esto ha desatado las iras de Donald Trump, que ha calificado a China de “manipulador de divisas”. ¿Es eso posible?

El control de tipos de cambio de las divisas es un instrumento que llevan años usando los países para estabilizar sus economías. Los que llevamos unos años en el mercado recordamos que en 1993 el ministro de Economía, Carlos Solchaga, devaluó la peseta hasta tres veces en nueve meses. Se depreció un 21%, en lo que hoy se conoce como las devaluaciones competitivas de Solchaga. Esta devaluación abarataba los productos españoles y facilitaba las exportaciones, pero al mismo tiempo encarecía las importaciones y los inversores extranjeros que habían confiado en España ahora tenían activos con un valor inferior, lo que provocó salidas de capitales.

A nivel personal no pude quejarme, porque en 1993 estaba trabajando en Estados Unidos y los dólares que gané valían un 21% más al volver a España. Pero si la devolución se hubiera producido un año antes, cuando aún estaba estudiando, le habría costado a mi familia mucho más mantenerme al tener que pagar con las pesetas que ganaban mis padres trabajando aquí.

En China, su banco central (el Banco Popular) fija el precio del yuan cada día y lo deja oscilar un 2% hacia arriba o hacia abajo. El banco central de China lo fijó en 6,9225 yuanes por dólar, y fue el mercado el que lo elevó por encima de los 7 yuanes/dólar. La reacción de Trump fue escribir un tuit pidiendo a la Reserva Federal que bajase más los tipos de interés para abaratar el dólar, pero la Fed no depende de él y puede actuar siguiendo criterios económicos y con un análisis más calmado. Y el día siguiente, con una venta de bonos realizada en Hong Kong, el yuan subió un 0,2% y recuperó en parte lo perdido.

Aunque la bajada del yuan no sea agresiva (recordemos el 21% de las devaluaciones de Solchaga) y aunque ha habido polémica sobre las cotizaciones de las divisas desde hace mucho, estas fricciones actuales son peligrosas, sobre todo en un mundo donde las principales economías no están creciendo mucho. Hasta ahora, los países se han focalizado en estimular sus economías domésticas y los bancos centrales han bajado los tipos y/o han tomado otras medidas para insertar dinero en su sistema financiero, lo que ha bajado el valor de sus monedas. Invertir en una divisa con intereses bajos es menos atractivo que en una que tenga intereses altos (esto es pura lógica económica).

Pero en esta guerra, al presidente Donald Trump le puede salir, como diríamos en términos coloquiales, el tiro por la culata. Al ser el dólar americano una moneda global refugio en períodos de inestabilidad, si continúa la escalada actual y entramos en un período de mayor volatilidad, es muy probable que desde todo el mundo se compren bonos del Tesoro americano como el activo más seguro, y esta gran entrada de flujos monetarios acabe haciendo que suba el valor del dólar frente a las otras divisas… ¡que es justo lo contrario que busca!

¿Y cuál es la situación de nuestras empresas en este entorno? Necesitarán, una vez más, capacidad de adaptación y flexibilidad. Si baja el yuan, la importación de productos de China será más económica. Si China fija barreras a la compra de determinados productos en Estados Unidos, los productores europeos pueden abrir mercado en el gigante asiático. Si Estados Unidos impone aranceles a los productos chinos, nuestra producción será más competitiva para los consumidores americanos. En la economía globalizada hay que adaptarse rápido a las nuevas circunstancias, sean las que sean, para aprovechar las oportunidades.

Sixto Rodrigo es responsable del departamento de empresas de Deutsche Bank España

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