El gas, la electricidad y la cena de la CNMC

El recorte de ingresos a las distribuidoras por las redes debe ser más suave y con un horizonte temporal más amplio

El gas, la electricidad y la cena de la CNMC

Hasta la publicación de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, la economía se abordaba desde el campo de la filosofía moral, lo que hoy denominaríamos ética. Por tanto, la conducta humana, y por extensión, la del Estado, se analizaba en el marco de lo correcto o lo incorrecto, de lo bueno y lo malo. Esas eran las preguntas que se hacía el decisor, en la medida en que sabía responderlas entendía que había elegido el camino correcto. La economía pronto abandonó este análisis, no así el campo del derecho, de ahí que en ocasiones haya tanta divergencia de opiniones entre los juristas y los economistas.

Son muchas las frases de Smith que han pasado a la posteridad, y una clave de la ciencia económica: “No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”.

La CNMC, pensando en lo correcto, plantea reducir los ingresos de las distribuidoras de electricidad y gas en 5.000 millones en cinco años. La cantidad, sugieren, no es relevante, sino la consecuencia de elegir un método más justo del cálculo de remuneraciones, el denominado Weighted Average Cost of Capital o coste medio ponderado de capital. Quizás sea así, pero si este método hubiera dado una cantidad contraría, más de 5.000 millones para las energéticas, ¿se hubiera elegido igual? Lo dudo. Por tanto, sería un error centrar el análisis en el método. Un método que además homologa las redes eléctricas a las de gas, cuando es evidente que estas últimas plantean un riesgo mayor al no ser consideradas bien de primera necesidad y requerir una acción proactiva del consumidor y por lo tanto un esfuerzo de convencimiento adicional. Dicho de otro modo: una vivienda no tiene por sistema la instalación de gas natural, basta ver la mitad de España que ni siquiera cuenta con redes de gas; la luz es inherente a cualquier vivienda en nuestro país.

Pero plantear el debate en el marco de lo que deben ganar o no las energéticas por sus redes de electricidad o gas sin contar al menos con la opinión de las propias compañías no deja de ser una mera estupidez. Sí, estupidez, tal y como la define la Real Academia Española: “torpeza notable en comprender las cosas”.

¿Y porque la decisión es estúpida? Muy sencillo, porque lo relevante ha de ser que el carnicero siga proveyendo de bienes nuestra cena. Por tanto, la pregunta tendría que ser cómo retirar un exceso de remuneración, en el caso de que la hubiera, sin reducir el interés del carnicero ¿Me seguirá sirviendo si le remunero con una menor cuantía? ¿Es posible? ¿No lo es? Y todo esto analizarlo en el marco de un espacio energético abierto; ninguna compañía cotizada sale a los mercados a decir que está atada a un mercado, no, lo que afirma es que maximizará su conocimiento en beneficio de sus accionistas, y eso lo hará en la parte del mundo que considere más conveniente.

Aquí el tema central, por tanto, es seguir ampliando nuestra red, asegurar su perfecto mantenimiento y apostar por una mayor tecnificación y digitalización de las redes, en línea con lo que está sucediendo en Europa. Y en segundo lugar, y no por nada, solo porque el tema pasa por ahí, de despiste, que no sirvan estas siete circulares para alterar el debate sobre el precio de la electricidad para el usuario. E incluso ahí tenemos que hablar, y mucho, de las renovables o de la insularidad energética de España. Temas para otro largo debate. Nuestra incapacidad material para importar energía no es de recibo, esencialmente porque es la excusa perfecta para usar las menos eficientes y con ello incrementar los precios medios.

¿Qué sería lo correcto? Un aterrizaje suave en un marco temporal más amplio ¿Para qué? Para estudiar el comportamiento de los agentes y dar seguridad jurídica. Analizar la elasticidad de la inversión ante un marco gradual de nuevos escenarios de precios ¿Podemos pagarle menos al carnicero? ¿Hasta cuándo? Hasta el día que te reemplaza el chuletón gallego por una costilla de cerdo común o directamente no te provee porque no puede.

La CNMC visiona un escenario en el que plantea un recorte de un 7% para la distribución de electricidad y de un 17,8% para la distribución de gas. Difícil pensar que la cena va a seguir igual ¿Y qué es lo importante, lo que gana el carnicero, el cervecero y el panadero, o que yo tenga cena todos los días?

Alguno dirá, que se remunere lo justo, y estaría bien asumir esa máxima si alguien supiera que es lo justo. Amartya Sen, Nobel de Economía, lo reflejó de un modo muy nítido en La Justicia, al indicar que es un convenio. El precio justo es, por tanto, aquel que permite alcanzar un acuerdo social entre todos. Esa es la gran pregunta que ha de hacerse el Gobierno y también debería haberse hecho la CNMC. Lo que no puede permitirse España es más populismo. Íbamos a bajar los alquileres y han subido. Íbamos a bajar las hipotecas y han subido. Interesantes precedentes. En conclusión, si queremos cambiar algo es bueno recordar una frase de Ernest Renan, el mejor modo de no cambiar es no pensar.

Venancio Salcines es Presidente de la Escuela de Finanzas

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