Las casas en la costa como residencia y como inversión

Mientras que los precios de la vivienda principal muestra cierto agotamiento en sus avances, en la segunda parece producirse una especie de rally

Desde la irrupción lenta de la clase media en España, la segunda residencia en la costa ha constituido uno de sus más anhelados objetivos sociales, y en los primeros años del siglo XXI experimentó un crecimiento tan exuberante tanto la oferta como la demanda que terminó siendo uno de los elementos quemás contribuyó a estrangular la economía. Con menos de 18 millones de hogares, España cuenta con 26 millones de viviendas, de las que una parte muy importante son segundas residencias, ubicadas mayoritariamente en las zonas costeras, muchas de ellas dramáticamente transformadas en su fisonomía por una urbanización desaforada y sin ningún reparo medioambiental. Y también en la costa, especialmente en la mediterránea, se encuentran la mayoría de urbanizaciones sin vender, y que siguen deteriorando, además del perfil costero, los balances de la banca, algunas inmobiliarias y la propia Sareb. Pero tras diez años largos desde el estallido de la crisis, y seis de recuperación económica sostenida, el mercado se ha reactivado, y en algunos puntos muy selectos los precios de la residencia costera han vuelto a los niveles que tenían cuando estalló todo, allá por 2008.

Mientras que los precios de la vivienda principal muestra cierto agotamiento en sus avances, tras repuntes muy fuertes en las grandes ciudades, en la costa parece producirse una especie de rally por absorber los diferenciales con sus máximos históricos, que en las zonas con mayor embolsamiento de estocaje puede llegar al 40%. La residencia costera ha recuperado la condición de inversión, porque sus precios siguen teniendo recorrido, aunque como en las apuestas bursátiles, hay que hacer una selección muy estricta antes de tomar decisiones de compra. Al contrario de en la compra de acciones o deuda de empresas, las casas son un activo mucho menos líquido, y en el caso de las ubicadas en la costa, la realidad ha demostrado que tienen una sensibilidad elevada a las bajadas de cotización cuando llegan situaciones críticas, y su recuperación es siempre mucho más retrasada y lenta que en los mercados mejor ubicados. Por ello, como objetivo de inversión exclusivamente tiene más riesgos y solo es factible para horizontes muy largos.

La financiación bancaria para la adquisición sigue siendo abundante y con los mismos precios de las hipotecas para primeras viviendas, aunque los plazos de contratación son más cortos. Y la opción de alquiler gana también presencia, tanto de manera directa como a través de mediadores, sobre todo en las zonas con elevada saturación de visitantes extranjeros en las que se ha controlado la expansión inmobiliaria en el último boom.

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