Smartive, la empresa que predice un fallo en una turbina 90 días antes

La compañía catalana desarrolla software de diagnóstico, control y supervisión de activos renovables

Energía eólica
Un empleado monitoriza un aerogenerador de un parque eólico.

Creada en 2013, esta compañía catalana, que desarrolla software para la monitorización, prognosis y control de activos renovables, nace a raíz de la tesis doctoral de su fundador y consejero delegado, Jordi Cusidó. De un trabajo de investigación centrado en el mantenimiento predictivo de motores eléctricos y en las distintas maneras de predecir fallos en estas máquinas, que obtuvo un premio extraordinario de la Universidad Politécnica de Cataluña en 2010, cuenta.

Si bien, en principio, estudió su aplicación para los coches eléctricos, gracias a un inversor danés se dio cuenta más adelante de que se podía utilizar en el mercado eólico. “Hay una problemática en el sector [que aún ocurre]: las turbinas tienen que parar por mantenimiento y, como están en lugares remotos, los algoritmos predictivos pueden ser importantes para revertir esta situación”, le dijo en 2011.

La firma, que trabaja con Acciona, Naturgy o EDPR, acaba de aterrizar en Reino Unido y planea abrir en Hamburgo en breve

“En esa época sabía lo que era una turbina, porque soy ingeniero, pero nunca había trabajado con ellas”, confiesa. Y una vez que descubrió que la tecnología era aplicable en el área, se puso manos a la obra y diseñó su primer plan de negocios. Pero había una dificultad: “Trabajaba con máquinas de un kilovatio y las turbinas son del orden de un megavatio, es decir, mil veces más grandes”, recuerda.

Ese mismo año, en 2011, saltó a EE UU a la Universidad de Standford para aprender a desarrollar startups, con el dinero que obtuvo de un premio otorgado por la Agencia para la Competitividad de la Empresa (Accio) de la Generalitat de Cataluña, una especie de CDTI catalán. Y cuando volvió, dos años después, fundó Smartive junto a David Amorós, entonces responsable de tecnología (ya no está en la compañía), y Ramón Capella, su primer socio inversor proveniente de la industria farmacéutica (acababa de vender su empresa familiar Telstar a un grupo japonés), rememora.

Así, el primer reto de esta empresa, con 13 empleados y que espera facturar medio millón este ejercicio, fue escalar la tecnología. “Funcionaba bien en motores pequeños y tenía que escalar entonces por mil. Además, nos dimos cuenta de que las máquinas que iban a utilizar nuestro sistema eran viejas”, añade.

No fue el único escollo. “Había otra particularidad, la gente no estaba dispuesta a invertir en parques de 15 a 20 años porque su vida útil era de 20. ‘¿Vas a poner sensores? Estás loco, ni de broma me gasto ese dinero en uno que igual decomiso en dos o cinco años’, decían”, relata. Hoy esto ha cambiado, en el sector se habla ya de alargar la vida de las turbinas, pero hace seis años no era así. De ahí que tuvieron que adaptarse a esa realidad de mercado, “con sistemas que pudieran funcionar al mínimo coste de inversión”, aunque sus soluciones se pueden usar tanto en parques antiguos como nuevos.

Cómo funciona

Dos empleado analizan modelos estadísticos.
Dos empleado analizan modelos estadísticos.

“Manejamos algoritmos. Contamos con un Scada propio [uno de los software más conocidos en el área], un sistema de supervisión y control que, haciendo uso de la inteligencia artificial y el machine learning, el corazón de nuestro negocio, nos permite predecir una avería 90 días antes de que ocurra”, explica. A partir de los datos históricos que recogen de los aerogeneradores (alarmas, órdenes de trabajo...) y de modelos estadísticos, son capaces de desarrollar un algoritmo específico para cada turbina, abunda.

“Esto es importante porque su reparación implica un conjunto de operaciones (recambios, etc.), que no son evidentes, que son costosas y que suelen hacerse, por tanto, cuando el viento no sopla. Nuestro reto es darles mantenimiento cuando están rodando”, subraya.

La empresa usa algoritmos, inteligencia artificial y  aprendizaje automático en sus modelos predictivos

Las averías dependen del parque –dice–, pero entre las más frecuentes y por orden de relevancia destacan los daños en la multiplicadora, “una caja de cambios de engranaje que aumenta la velocidad del eje. Este gran componente puede pesar 10 toneladas o más y su reparación puede costar entre 80.000 y 160.000 euros según el tamaño, y cambiarla, 260.000”, precisa.

El generador, que convierte la energía mecánica en energía eléctrica; el cojinete principal, un rodamiento de estabilidad del eje; el transformador, que inyecta la energía a la red; el sistema de pitch, que regula el ángulo de las palas, y el de yaw, un mecanismo de orientación que gira el rotor de la turbina en contra del viento, son los componentes más monitorizados por este firma que trabaja con Acciona, Naturgy, Enerfin, la alemana Innogy, la portuguesa EDPR, Invermanagement y Comsa. “Estos son los principales, los que se conocen como el tren de potencia y que convierten la cinética del viento en mecánica y, de ahí, a corriente eléctrica”, agrega.

Ayudas y premios

Vista de los trabajadores en la oficina de Sabadell.
Vista de los trabajadores en la oficina de Sabadell.

Locales. La empresa catalana ha recibido ayudas del CDTI (244.782 euros), Enisa (100.000) y de Avançsa, del Institut Català de Finances (500), informan los ejecutivos de la compañía.

Europeos. También ha obtenido financiación de la aceleradora de la Comisión Europea INCENse (145.000 euros) y de los programas de aceleración europeos SME Instrument Phase 1 y 2 (50.000 y 879.000, respectivamente). Además de 975.000 euros de inversión de fondos privados, donde destaca la incubadora europea Innoenergy, que les apoyó mucho sobre todo en el inicio, resaltan.

Reconocimientos. En 2016, Smartive ganó el premio New Horizon a la pyme más innovadora de Europa.

La empresa, que gestiona 3.000 aerogeneradores equivalentes a 3 gigavatios de potencia, abrió en mayo pasado una sede en Londres y ya está en conversaciones con la escocesa Scottish And Southern Energy (SSS) para incluirla en su cartera de clientes. Y, en breve, contempla desembarcar en Hamburgo, ya que aquí se concentra la eólica y le facilita el acceso a Dinamarca, en planes. “Nuestra prioridad es el mercado de Iberia, España y Portugal; Reino Unido y Alemania, y llegar a gestionar 5.000-6.000 turbinas”, indica.

La elección de estos países se debe a que, por volumen, Alemania es el primero en eólica, con 40 gigavatios de potencia instalada –según Cusidó–; seguido de España, con 23 gigavatios, y Reino Unido, con 22 pero en alza en los últimos años. “Le pasará a España en nada, en uno o dos años ya seremos los terceros”, calcula. Además, estos parques tienen 11, 12 y 10 años de vida, respectivamente, otra oportunidad. Una vez consolidados en Europa, su intención es aterrizar en Boston, EE UU.

Entrar en la fotovoltaica, el plan de negocio futuro

Jordi Cusidó (CEO).
Jordi Cusidó (CEO).

La energía generada por el viento no es el único segmento que quiere atender la catalana Smartive. La fotovoltaica es también otra área prometedora. “Dependiendo del año, la eólica está creciendo mundialmente del orden del 6%-6,5% anual, lo que no sucede en España en nueva promoción. Pero, desde que ha disminuido el precio de las placas solares, la fotovoltaica está aumentando mucho más, a dos dígitos, y su instalación se ha simplificado”, arguye Jordi Cusidó, CEO de la firma.

Por esta razón, algunos de sus clientes están animando a esta empresa para que entre en este nicho de mercado y desarrolle soluciones predictivas específicas para la solar. “La tecnología no es la misma, hay técnicas que se pueden utilizar, desde luego lo que sí sabemos es cómo afrontar el reto”, aclara el directivo.

De momento, no hay una fecha concreta de lanzamiento, es un proyecto todavía en evaluación, aunque adelanta que ya están negociando con un par de early adopters (primeros clientes) para ponerla en marcha y compartir el riesgo. “Estamos estudiando fondos públicos, ya sea de la Comisión Europea, del CDTI u otros organismos, que es como financiamos principalmente nuestra I+D”, admite. En todo caso, Cusidó prefiere socios industriales a de capital riesgo por la complejidad del sector: “Las decisiones se toman muy lentamente y conseguir un cliente cuesta un año e incluso dos, con independencia de si la tecnología funciona”.

Este plan se enmarca en su apuesta y compromiso tanto con la innovación, las energías renovables como con el desarrollo sostenible, manifiesta.

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