Fondos para el verano: ¿son productos de temporada?

Con un horizonte a largo plazo, la evolución del mercado en esta época no debe preocupar

Fondos para el verano: ¿son productos de temporada?

Puede que las bicicletas sean para el verano y las verduras de temporada, pero los fondos de inversión no deberían.

Cada verano aparecen titulares del tipo: Fondos para pasar un buen verano o Dónde invertir para tener unas vacaciones tranquilas. Algunos medios se animan a escribir sobre productos que se puedan mantener más allá de la época estival y hablan de fondos “todo terreno”. Puede que las bicicletas sean para el verano y las verduras de temporada, pero los fondos de inversión no deberían.

Detrás de estos artículos, que seguramente se publican todos los años porque generan interés para el lector, subyace el miedo a sufrir correcciones importantes que inquieten a los inversores mientras disfrutan de sus vacaciones. Si una bajada de mercado, por fuerte que sea, puede arruinar su verano, sinceramente creo que algo anda mal: o ha asumido un riesgo mayor de lo que le permite su horizonte temporal, o no acaba de asumir que a corto plazo su inversión sufrirá correcciones, aunque nadie puede asegurarle ni cómo serán de grandes, ni cuándo van a llegar.

Las caídas de mercado no se dan con una probabilidad especialmente elevada en agosto frente a cualquier otro mes y el número de años desde que existen datos de mercados globales (suficientemente diversificados) no supone una muestra significativa para que sea una estadística fiable. Aunque así fuera y supiéramos con una probabilidad elevada que el mercado va a caer, el problema no es salirse en ese momento, sino volverá entrar.

Si tiene bien construida y diversificada su cartera y adaptada a su plazo de inversión, lo que haga en verano el mercado debería darle igual. Cualquier decisión que tome por un brusco movimiento de mercado, o por el temor a que se produzca una corrección, probablemente será un error.

En el último trimestre de 2018 hubo una caída importante, pero a mediados del pasado julio la Bolsa mundial volvía a estar en máximos históricos. Los inversores que, vencidos por el miedo, vendieron todas sus posiciones en diciembre pasado se han perdido subidas de la Bolsa superiores al 15% (la española es la excepción).

En bonos de riesgo se han obtenido rentabilidades superiores al 8%. Incluso si vendieron antes de diciembre evitando la caída pueden ver que los mercados globales ya están por encima. Tal y como muestran los flujos de dinero, estos inversores no han vuelto al mercado en el primer semestre; ahora se preguntarán: ¿espero hasta que vuelva a caer? ¿hasta qué nivel? ¿al que vendí o por debajo? ¿y si no vuelve?

No es mala estrategia equilibrar pesos en cartera entre activos de riesgo y más seguros, dentro de unos rangos definidos, pero venderlo todo sin una estrategia sistematizada suele suponer una gran presión sicológica a la hora de volver: si sube, porque piensas que no vas a comprar más caro; si baja poco, porque puede bajar más; y si cae mucho, porque puede empezar a dar mucho miedo entrar.

Los flujos de inversión muestran que, de media, los inversores entran y salen del mercado de forma bastante incorrecta. Es verdad que aciertan de vez en cuando y que cuando evitan correcciones importantes se sienten superbien, pero el problema es cuándo tienen que invertir otra vez. Una estrategia bien definida con criterios predefinidos que ayuden a controlar la emoción suele ser la mejor solución.

Alguien puede pensar que la otra solución es delegar en un gestor profesional con el mandato de estar expuesto a riesgo o no. Ya que con flexibilidad y agilidad “debería” librarnos de las caídas y entrar en el mercado en el momento oportuno. Los gestores profesionales consiguen resultados un poco mejores que los inversores particulares, pero, de media, los mixtos flexibles lo hacen también mal frente a un índice global mixto de bolsa y bonos. Subrayar que hay gestores que sí consiguen rentabilidades superiores en todo su histórico, pero no de manera constante todos los años. Si el inversor entra tras un buen periodo del gestor, en el momento en que lo hace peor que el mercado –dos años o más- suele abandonar el fondo.

Un estudio de Alphaarchitect –Even God would get fired as an active investor– muestra la diferencia de rentabilidad desde 1927 hasta 2016 de una cartera que cada cinco años hubiera comprado el 10% de los mejores valores. El resultado es que, frente a la rentabilidad media anualizada del S&P, que no llega al 10%, esta cartera hubiera obtenido casi un 30% anual. Eso sí, la cartera sufre a veces caídas mayores que las del mercado.

La consultora, en búsqueda de la perfección digna de un dios, calcula los resultados de una cartera que hubiera comprado el 10% de las mejores acciones y vendido el 10% peor, lo que la deja sin exposición a mercado, pero no con una volatilidad menor. El resultado en rentabilidad (imposible de replicar) es casi un 50% de media anual.

Sin embargo, el estudio concluye que el gestor de tan maravillosos productos hubiera sido despedido en ese periodo. La consultora, gran conocedora del comportamiento inversor, sabe que casi ninguno hubiera soportado resultados relativos tan malos como los registrados en algún momento de este plazo: en periodos de 12 meses, la cartera cae más del 20% mientras que el S&P no lo hace y además la diferencia de rentabilidad llega hasta un 50%.

Mi consejo es que establezca una estrategia acorde a sus objetivos y al plazo en que realmente vaya a necesitar el dinero de su inversión. Si cuando cae el mercado se inquieta, no mire su posición, dedíquese a disfrutar; verano de 2019 no habrá ninguno más.

Marta Díaz-Bajo es directora de Análisis de Fondos de atl Capital

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