La economía no está para unas vacaciones como las de los políticos

Una mayoría absoluta moderada sería la mejor garantía para la actividad y los administrados

La votación de repesca de la investidura del socialista Pedro Sánchez como presidente del Gobierno replicó al centímetro el resultado de la primera, porque improvisar una solución que no se ha buscado a conciencia durante los casi tres meses que median desde las elecciones no se logra en 48 horas, y menos cuando se trata de una fórmula no ensayada nunca en España, y cuando los socios que la buscan guardan entre ellos una indisimulada desconfianza histórica. El minuto a minuto del debate previo a esta segunda votación parecía indicar que el resultado podía caer de cualquier lado. Incluso el quiebro que a última hora hizo el líder de Podemos, Pablo Iglesias, desde la tribuna aceptando las propuestas de Sánchez si le añadía la minucia presupuestaria (5.600 millones al año) de las políticas activas de empleo, hizo pensar a mucha gente que existía auténtica intención en los negociadores, y que se iba a resolver en dos días lo que no se quiso afrontar en 85.

Pero no. Los parlamentarios españoles, unos de una forma más activa y otros de manera pasiva, han escenificado un ejercicio de sublimación de la irresponsabilidad, remitiéndose en un ejercicio negligente a un largo verano de hipotética reflexión y negociación o, lo que es peor, dando una patada a seguir al país para que vuelva a pasar por las urnas el 10 de noviembre, fecha para la que están automáticamente convocadas las cuartas elecciones generales en menos de cuatro años. La sospecha general es que aquí hay alguien que quiere elecciones desde que se cerraron las urnas del 28 de abril, y parece que nos llevará hasta ellas.

Pero si los políticos se toman una inmerecidas vacaciones tan dilatadas para que la asamblea de ciudadanos resuelva lo que las instituciones liberales no son capaces de resolver, hay que recordarles que el país, la sociedad y la economía no están para unas vacaciones tan largas. El PIB crece casi la mitad que hace un par de años y el empleo da ya señales muy alarmantes de flojera, de agotamiento, y ambas variables necesitan un intenso meneo reformista que las estimule para dejar de contemplar con conformismo unos datos cada vez más pobres, por muy ricos que le parezcan al Gobierno comparativamente con los de nuestros iguales.

La búsqueda de Sánchez de una alianza a su izquierda, aunque haya sido de mala gana y muy a última hora, nunca nos ha parecido una buena idea para el desempeño de la economía. Creemos que la causa merece intentar el acuerdo hacia las posiciones de centro, como ya hizo en 2016, pues una mayoría absoluta moderada sería la mejor garantía para la economía y los administrados. Hay unas largas vacaciones para intentarlo.

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